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miércoles, 4 de febrero de 2026

HANOI: TEATRO DE MARIONETAS, MAUSOLEO HO CHI MIHN, PALACIO PRESIDENCIAL, PAGODA DEL PILAR UNICO, TEMPLO DE QUAN THANH Y PAGODA DE TRAN QUOC

HANOI: TEATRO DE MARIONETAS, MAUSOLEO HO CHI MIHN,  PALACIO PRESIDENCIAL, PAGODA DEL PILAR UNICO, TEMPLO DE QUAN THANH Y PAGODA DE TRAN QUOC

Regresamos de la bahía de Ha Long a mediodía y todavía nos quedaba por delante más de un día y medio para seguir descubriendo Hanoi. Esa misma tarde ya teníamos plan: habíamos comprado entradas para el teatro de marionetas de agua, uno de los espectáculos más tradicionales y singulares de Vietnam, y algo que difícilmente se puede ver en otros lugares del mundo.

Mercado de Dong Xuan

De camino al teatro pasamos por el mercado de Dong Xuan, el más famoso de Hanoi, que, sinceramente, nos decepcionó un poco. Nos pareció mucho menos animado que el de Saigón y con una oferta bastante más limitada. De hecho, si lo que buscas es comprar réplicas de ropa, zapatillas o mochilas, encontrarás mucha más variedad paseando por las calles del casco antiguo que dentro del propio mercado.

Y es que lo realmente fascinante de Hanoi no es un lugar concreto, sino el trayecto en sí. Caminar por la ciudad es toda una experiencia: tiendas impensables en cualquier ciudad europea, gente comiendo a cualquier hora sentada en pequeños taburetes de plástico sobre la acera, cocinas improvisadas… Hanoi es caótica, intensa y tremendamente auténtica.

Justo antes de llegar al teatro pasamos por delante del edificio Hàm Cá Mập, conocido como el Edificio Mandíbula de Tiburón. Tuvimos la suerte —o la casualidad— de verlo apenas unas semanas antes de que fuera demolido. Hoy en su lugar solo queda un solar. El motivo fue reorganizar urbanísticamente la zona y aliviar el tráfico, pero la verdad es que da pena: estaba lleno de cafeterías con terrazas y tenía un ambientazo increíble, sobre todo por la noche.

TEATRO DE MARIONETAS

A la vuelta de la esquina ya se encuentra el Teatro de Marionetas de Agua Thang Long, en el número 57B Đinh Tiên Hoàng, muy cerca del lago Hoan Kiem y justo enfrente del icónico Templo Ngoc Son. Conviene comprar las entradas con antelación, porque si vas el mismo día es fácil que estén agotadas. Los precios suelen oscilar entre 100.000 y 200.000 VND, según la fila que elijas, y los horarios varían, así que mejor revisarlo antes en la web oficial.

El arte de las marionetas de agua se remonta al siglo XI, en las aldeas del delta del río Rojo. Durante la época de inundaciones, los campesinos aprovechaban los arrozales anegados como escenario para representar historias populares y entretenerse, dando origen a esta tradición tan peculiar.

Las marionetas parecen flotar sobre el agua y representan escenas de la vida rural vietnamita, fiestas populares, leyendas, batallas y ceremonias. Aunque todo el espectáculo es en vietnamita, no hace falta entender el idioma para captar la esencia: tradición, espiritualidad y mucha cultura condensadas en una hora.


El espectáculo dura aproximadamente una hora y, al salir, te encuentras de lleno en el casco antiguo de Hanoi, con un bullicio y una animación espectaculares. 




Decenas de restaurantes, bares y terrazas hacen de esta zona un lugar perfecto para terminar el día cenando y empapándote del ritmo de la ciudad.



El día siguiente será nuestro ultimo día en Hanoi y en Vietnam, y aún teníamos cosas que ver durante la mañana, pues por la tarde queríamos aprovechar para hacer las últimas compras.  Empezamos bien pronto por la mañana, y después de desayunar nos ponemos rumbo al Mausoleo de Ho Chi Minh

MAUSOLEO DE HO CHI MINH

Ponemos rumbo al Mausoleo de Ho Chi Minh, donde se conserva el cuerpo del líder al que se le atribuye la consecución de la independencia de Vietnam frente a Francia. Ho Chi Minh es conocido por los propios vietnamitas como el “Tío Ho”, y no es raro encontrarse en los alrededores con grupos de escolares cantando canciones dedicadas a su figura. Este apodo no es casual: fue el propio Ho Chi Minh quien cultivó deliberadamente la imagen de un anciano cercano y afable, casi paternal, con el objetivo de ganarse el cariño y la confianza del pueblo. Un cálculo político que, visto con perspectiva, le funcionó a la perfección y lo consolidó como líder indiscutible del país.

El mausoleo se encuentra en la plaza Ba Dinh, el mismo lugar donde en 1945 Ho Chi Minh proclamó oficialmente la independencia de Vietnam. El edificio es sobrio y monumental, construido en granito gris y mármol, y transmite una sensación de solemnidad desde el primer momento. En su interior se conserva el cuerpo embalsamado de Ho Chi Minh. Aunque antes de morir había expresado su deseo de ser incinerado, el gobierno decidió preservarlo como símbolo de unidad nacional.

La visita se realiza bajo normas muy estrictas: no se pueden hacer fotos, hay que mantener silencio y seguir cuidadosamente las indicaciones del personal. 

En los alrededores, además de turistas, es habitual ver numerosos grupos de escolares. Más allá de su evidente valor histórico y simbólico, la visita también refleja la importancia que el Estado concede a la figura de Ho Chi Minh dentro de la educación y la identidad nacional. Al final, por mucho que Vietnam enamore al viajero, no deja de ser una república comunista de partido único, y este tipo de lugares ayudan a entender mejor cómo se construye su relato histórico.

Muy cerca a escasos metros, puedes visitar el Palacio Presidencial y la zona donde residió en sus últimos años Ho Chi Minh

PALACIO  PRESIDENCIAL
Palacio Presidencial

El Palacio Presidencial se encuentra muy cerca del Mausoleo de Ho Chi Minh; en apenas un par de minutos caminando llegarás a la entrada. Para acceder al recinto es necesario pagar una entrada de 40.000 VND.

La visita se divide en varias partes. La primera es el propio Palacio Presidencial, que, aunque no se puede visitar por dentro, sí se puede admirar desde el exterior y fotografiar. El edificio fue construido durante la época colonial francesa, a comienzos del siglo XX, y destaca por su fachada de color amarillo, sus líneas elegantes y sus grandes ventanales. Actualmente se utiliza para actos oficiales y ceremoniales. De hecho, cuando lo visitamos nosotros, coincidimos con la llegada de una delegación extranjera, por lo que había guardia de honor y todo un despliegue protocolario que le daba aún más solemnidad al lugar.


Siguiendo el recorrido y paseando entre los jardines, se llega a una casa-museo donde se exponen distintos objetos relacionados con Ho Chi Minh, entre ellos algunos de los coches oficiales que utilizó y que todavía se conservan. Aun así, el punto más interesante de la visita es, sin duda, la Casa sobre Pilotes.

Esta sencilla construcción de madera, elevada sobre pilotes del mismo material, fue la vivienda y lugar de trabajo de Ho Chi Minh entre 1958 y 1969. Representa perfectamente la imagen que quiso transmitir como “Tío Ho”: la de un líder cercano, humilde y austero, entregado por completo a su país. La casa es muy pequeña, apenas tres o cuatro estancias, y durante el recorrido se pueden ver muebles originales, su escritorio y algunos objetos personales, lo que hace la visita especialmente interesante y cercana.

Una vez finalizada la visita, desde la salida puedes dirigirte fácilmente al Templo del Pilar Único, cuya entrada se encuentra justo al otro lado del Mausoleo de Ho Chi Minh.


LA PAGODA DEL PILAR UNICO

El Templo del Pilar Único es uno de los monumentos más fotografiados de Hanói. En realidad no es un templo grande ni especialmente majestuoso, pero su singularidad —una pequeña pagoda de madera sostenida por un único pilar de piedra en medio de un estanque— lo ha convertido en algo muy especial, en todo un icono tanto de la ciudad como de Vietnam.

La entrada es gratuita y suele haber bastante ambiente, con locales y turistas moviéndose constantemente por los alrededores, así que no tiene pérdida. El templo fue construido en el año 1049, durante la dinastía Lý, por orden del emperador Lý Thái Tông. Cuenta la leyenda que el emperador soñó con la diosa de la misericordia Quan Âm, sentada sobre una flor de loto y entregándole un hijo. Poco tiempo después, al conseguir descendencia, mandó levantar este templo como muestra de gratitud.

Toda la estructura simboliza esa visión: el pilar único representa el tallo de la flor, el estanque el agua, y la pequeña pagoda la flor de loto emergiendo, un símbolo muy importante en el budismo, asociado a la pureza y la iluminación.

En el interior de la pagoda hay un pequeño altar dedicado a Quan Âm, y es habitual ver a muchos locales haciendo cola para dejar ofrendas y rezar. En la parte posterior del recinto se encuentra otra pagoda con distintos altares dedicados a dioses y ancestros. Allí nos encontramos con vietnamitas cantando y rezando, leyendo antiguos textos que, aunque incomprensibles para nosotros, aportan al lugar una atmósfera muy auténtica y espiritual.


          

TEMPLO DE QUAN THANH

Después de visitar el Templo del Pilar Único, nos dirigimos a uno de los templos más simbólicos y antiguos de Hanói: el Templo de Quán Thánh. Fue construido por primera vez en el siglo XI y, aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones a lo largo de los siglos, mantiene intacta su importancia histórica. Al igual que el Templo del Pilar Único, fue erigido durante la dinastía Lý, cuando Hanói se consolidó como capital imperial.


Templo de Quan Thanh

El templo está dedicado a Trấn Vũ, una deidad protectora asociada al norte, al agua y a la fuerza espiritual. 
Su función principal era proteger la ciudad de los malos espíritus y de los desastres naturales, especialmente de las inundaciones, tan frecuentes en esta zona durante la época del monzón.

La entrada es de pago, pero muy asequible, alrededor de 20.000 VND. Nada más cruzar el umbral, se respira una calma sorprendente, casi chocante si tenemos en cuenta que a solo unos metros reina el caos del tráfico y el ruido constante de la ciudad. En su interior encontrarás primero un patio cuadrangular con árboles centenarios y, al fondo, el edificio principal que alberga la impresionante figura de Trấn Vũ.

La estatua, realizada en bronce en el siglo XVII, es una de las más importantes de Vietnam: mide más de cuatro metros de altura y pesa más de cuatro toneladas, lo que la convierte en una auténtica obra maestra de la escultura tradicional.

        

Merece la pena recorrer el templo con calma, observar a los fieles realizando ofrendas de todo tipo y dejarse llevar por el intenso olor a incienso que impregna los altares. Es un lugar perfecto para hacer una pausa y conectar con la parte más espiritual de Hanói.

PAGODA DE TRAN QUOC

Al salir del Templo de Quán Thánh, y cruzando el río, se llega al lago Trúc Bạch, también conocido como el Lago del Oeste. Para ello hay que atravesar un puente que ya de por sí es toda una experiencia: cruzar de una acera a la otra es casi un deporte de riesgo, con motos y coches pasando sin parar. A ambos lados de este endemoniado puente se alzan dos templos, siendo el más conocido, sin duda, la Pagoda Trấn Quốc.

Pagoda de Quan Thanh

Su nombre viene a significar algo así como “la que protege a la nación”, y destaca especialmente por su gran estupa de más de once plantas, que se eleva elegante junto al agua. Nosotros no pudimos entrar porque tiene un horario bastante limitado —cierra a media mañana y no vuelve a abrir hasta por la tarde—, pero aun así mereció la pena acercarse para hacer fotos. El entorno es espectacular: agua por ambos lados, árboles centenarios y una calma sorprendente que contrasta de lleno con el caos del tráfico de Hanói.

La pagoda fue fundada en el siglo VI, durante el reinado del emperador Lý Nam Đế, lo que la convierte en uno de los templos más antiguos de Vietnam. A lo largo de los siglos fue trasladada y reconstruida en varias ocasiones, ya que la erosión del río ponía en peligro su ubicación original. Cuando el terreno corría riesgo de desaparecer, el templo se desmontaba y se levantaba de nuevo en un lugar más seguro.

Justo al otro lado del puente —tras volver a jugarte la vida— se encuentra un pequeño templo conocido como el Templo de Thủy Trung Tiên, cuyo nombre puede traducirse como “Templo del Inmortal del Agua”. No es casualidad: está dedicado a espíritus y deidades vinculadas al agua, un elemento fundamental en la vida tradicional vietnamita. Ríos, lagos y arrozales han sido siempre fuente de alimento, pero también de peligro, especialmente durante las inundaciones, por lo que rendir culto a estas deidades era una forma de pedir protección y buenas cosechas.

Templo de Thủy Trung Tiên

El templo es pequeño y sencillo, nada que ver con los grandes complejos que habíamos visitado antes, pero transmite una tranquilidad especial. Su ubicación, justo a orillas del lago, le da un aire nostálgico y muy auténtico.

Aunque esta zona queda algo alejada del centro, el desplazamiento merece mucho la pena. Por el camino ves escenas que se te quedan grabadas, como un joven pescando con un simple sedal enrollado en su propio brazo, sacando peces de un lago cuya suciedad era más que evidente. 

Pensar que esos peces acabarían en algún plato… daba, cuanto menos, para reflexionar.



El resto de la tarde lo dedicamos simplemente a pasear sin rumbo por Hanói y a hacer las últimas compras, sabiendo que al día siguiente tocaba volar de regreso a España.

Vietnam deja en la memoria imágenes irrepetibles: costumbres tan distintas a las nuestras que te rompen por completo los esquemas, escenas cotidianas que no se olvidan y una forma de vivir mucho más sencilla. Gente humilde y amable, buscándose la vida cada día, casi siempre con una sonrisa a pesar de las dificultades o las carencias.

Al final, Vietnam te recuerda algo esencial, y es que allí se cumple al pie de la letra ese refrán tan cierto: no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.






















































jueves, 29 de enero de 2026

HANOI: Templo Ngoc Son y Hoan Kiem Lake, Catedral de San Jose, Prision de Hoa Lo, Templo de la Sabiduría, Ciudad imperial de Thang Long y Calle del Tren

Hanói: templos, historia y caos organizado

Hanói, la capital de Vietnam, es una ciudad intensa, caótica y fascinante a partes iguales. En ella conviven templos milenarios, lagos tranquilos, vestigios coloniales y una vida callejera que no descansa nunca. 

Llegamos a Hanói en tren desde Sapa alrededor de las 8 de la mañana. El viaje, aunque tengas reservado un camarote privado, se hace algo pesado, ya que no suele ser fácil dormir bien. El motivo principal es el estado de las vías en Vietnam: los trenes son antiguos y, aunque los compartimentos estén razonablemente arreglados, circulan por infraestructuras muy viejas. El resultado son constantes vaivenes, golpes y ruidos que dificultan el descanso. Aun así, cuando estás de viaje, todo se sobrelleva mejor.

Al llegar a la estación, nos encontramos con numerosos taxis esperando, algo lógico teniendo en cuenta que no llegan demasiados trenes al día. Aprovechamos para desayunar en una cafetería situada justo enfrente de la estación y, después, pedimos un Grab, que llegó en pocos minutos y nos dejó en el hotel sin complicaciones.

Nos alojamos en el Grande Collection Hotel & Spa, muy céntrico y con una excelente relación calidad-precio. El personal, como suele ser habitual en Vietnam, fue encantador: amable, sonriente y siempre dispuesto a ayudarte. Nuestra idea era pasar tres días en Hanói: el primero completo en la ciudad y el segundo y tercero tras nuestra excursión a la Bahía de Ha Long.

Como no podíamos hacer el check-in hasta el mediodía, dejamos las maletas en el lobby y salimos directamente a recorrer la ciudad para aprovechar al máximo el día.

En esta primera toma de contacto recorrimos algunos de sus lugares más emblemáticos: el Templo Ngoc Son y el lago Hoan Kiem, la Catedral de San José, la Prisión de Hoa Lo, el Templo de la Literatura, la Ciudad Imperial de Thang Long y la famosa Calle del Tren.

Lo primero que nos llamó la atención fue el caos constante de las calles de Hanói: vías estrechas, miles de motos, peatones cruzando en todas direcciones y un ruido permanente. A diferencia de Saigón, donde las avenidas son más amplias, aquí la sensación de desorden es aún mayor. Cada esquina es una escena diferente: gente cocinando y comiendo en los bordillos, vendedores ambulantes, personas durmiendo encima de una moto… Vietnam no deja de sorprenderte ni un solo segundo.

Y ahora sí, toca responder a la gran pregunta:


¿Qué ver en Hanói?


Templo Ngoc Son y lago Hoan Kiem

Esta fue nuestra primera visita en Hanói y uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. El Templo Ngoc Son, situado sobre la Isla del Jade (Ngọc), se alza en medio del lago Hoan Kiem, un espacio muy querido por los habitantes de la capital. Para acceder al templo hay que cruzar el famoso puente rojo Thê Húc, cuyo nombre significa “puente del sol naciente”, una de las imágenes más reconocibles de Hanói.

El templo fue construido en el siglo XIX, durante la dinastía Nguyễn, sobre restos de edificaciones anteriores. Aunque suele describirse como un templo budista, en realidad rinde culto a figuras del budismo, el confucianismo y el taoísmo, reflejando la convivencia de distintas tradiciones religiosas en Vietnam.

El lago Hoan Kiem está profundamente ligado a una de las leyendas más famosas del país. Cuenta la historia que el emperador Lê Lợi recibió una espada mágica de un dios dragón para expulsar a los invasores chinos. Tras lograr la victoria, una tortuga gigante emergió del lago y reclamó la espada, devolviéndola al mundo divino. De ahí proviene el nombre Hoàn Kiếm, que significa “lago de la espada devuelta”. Dentro del templo se conservan incluso varios ejemplares disecados de tortugas gigantes, como forma de reforzar y mantener viva la leyenda.


Torre de la Tortuga
Cuando dejamos el templo, que se visita rápido, no mas de media hora, bordeamos el famoso lago, donde se alza la Torre de la Tortuga ,otro de los iconos de la ciudad. Esta torre está también relacionada con la leyenda que antes conté del lago, simbolizando esa conexión entre el lago, la tortuga sagrada y la protección divina de Vietnam.


La Catedral de San José

A unos diez minutos a pie del lago Hoàn Kiếm se encuentra otro de los lugares más fotografiados de Vietnam: la Catedral de San José, el principal templo católico de Hanói y uno de los mejores ejemplos del legado cultural del dominio francés en el país.

La catedral comenzó a construirse a finales del siglo XIX, siguiendo un marcado estilo neogótico e inspirándose claramente en la Catedral de Notre Dame de París. Destacan sus dos imponentes torres gemelas, que superan los 30 metros de altura, los grandes ventanales, los arcos apuntados y una fachada de piedra oscura que, con el paso del tiempo, ha adquirido un aspecto envejecido y muy fotogénico.

No pudimos visitar su interior, ya que entrar en iglesias católicas en Vietnam nos resultó bastante complicado. De hecho, ni en Saigón ni en Hanói conseguimos acceder a ninguna. Aun así, aprovechamos para pasear tranquilamente por la plaza situada frente a la catedral, un espacio siempre animado y con mucho ambiente local.

En una de las esquinas de la plaza se encuentra uno de los mejores bánh mì que probamos en Vietnam, el famoso Bánh mì Mama. Es fácil reconocer el lugar por la larga cola, tanto de turistas como de vietnamitas, pero te aseguramos que la espera merece totalmente la pena.

La Catedral de San José no es solo un punto de interés arquitectónico y religioso, sino también un símbolo del pasado colonial de Hanói y un lugar de encuentro muy vivo que refleja a la perfección el contraste cultural de la ciudad.

Prisión de Hoa Lo

Desde la Catedral de San José nos dirigimos a otro de los puntos más impactantes de Hanói: la Prisión de Hoa Lo. Este antiguo centro penitenciario es conocido por los estadounidenses como el “Hanoi Hilton”, un apodo irónico que hace referencia a las supuestas “comodidades” de las que disfrutaron algunos prisioneros americanos durante la Guerra de Vietnam.

Hoy en día, la Prisión de Hoa Lo funciona como museo, aunque el discurso expositivo se centra mucho más en las penalidades sufridas por los patriotas vietnamitas que lucharon contra el dominio colonial francés que en los prisioneros estadounidenses. Al fin y al cabo, como suele decirse, la historia la escriben los vencedores, y las referencias a la estancia de los soldados americanos se presentan como correctas y casi amables, en claro contraste con el trato recibido por los vietnamitas durante la época colonial.

La prisión se encuentra muy cerca del lago Hoàn Kiếm y del resto de atracciones del casco histórico, aunque conviene fijarse bien, ya que su fachada puede pasar desapercibida a pesar de los altos muros que la rodean. El precio de la entrada es de 50.000 VND y el horario de visita es de 9:00 a 17:00 horas.

Una vez pagada la entrada, se accede a una serie de estrechos corredores donde se explica el contexto histórico en el que se creó la Prisión de Hoa Lo, durante la lucha por la independencia frente a Francia. También se detalla su tamaño original y cómo gran parte del complejo fue demolido para liberar terreno para la expansión de la ciudad, conservándose solo una pequeña parte del conjunto original.


Estos corredores desembocan en la primera de las salas: las celdas colectivas. En ella se ha recreado, con maniquíes a tamaño real, la forma en que los prisioneros vietnamitas eran encadenados por los tobillos por las autoridades coloniales francesas. Los reclusos comían, dormían y hacían sus necesidades en estas mismas condiciones durante días o incluso meses, en salas oscuras y mal ventiladas, apenas iluminadas por pequeñas ventanas. La exposición se completa con relatos reales de prisioneros, explicando los motivos de su encarcelamiento y su destino posterior. La dureza del contenido deja en muy mal lugar a la etapa colonial francesa.

La siguiente sala corresponde a las celdas de castigo, espacios diseñados para el aislamiento total de los prisioneros con el objetivo de quebrar su moral y obtener información. Se trata de celdas diminutas, oscuras y sin ventilación, con un pequeño camastro de piedra al que los presos eran encadenados por los tobillos. De nuevo, las recreaciones con maniquíes hacen que el horror vivido resulte especialmente palpable.

La tercera sala es, probablemente, una de las más impactantes. En ella se expone la guillotina original utilizada por la administración colonial francesa, acompañada de explicaciones sobre su funcionamiento y numerosas fotografías que documentan la aplicación de este castigo. En este punto se contextualiza que, aunque hoy resulte estremecedor, la guillotina era un método de ejecución habitual en Francia. De hecho, la última persona guillotinada fue un inmigrante tunecino, ejecutado el 10 de septiembre de 1977 en Marsella.


La cuarta sala, situada en la planta superior, muestra la vida cotidiana de los prisioneros vietnamitas durante la época colonial: cómo se comunicaban sin ser descubiertos, cómo mantenían sus celebraciones y rituales religiosos y cómo se apoyaban mutuamente para no perder la esperanza en su lucha por la independencia, a pesar de las durísimas condiciones en las que vivían.

La última sala, de nuevo en la planta baja y junto a un memorial dedicado a las víctimas fallecidas en la prisión, está dedicada a los prisioneros americanos que fueron encarcelados en Hoa Lo. Tal y como se mencionaba anteriormente, la exposición ofrece la versión vietnamita de los hechos, describiendo un trato correcto, buena alimentación y actividades recreativas. El contraste con el discurso dedicado a la época colonial francesa es evidente.

Lo que se percibe claramente a lo largo de la visita es que existe un mayor resentimiento hacia la administración colonial francesa que hacia Estados Unidos. En ningún momento se contextualiza ni se ofrece la versión francesa de los acontecimientos, mientras que la exposición sobre los americanos culmina con un mensaje de reconciliación, reflejado en la visita del senador John McCain, quien estuvo encarcelado en esta prisión durante más de cinco años.

Al final del recorrido, en el fondo del patio principal, se encuentra un memorial en honor a todos los que perdieron la vida entre estos muros. En conclusión, la Prisión de Hoa Lo no será el lugar más bonito que visites en Vietnam, pero sí es una de las visitas más necesarias para comprender la historia del país, el carácter del pueblo vietnamita y su férrea defensa de la identidad y la independencia.


El Templo de la Literatura


Después nos dirigimos al Templo de la Literatura (Văn Miếu – Quốc Tử Giám), el lugar más importante de Hanói desde un punto de vista histórico y cultural.


El templo abre todos los días de 7:30 a 17:30, la entrada cuesta 70.000 VND y la visita suele llevar entre una hora y una hora y media, dependiendo del ritmo y del interés de cada uno.

Se trata del templo más grande de Hanói y está considerado como una de las visitas imprescindibles de la ciudad. Fue construido en el año 1070, durante la dinastía Lý, y está dedicado a Confucio y a los grandes sabios y eruditos del confucianismo.

En este mismo recinto se fundó, pocos años después, la primera universidad de Vietnam, destinada inicialmente a la formación de príncipes y miembros de la élite, y más tarde abierta a los estudiantes más brillantes del país. La enorme importancia que la educación tenía durante la época imperial se percibe en cada rincón del templo: a lo largo del recorrido encontrarás numerosos elementos que ensalzan tanto la figura del profesor como la del alumno.

Văn Miếu Môn
Los estudiantes se preparaban aquí para los exámenes imperiales y, en caso de superarlos, podían acceder a puestos de responsabilidad dentro de la administración del Estado. El templo, por tanto, no solo era un lugar de culto, sino también un auténtico centro de formación y ascenso social.

Pabellón de la Constelación


El Templo de la Literatura está organizado en cinco patios consecutivos, cada uno con un significado simbólico concreto. La primera puerta que se atraviesa es Văn Miếu Môn, la entrada principal al recinto, que marca el inicio del camino hacia el conocimiento. Al cruzarla, el bullicio de Hanói queda atrás y se entra en un espacio de calma, orden y tradición. Su arquitectura sobria y perfectamente simétrica refleja los valores del confucianismo: disciplina, respeto y armonía. Esta puerta simboliza un punto de inflexión para el estudiante, que deja atrás la vida mundana para adentrarse en el mundo del saber.

El segundo patio es conocido como el Camino del Aprendiz. Se trata de una zona ajardinada con senderos rectos y simétricos, donde tuvimos la suerte de encontrarnos con decenas de niños de excursión escolar, llenando el lugar de vida y alegría. Este patio simboliza el inicio del aprendizaje, el momento en el que el estudiante comienza su recorrido hacia el conocimiento.

Al final del patio se alza el Pabellón de la Constelación de la Literatura (Khuê Văn Các), uno de los puntos más fotografiados del templo y una de las imágenes más reconocibles de Hanói, presente en prácticamente todos los folletos turísticos de la ciudad.

Después de atravesar el Pabellón de la Constelación, accedemos al tercer patio, conocido como el Estanque de la Tranquilidad. Es aquí donde se encuentran, a la derecha, las famosas estelas de piedra, uno de los elementos más representativos del Templo de la Literatura.

Estanque de la Tranquilidad

Estela

Estas estelas consisten en grandes losas de piedra colocadas sobre figuras de tortugas, en las que están inscritos los nombres de los estudiantes que lograron superar los exámenes imperiales. El hecho de que reposen sobre tortugas no es casual: este animal simboliza la sabiduría y la longevidad, dos valores fundamentales que debía poseer un buen alumno. Sabiduría para adquirir y aplicar el conocimiento, y longevidad para preservarlo y transmitirlo a lo largo del tiempo.

Al abandonar el tercer patio, dedicado al éxito académico y al reconocimiento del mérito intelectual, accedemos al cuarto patio, el espacio más solemne y sagrado de todo el recinto. Tras atravesar las áreas destinadas al estudio y la reflexión, este lugar marca el punto culminante del recorrido, ya que aquí se rinde homenaje a Confucio y a sus discípulos más destacados.

En el centro del patio se alza la Casa de Ceremonias (Đại Bái Đường), donde se encuentran los altares dedicados a Confucio y a otros grandes sabios que sentaron las bases del pensamiento confuciano en Vietnam. 

A ambos lados se disponen pabellones laterales en los que estaban representados los 72 alumnos más destacados, figuras clave en la difusión y preservación de esta corriente filosófica.





Después de la visita al Templo de la Literatura es hora de almorzar, así que anduvimos buscando un sitio de camino de nuestra última visita cultural del día, la Ciudad Imperial de Thang Long. 

Durante el trayecto Hanoi te sigue dejando imágenes inolvidables, como el repartidor de Grab, durmiendo a pierna suelta sobre el sillón de una motocicleta en una postura imposible.


Ciudad imperial de Thang Long

Torre de la Bandera

Por la tarde decidimos alejarnos un poco del bullicio del centro de Hanói para visitar la Ciudad Imperial de Thăng Long, un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad que, durante más de mil años, fue el auténtico corazón político de Vietnam. Fundada en el siglo XI por el emperador Lý Thái Tổ, esta ciudadela fue capital bajo varias dinastías y, con el paso del tiempo, terminó siendo utilizada tanto por los franceses como durante la Guerra de Vietnam. La visita, por tanto, no se limita a la época imperial, sino que recorre buena parte de la historia del país.

Antes incluso de llegar a la entrada, nuestra atención se va directa a la Torre de la Bandera, que se alza imponente a lo lejos. Con más de 33 metros de altura, fue construida en 1812 durante la dinastía Nguyễn y es uno de los pocos elementos originales que han sobrevivido del antiguo recinto imperial. Ver la bandera ondeando en lo alto es una de esas imágenes que se te quedan grabadas de Hanói.

La Ciudad Imperial abre todos los días excepto los lunes, de 08:00 a 17:00, y la entrada cuesta 100.000 VND. Nada más acceder, nos encontramos con la Puerta del Sur, la antigua entrada principal a la zona más restringida del recinto. Por aquí solo podían pasar el emperador, los altos funcionarios y los enviados extranjeros invitados a ceremonias oficiales. La estructura se conserva prácticamente intacta, con cinco accesos, siendo el central exclusivo para el emperador. Subimos a la parte superior desde uno de los laterales y desde allí se obtiene una buena vista general del complejo; como ya nos había pasado en otros lugares históricos de Vietnam, nos cruzamos con varias chicas vestidas con trajes tradicionales posando para sesiones de fotos.

Puerta del Sur

El recorrido continúa por la zona arqueológica, donde se aprecian los cimientos de antiguos palacios y diferentes exposiciones que ayudan a imaginar cómo fue este lugar en su época de esplendor. Aquí se encontraban los salones administrativos, las residencias reales y los patios interiores. Un poco más adelante llegamos a los restos del Palacio Kính Thiên, el edificio más importante de toda la Ciudad Imperial. Fue el escenario de audiencias imperiales, recepciones diplomáticas y ceremonias de Estado, aunque hoy en día solo se conservan las escaleras de piedra decoradas con dragones tallados, ya que el palacio fue destruido durante la ocupación francesa.

Sin duda, uno de los puntos más sorprendentes de la visita es el búnker D67, construido en 1967 y utilizado como centro de mando del Ejército Popular de Vietnam durante la guerra. En su interior se mantienen las salas de reuniones, los despachos, los mapas y los centros de comunicación desde los que se dirigían las operaciones militares por todo el país. No es un museo llamativo ni moderno, pero precisamente por eso impacta tanto: todo es real, sobrio y auténtico, y transmite una sensación muy fuerte de historia vivida.

Tras salir del búnker seguimos paseando con calma por los jardines del recinto. Aunque la Ciudad Imperial de Thăng Long no es de los lugares más espectaculares de Hanói a nivel visual, sí es una visita muy interesante para completar una tarde y, sobre todo, para entender mejor la historia de Vietnam, desde su pasado imperial hasta los episodios más recientes.




La Calle del Tren de Hanoi

Uno de los atractivos turísticos más llamativos de Hanói es, sin duda, la famosa calle del tren, algo que difícilmente habrás visto en otro lugar del mundo. Existen varios puntos de la ciudad desde donde se puede ver pasar el tren entre calles estrechísimas, pero la zona más conocida y visitada es la de Tran Phu, que además nos quedaba bastante cerca de nuestro hotel.

La calle cambia por completo del día a la noche. Durante el día suele estar cerrada al público y la mayoría de locales permanecen bajando la persiana, pero cuando cae la tarde todo se transforma. El ambiente se vuelve increíble: las terrazas empiezan a montar mesas y sillas prácticamente sobre los raíles, las luces se encienden y la calle se llena de viajeros y curiosos esperando el momento más esperado.

Para conocer los horarios del tren, lo mejor es preguntar directamente en tu hotel o alojamiento, así irás sobre seguro. También en muchos de los bares de la calle tienen los horarios anotados, aunque conviene no fiarse demasiado de lo que se encuentra en blogs antiguos, ya que los horarios cambian con frecuencia… y es que Vietnam funciona a su propio ritmo.

Mi consejo es que te acerques al menos media hora antes de que pase el tren y busques sitio en alguna terraza. Siéntate tranquilo, pide una cerveza bien fría y disfruta del ambiente. Lo que ocurre cuando el tren atraviesa la calle a escasos centímetros de las mesas es algo totalmente impensable en Europa. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo el vídeo que grabamos para que podáis haceros una idea de lo impresionante que resulta vivirlo en directo.



Después de ver pasar el tren, disfruta de la noche de Hanoi, cada esquina es apasionante, divertida, bulliciosa y llena de contrastes... Al día siguiente nos íbamos a la Bahía de Ha Long, pero a la vuelta aun nos esperaban más sorpresas en Hanoi...