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martes, 7 de abril de 2026

MONASTERIO DE BACHKOVO Y PLOVDIV

 MONASTERIO DE BACHKOVO Y PLOVDIV

A media mañana pusimos rumbo hacia Plovdiv, situada a aproximadamente una hora de Velingrad. Como nuestra idea era dedicarle el día completo a la ciudad, decidimos aprovechar el trayecto para bordearla y hacer una parada en uno de los monasterios más bonitos del país: el Monasterio de Bachkovo. También nos habría gustado visitar la Fortaleza de Asen, pero al ser lunes nos encontramos con que el acceso estaba cerrado.

A diferencia del Monasterio de Rila, donde el flujo de turistas es constante, en Bachkovo el ambiente es mucho más tranquilo. Hay menos visitantes y, en muchos casos, se trata de búlgaros que acuden por motivos religiosos más que turísticos. Como ocurre en la mayoría de monasterios del país, la entrada es gratuita, aunque algunas zonas interiores, como los museos, son de pago.

 MONASTERIO DE BACHKOVO

La historia del Monasterio de Bachkovo es especialmente interesante por la mezcla de culturas que encierra. A diferencia de otros monasterios del país, sus orígenes no son puramente búlgaros, sino georgianos. Fue fundado en 1083 por Gregorio Pakourianos, un militar del Imperio bizantino de origen georgiano, y como consecuencia de ello, durante sus primeros siglos estuvo habitado en gran parte por monjes georgianos, algo poco habitual en la región.

Durante la dominación otomana, entre los siglos XIV y XV, muchos centros religiosos desaparecieron o perdieron relevancia. 

Sin embargo, Bachkovo, al igual que el Monasterio de Rila, logró sobrevivir y mantenerse activo, desempeñando un papel fundamental en la conservación de la lengua, la religión y las tradiciones búlgaras.

A lo largo de los siglos sufrió saqueos y destrucciones que obligaron a reconstruirlo en varias ocasiones. Por eso, gran parte de lo que vemos hoy pertenece a los siglos XVII y XIX, especialmente al periodo del Renacimiento Nacional Búlgaro, una etapa de gran resurgimiento cultural y religioso. En la actualidad, sigue siendo un importante centro de peregrinación, especialmente por el icono de la Virgen María que se venera en su interior y que es considerado milagroso.

Como ya comentaba, la visita a Bachkovo no tiene nada que ver con la de Rila. Aquí el ambiente es mucho más tranquilo, lo que permite recorrer el recinto con calma y disfrutar de cada detalle. Nada más cruzar la puerta de acceso, ya se percibe ese aire espiritual, con frescos decorando buena parte de las paredes del conjunto.


El monasterio está rodeado por una muralla, y se accede a él a través de una única entrada. Adosados a estas murallas se encuentran las celdas de los monjes y otros edificios del complejo, organizados en torno a galerías con balcones de madera que dan al patio central, donde se alza la iglesia principal.

Tras pasear por el recinto y disfrutar del conjunto, lo primero que hicimos fue entrar en la iglesia principal, dedicada a la Dormición y construida a comienzos del siglo XVII. Nada más entrar, impresiona comprobar que no hay ni un solo rincón sin decorar: paredes, techos y bóvedas están completamente cubiertos de frescos que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

                   

Uno de los elementos más destacados es el iconostasio, esa impresionante pared de madera tallada que separa el espacio de los fieles del altar. En Bachkovo es especialmente elaborado, lleno de detalles y dorados, y está considerado una de las piezas más valiosas del monasterio. Pero, sin duda, el gran protagonista del templo es el icono de la Virgen de Bachkovo, considerado milagroso, que atrae cada año a numerosos fieles ortodoxos en peregrinación.

           


No dejes de fijarte también en los frescos exteriores, especialmente los del siglo XIX, donde se representan escenas del Juicio Final con un nivel de detalle sorprendente. Personalmente, llaman mucho la atención aquellos en los que aparecen ciudades como Jerusalén o Constantinopla, por la forma en la que reflejan cómo eran y cómo se organizaban en aquella época.


La visita al monasterio te llevará aproximadamente una hora, dependiendo del tiempo que dediques a cada rincón. 

Y si continúas ruta en dirección a Plovdiv, una buena parada adicional es la Fortaleza de Asen, del siglo XIV, que servía como punto estratégico para proteger las rutas comerciales hacia el este de Europa.




PLOVDIV

A apenas veinte minutos de Bachkovo se encuentra la ciudad de Plovdiv, sin duda una de las más bonitas de Bulgaria. Su historia se remonta a tiempos tracios y, a lo largo de los siglos, ha ido acumulando capas de civilización que todavía hoy se reflejan en su paisaje urbano: romanos, búlgaros y otomanos han dejado aquí su huella.

En muy pocos metros puedes pasar de un teatro romano a una mezquita otomana o a una iglesia ortodoxa, todo dentro de una misma ciudad que fue declarada Capital Europea de la Cultura en 2019.

Teatro Romano de Plovdiv

Los primeros asentamientos en la zona se remontan alrededor del 4000 a.C., cuando los tracios establecieron aquí una ciudad conocida como Eumolpia. Su ubicación, entre colinas y cerca de importantes rutas comerciales, la convirtió desde el principio en un enclave estratégico.

Siglos más tarde, en el siglo IV a.C., la ciudad fue conquistada por Filipo II de Macedonia, quien la rebautizó como Philippopolis. Sin embargo, su gran transformación llegó durante la época romana, cuando se convirtió en una ciudad clave del Imperio. En ese periodo se llenó de edificios monumentales, como teatros, foros y calles pavimentadas, viviendo una etapa de gran esplendor urbano.

Tras la caída del Imperio romano, Plovdiv pasó a formar parte de la esfera bizantina, convirtiéndose en un territorio disputado entre bizantinos y búlgaros durante siglos. Esta situación cambió con la llegada de un nuevo poder: el Imperio otomano. A partir del siglo XIV, los otomanos dominaron la ciudad, a la que llamaron Filibe, y mantuvieron su control durante casi 500 años. No fue hasta finales del siglo XIX, con el auge del nacionalismo búlgaro, cuando la ciudad pasó a integrarse en el recién formado estado búlgaro, consolidándose como uno de los grandes referentes históricos del país.

Nosotros llegamos a media mañana a Plovdiv. Por suerte, habíamos reservado hotel en pleno centro, el HillHouse Plovdiv, lo que nos permitió aparcar dentro de la ciudad antigua y movernos a pie desde el primer momento. Ten en cuenta que no se puede acceder con coche al casco histórico salvo que te alojes dentro, así que merece mucho la pena pagar un poco más por una buena ubicación.

El HillHouse Plovdiv es una opción muy recomendable: tiene una excelente relación calidad-precio, una ubicación inmejorable y un desayuno realmente completo.

QUE VER EN PLOVDIV


TEATRO ROMANO DE PLOVDIV

Nada más dejar las cosas en el hotel, nos pusimos en marcha. Queríamos aprovechar al máximo lo que quedaba de día y empezar a descubrir algunos de los monumentos más importantes de la ciudad. Nuestra primera parada fue el Teatro romano de Plovdiv, uno de los más grandes de su época en Europa del Este, con capacidad para entre 5.000 y 7.000 espectadores.

Antes de ir, conviene saber que la entrada no es gratuita: cuesta alrededor de 3 €. Si no te apasiona demasiado la historia, siempre puedes asomarte desde las rejas exteriores, desde donde se ve parcialmente. 

Aun así, personalmente recomiendo entrar. Como cualquier teatro romano que se precie, no solo tiene una enorme carga histórica, sino también unas vistas preciosas de la ciudad.

Lo curioso es que, a pesar de llevar allí casi dos mil años, el teatro no fue redescubierto hasta los años 70 del siglo XX. Durante siglos había permanecido oculto bajo escombros y derrumbes. A partir de entonces, se llevó a cabo una cuidadosa restauración que lo ha convertido en uno de los teatros romanos mejor conservados de Europa.

Hoy en día no es solo un monumento histórico: sigue vivo. Se utiliza para conciertos, óperas y todo tipo de eventos culturales, lo que le da un valor añadido difícil de encontrar en otros lugares similares.

La visita comienza por la parte superior, desde donde puedes ir descendiendo poco a poco por la cavea, es decir, las gradas. Aquí se sentaban los espectadores, organizados según su estatus social: las clases más humildes ocupaban las zonas altas, mientras que los ciudadanos más importantes se situaban cerca del escenario.

Al llegar abajo, te encontrarás frente a la scaena, el escenario donde actuaban los artistas, ligeramente elevado sobre la orchestra. A diferencia de lo que podría parecer, la orchestra no era el lugar de los músicos, sino un espacio reservado para autoridades y personajes destacados.

Detrás del escenario se alza la scaenae frons, la impresionante fachada del teatro, decorada con columnas, puertas y falsas puertas que servían como telón de fondo permanente. A ambos lados se encuentran los accesos conocidos como vomitoria —un término que aún se utiliza hoy en día en estadios—, que permitían la entrada y salida del público de forma rápida y organizada.

Un último consejo: fíjate bien en algunas piedras de las gradas. Verás grabados, como letras, que indicaban que esos asientos estaban reservados para grupos concretos, como magistrados, sacerdotes o autoridades. Un pequeño detalle que refleja a la perfección cómo hasta en el ocio los romanos mantenían un estricto orden social.



MEZQUITA DJUMAYA

Muy cerca del Teatro romano de Plovdiv y de los restos del antiguo circo romano, se encuentra uno de los últimos vestigios del paso del Imperio otomano por la ciudad: la Mezquita Djumaya. A diferencia de muchas otras mezquitas del país, esta logró mantenerse en pie tras la caída del dominio otomano, lo que la convierte en un lugar especialmente significativo.

La entrada es gratuita, aunque es importante tener en cuenta algunas normas básicas: hay que vestir de forma adecuada (evitando pantalones cortos), descalzarse antes de entrar y, en el caso de las mujeres, cubrirse la cabeza.

Pórtico de entrada a la Mezquita

El acceso se realiza a través de un pórtico que no pasa desapercibido: una estructura de madera con grandes ventanales que actúa como espacio de transición entre el bullicio de la calle y la calma del interior. 

Este lugar no es solo una entrada, sino una zona donde los fieles se preparaban para la oración, se quitaban el calzado y, en algunos casos, realizaban sus abluciones.

La mezquita fue construida en el siglo XIV, poco después de la conquista otomana de Plovdiv. Se levantó sobre el emplazamiento de una antigua iglesia cristiana, algo habitual en los primeros tiempos del dominio otomano en los Balcanes. Su nombre, “Djumaya”, hace referencia a la oración del viernes (jum’a en árabe), ya que durante siglos fue la mezquita principal de la ciudad.

          

Arquitectónicamente sigue el estilo típico otomano: una combinación de piedra y ladrillo, una gran cúpula central y altas ventanas que permiten la entrada de luz natural. En el interior, la decoración es uno de sus grandes atractivos, con motivos geométricos y florales, así como inscripciones del Corán. A pesar de las distintas restauraciones, buena parte de estos elementos decorativos se conservan desde hace siglos.

Una de las experiencias más recomendables al visitarla es detenerse en la cafetería situada junto al pórtico y tomar un café turco mientras se escucha la llamada a la oración. Es un momento sencillo, pero muy especial, que te conecta con la esencia histórica y cultural de la ciudad.


ESTADIO ROMANO TRIMONTIUM

Junto a la Mezquita Djumaya se encuentran los restos de lo que tradicionalmente se conoce como el “circo romano” de la antigua Plovdiv, cuando aún se llamaba Philippopolis. Sin embargo, el nombre puede llevar a confusión.

En realidad, no era un circo en el sentido clásico romano —donde se celebraban las famosas carreras de cuadrigas—, sino un estadio, destinado principalmente a competiciones atléticas. Aun así, el término “circo romano” se ha mantenido por costumbre.

Se llame como se llame, lo cierto es que sus dimensiones eran impresionantes: más de 200 metros de longitud y una capacidad que podía superar las 30.000 personas. Una auténtica obra de ingeniería para su época.

Lo más curioso es que sus restos están completamente integrados en la ciudad actual. No existe un recinto cerrado como tal, ya que gran parte del estadio permanece enterrado bajo edificios modernos. 



Aun así, es posible descubrir fragmentos repartidos por distintos puntos del centro: en plazas, esquinas e incluso en el interior de algunos comercios.

El tramo más llamativo se encuentra precisamente junto a la mezquita y corresponde a la sphendone, es decir, la parte curva o semicircular del estadio que cerraba uno de sus extremos. Esta zona ha sido cuidadosamente restaurada e integrada en el entorno urbano, creando un espacio muy interesante que combina historia y modernidad.

Además, aquí se ha habilitado un pequeño museo con recursos multimedia que permiten imaginar cómo era el estadio en época romana, así como una cafetería con vistas directas a los restos. Un lugar perfecto para hacer una pausa y, al mismo tiempo, viajar dos mil años atrás.




BARRIO DE KAPANA

Después de esta primera toma de contacto con Plovdiv, tocaba hacer una pausa para almorzar. Y qué mejor lugar que el barrio más moderno, alternativo y animado de la ciudad: Kapana.

Su nombre significa “trampa” en búlgaro, seguramente el nombre hace honor a su entramado de callejuelas estrechas, casi laberínticas, donde es muy fácil perderse… y precisamente ahí está parte de su encanto.

Hoy en día, Kapana es el corazón creativo de la ciudad. Está lleno de restaurantes modernos, con propuestas muy variadas, desde cocina local hasta opciones más internacionales, perfectas para cualquier tipo de viajero. 




Nosotros aprovechamos para comer aquí, concretamente en el Restaurante Saffron, rodeados de ese ambiente relajado y algo bohemio que define el barrio. 

Pero Kapana es mucho más que un buen sitio para comer o tomar algo. Sus calles están repletas de pequeñas tiendas de artesanía, diseño y souvenirs, muchas de ellas independientes, lo que le da un aire más auténtico, ya que no hay franquicias. 

Lo mejor que puedes hacer es recorrerlo sin rumbo fijo y dejarte llevar, entrando en los sitios que te llamen la atención.

Otro de los grandes atractivos del barrio es su arte urbano. Muchas de sus fachadas están decoradas con grafitis y murales que convierten cada rincón en algo diferente, llamativo. Merece la pena ir con los ojos bien abiertos, porque siempre aparece algún detalle curioso.

Como curiosidad, Kapana no siempre fue así. Durante décadas fue una zona bastante degradada, hasta que fue completamente revitalizada en los últimos años, especialmente con motivo de la capitalidad cultural de 2019. 



IGLESIA SVETA BOGORODITSA

Tras el almuerzo, la visita continúa en dirección a Nebet Tepe, la antigua fortaleza de Plovdiv. El recorrido permite, además, realizar varias paradas para descubrir iglesias y casas burguesas del siglo XIX que forman parte del patrimonio histórico de la ciudad.

Una de las primeras paradas es la Iglesia Sveta Bogoroditsa, que se traduciría como Iglesia de la Santa Madre de Dios, uno de los templos más importantes de Plovdiv. Construida en el siglo XIX, en plena época del renacimiento nacional búlgaro, la iglesia tiene un importante valor simbólico, ya que representa el resurgir cultural y religioso del país tras el dominio otomano.

Exteriormente, el edificio presenta un aspecto sobrio, con una fachada de piedra y un campanario que fue añadido posteriormente. Este hecho responde a las limitaciones impuestas durante la ocupación otomana, cuando las iglesias cristianas no podían superar en altura a las mezquitas.

El interior, sin embargo, resulta mucho más destacado. Alberga una rica decoración con iconos ortodoxos, pinturas religiosas de vivos colores y un elaborado iconostasio de madera tallada, elemento característico de este tipo de templos. 

Se trata, en conjunto, no de una visita imprescindible, pero si te coge de camino, permite comprender mejor la historia y la evolución cultural de la ciudad.


IGLESIA DE S.CONSTANTINO Y STA. HELENA

La ruta continúa en dirección a la antigua fortaleza, avanzando por la calle Saborna, en pleno casco histórico de Plovdiv. En una de sus esquinas se encuentra la Iglesia de San Constantino y Santa Elena, uno de los templos más antiguos de la ciudad.

Es un edificio que no pasa desapercibido, principalmente por su campanario blanco en forma de torre, que destaca entre las casas que lo rodean y sirve como referencia visual en esta zona del casco antiguo.

Sus orígenes se remontan al siglo IV, lo que la convierte en uno de los primeros templos cristianos de la región, construido poco después de la legalización del cristianismo en el Imperio romano. Está dedicada a Constantino I el Grande y a su madre Santa Elena, figuras clave en la expansión del cristianismo.

A lo largo de los siglos, la iglesia ha sido destruida y reconstruida en varias ocasiones, especialmente durante el periodo otomano, hasta adoptar su forma actual, que corresponde en gran medida al siglo XIX.

Como ocurre con muchas iglesias de Plovdiv, su exterior es relativamente austero. El conjunto está rodeado por un muro blanco, y el edificio principal queda algo resguardado en su interior, sin grandes elementos decorativos que llamen la atención más allá del campanario.

Sin embargo, el interior que es de entrada gratuita, ofrece un contraste notable. En él se pueden contemplar iconos, frescos de vivos colores y, como es habitual en las iglesias ortodoxas, un elaborado iconostasio de madera tallada que constituye uno de los elementos más destacados del conjunto.


PUERTA DE HISAR KAPIA Y MUSEO ETNOGRAFICO

Justo en la esquina de la iglesia, al girar a la izquierda por una calle empedrada, encontramos con la Puerta Hisar Kapia, una de las antiguas puertas medievales de Plovdiv, que en su día formaba parte del sistema defensivo y separaba la zona interior de la exterior de la ciudad.

Después de visitar la fortaleza, volveremos a esta zona para recorrer con calma algunas casas del Renacimiento búlgaro y el barrio de los artesanos. Pero por el momento, tocaba seguir subiendo.

Así que continuamos el camino en dirección a Nebet Tepe, comenzando la subida por la calle Doctor Stoyan Chomakov, una de las más características del casco antiguo, con sus adoquines y ese aire histórico que te acompaña en cada paso.


Museo Etnográfico

Uno de los edificios más bonitos que aparecen a lo largo de esta calle es el Museo Etnográfico Regional de Plovdiv, aunque en nuestro caso no fue posible visitarlo por dentro, ya que ese día se encontraba cerrado.

El museo ocupa la conocida Casa Kuyumdzhioglu, una impresionante mansión construida en 1847 por un acaudalado comerciante. Durante el Renacimiento Nacional Búlgaro, levantar este tipo de residencias era una de las formas más habituales de mostrar el poder económico y el estatus social.

Gracias a ello, hoy en día Plovdiv conserva un conjunto excepcional de casas señoriales, muchas de ellas abiertas al público. Si se dispone de tiempo, merece la pena visitar al menos alguna de ellas para entender mejor cómo vivía la burguesía de la época.


NEBET TEPE

Nebet Tepe es una de las colinas sobre las que se asentó la antigua ciudad. Su nombre significa “colina de vigilancia”, ya que tepe significa colina y nebet, vigilancia.

Nebet Tepe

Sobre este enclave se sucedieron distintas civilizaciones a lo largo del tiempo: tracios, romanos, búlgaros y otomanos. Los restos arqueológicos hallados en la zona se remontan a más de 4.000 años de antigüedad, lo que confirma su importancia como uno de los núcleos más antiguos de ocupación de la región.

Aunque en la actualidad los restos visibles son limitados, el verdadero valor de Nebet Tepe es su significado histórico, ya que se considera el origen del asentamiento de la ciudad de Plovdiv. Lo más destacado son los restos de las murallas, que reflejan la superposición de distintas épocas: la base es de origen tracio, los refuerzos corresponden a la etapa romana, mientras que las reconstrucciones y adaptaciones pertenecen a periodos bizantino y otomano.

Otro elemento clave para la defensa del enclave era su sistema de almacenamiento de agua, con grandes cisternas excavadas en la roca y canales destinados a recoger el agua de lluvia. Este sistema permitía a la fortaleza resistir largos asedios.


En la actualidad, el acceso es libre y el espacio se utiliza más como parque al aire libre que como yacimiento arqueológico en sentido estricto. Más que recorrer sus restos, lo más recomendable es pasear por la colina y disfrutar de las vistas panorámicas de la ciudad, que resultan especialmente destacables al atardecer.

Tras dar un paseo por la antigua fortaleza, volvemos sobre nuestros pasos y justo a pocos metros de la iglesia de Constantino y Helena, podemos ver un claro ejemplo de las casas burguesas construidas en la segunda mitad del siglo XIX durante el despertar búlgaro.

Las dos primeras que encontramos están situadas a pocos metros de la iglesia, tomando la calle "Chetvarti Yanuari" , que significa en castellano, "4 de Enero", y es que el 4 de enero de 1878  es una fecha simbólica porque está relacionada con la liberación de Plovdiv del dominio otomano durante la Guerra Ruso-Turca (1877–1878).

Pues bien, al final de esa calle podrás ver dos de las casas antes comentadas, la Casa Balabanov y la Casa Hindliyan.

CASA BALABANOV Y CASA HINDLIYAN

La Casa Balabanov fue construida en el siglo XIX por la familia Hadzhidimitar (Hadji Dimitriev), una familia de comerciantes bastante acomodada de Plovdiv en plena época del Renacimiento Nacional Búlgaro. Con el tiempo, la casa cambió de propietarios y acabó tomando el nombre de “Balabanov” por uno de sus dueños posteriores más conocidos, el comerciante y mecenas Dimitar Balabanov, que vivió allí entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Casa Balabanov

Es una casa típica de la burguesía de la época, con habitaciones amplias, techos altos, grandes ventanales y mucha madera tallada en la decoración. Estaba pensada no solo como vivienda, sino también como lugar para reuniones sociales y actividades comerciales, algo muy habitual en este tipo de mansiones.

A lo largo de los años ha tenido distintos usos, pero tras su última gran restauración a finales del siglo XX, se ha convertido principalmente en un espacio para exposiciones y eventos culturales.

Casa Hindliyan

La otra casa, que se encuentra justo al lado, la casa Hindliyan, fue construida también en el siglo XIX, en este caso por la familia de Stepán Hindliyan, un rico comerciante armenio dedicado al comercio internacional de seda y bienes de lujo.  A diferencia de otras casas del casco antiguo, la Casa Hindliyan está especialmente pensada para el confort y la representación social, con estancias decoradas con frescos en los techos que asombraban a sus invitados. La sala más famosa es la  llamada “habitación del mapa”, donde se conserva una pintura mural con un mapa del mundo conocido en el siglo XIX.  Ha sido restaurada en varias ocasiones, y hoy en día forma parte del conjunto de casas-museo del casco antiguo. La entrada cuesta unos 3 euros, aunque puedes sacar entradas que combinan varias casas museos.

CASA DIMITAR GEORDIADI Y CASA NEDKOVICH

Si vuelves sobre tus propios pasos y cruzas la Hisar Kapia Gate, encontrarás otras dos casas singulares, también del siglo XIX: la Casa de Dimitar Georgiadi y la Casa Nedkovich.

La primera fue construida entre 1846 y 1848 por el comerciante Georgi Kendindenoglu, quien posteriormente la entregó como dote a su hija tras su matrimonio con el rico comerciante griego Dimitar Georgiadi, de quien finalmente toma su nombre. Se trata de una de las casas más grandes del casco antiguo, con amplios salones y estancias ricamente decoradas. Todo en ella estaba pensado para impresionar a las visitas, reflejando una época en la que la vida social y los negocios iban estrechamente ligados.

Casa de Dimitar Georgiadi

En la actualidad, la casa alberga una de las exposiciones del Museo Regional de Historia, centrada en el periodo otomano y el Renacimiento búlgaro. La entrada es bastante asequible, en torno a los 2 euros, así que si vas con tiempo, es una opción a contemplar.

La otra casa es la Casa Nedkovich, construida hacia 1863 por el comerciante Dimitar Nedkovich, una figura destacada de Plovdiv. Como muchas residencias de la época, no era solo una vivienda familiar, sino también un espacio donde se desarrollaban relaciones sociales y comerciales.

Casa Nedkovich

A diferencia de otras casas-museo más centradas en recrear la vida doméstica, la Casa Nedkovich alberga exposiciones relacionadas con la historia de la ciudad, lo que la convierte en una visita especialmente interesante para quienes quieran profundizar en el pasado de Plovdiv.

BARRIO DE LOS ARTESANOS

Barrio de los Artesanos

Seguimos descendiendo por las calles empedradas hasta adentrarnos en el llamado barrio de los artesanos, una zona formada por estrechas calles peatonales donde todavía se conserva el ambiente de los antiguos oficios tradicionales de Plovdiv.

En esta parte del casco antiguo, muchas de las casas están ocupadas por pequeños talleres y tiendas de artesanía, manteniendo una tradición que se remonta al siglo XIX, cuando la ciudad era un importante centro comercial de la región.



Si  realizas el recorrido como nosotros, desde la Hisar Kapia Gate hacia la zona baja del ayuntamiento, atravesaras estas callejuelas donde aún es fácil imaginar cómo se organizaba la vida en aquella época: los talleres ocupaban la planta baja, mientras que las viviendas se situaban en los pisos superiores.


Aunque pueda parecer que Plovdiv es solo historia, nada más lejos de la realidad. Continuamos el paseo hacia la zona del Ayuntamiento, situada al sur del Teatro romano de Plovdiv y del antiguo estadio romano.


Es aquí donde se concentra una de las áreas más animadas de la ciudad, llena de comercios, cafeterías y restaurantes.

En esta zona, uno de los aspectos que más llama la atención es el arte urbano. Muy cerca del Ayuntamiento aparecen varias calles decoradas con murales, algunos realmente sorprendentes. Merece la pena dedicar un rato a pasear sin rumbo y descubrirlos, porque cada rincón tiene algo diferente.

Ayuntamiento

Otro punto curioso es la calle peatonal Knyaz Alexander I, donde se encuentra una llamativa escalera de colores que se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados. Allí también se puede ver la estatua de Estatua de Milyo, uno de los personajes más populares de la ciudad.

Milyo fue una persona real que vivió en Plovdiv durante el siglo XX y que solía pasear por esta misma calle. Era conocido por su carácter excéntrico, lo que en muchos lugares se describiría como “el loco del pueblo”, aunque quienes lo conocieron aseguraban que hablaba varios idiomas y que estaba al tanto de todo lo que ocurría en la ciudad. Hoy, su figura se recuerda con cariño a través de esta estatua, donde aparece sentado, con una sonrisa pícara y una actitud despreocupada.


Con motivo de la capitalidad cultural en 2019, esta zona fue completamente renovada, ganando aún más vida y convirtiéndose en uno de los espacios más dinámicos de la ciudad.


Y así termina el recorrido por Plovdiv. Aunque no hubo tiempo para visitar el interior de todas las casas museo, la ciudad deja una impresión muy completa: historia, arte y un ambiente animado que la convierten en una parada imprescindible en cualquier viaje por Bulgaria.