OPCIONES

jueves, 8 de enero de 2026

BAHIA DE HA LONG

LA BAHIA DE HA LONG

La Bahía de Ha Long es uno de los destinos más impresionantes de Vietnam y una visita imprescindible en cualquier ruta por el país. No es casualidad que fuera declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Esta enorme bahía, que abarca alrededor de 1.500 km², ofrece un paisaje único formado por miles de islotes e islas de piedra caliza que emergen del mar, creando uno de los escenarios naturales más espectaculares del sudeste asiático.

Visitar la Bahía de Ha Long en crucero es la mejor forma de apreciar este entorno, navegando entre formaciones rocosas, aguas tranquilas y pequeñas embarcaciones locales que salpican el horizonte.

Para conocer la Bahía de Ha Long existen varias opciones: hacer una excursión de un día desde Hanói o pasar la noche a bordo de uno de los cruceros que recorren la bahía. Estos cruceros suelen ofrecer dos formatos principales: 2 días / 1 noche o 3 días / 2 noches. Tras nuestra experiencia, creemos que la opción de crucero por la Bahía de Ha Long de 2 días y 1 noche es más que suficiente, especialmente teniendo en cuenta que no son opciones económicas y que el día extra apenas añade novedades al recorrido.

Antes de decidirnos, estuvimos investigando bastante por internet, ya que hay una enorme oferta de cruceros en la Bahía de Ha Long, con grandes diferencias tanto de precio como de calidad. Finalmente nos decantamos por Dora Cruise, una compañía con muy buenas referencias. Negociamos el precio directamente a través de su página web y, aunque tienen tarifas publicadas, es posible conseguir algún descuento contactando con ellos de forma directa. Además, por un pequeño suplemento, puedes contratar la recogida en tu hotel de Hanói y el regreso al mismo punto, lo que resulta muy cómodo y evita problemas de transporte.

El día de salida nos levantamos temprano, ya que nos recogían a las 8 de la mañana en nuestro hotel de Hanói. Como volveríamos al mismo alojamiento dos días después, dejamos allí el equipaje grande y viajamos únicamente con una mochila. Un consejo importante si vas a hacer un crucero por Ha Long: no olvides llevar bañador, ya que muchas de las actividades en la bahía son acuáticas.

Nos recogieron en una minivan de lujo, muy cómoda, lo que hizo que el trayecto —de algo más de dos horas— se pasara rápidamente. Justo antes de llegar al puerto se realiza una parada en una gran tienda de perlas, donde explican el proceso de cultivo, extracción y transformación en joyería. Es una parada muy turística, pero curiosa.

Desde allí solo tardamos unos 15 minutos en llegar al muelle de Ha Long, donde se concentran numerosas compañías que organizan cruceros por la Bahía de Ha Long. Algunas tienen los barcos atracados en el puerto; otras, como en nuestro caso, realizan el check-in en tierra y posteriormente trasladan a los pasajeros en una embarcación auxiliar hasta el crucero, que suele estar fondeado en el interior de la bahía.

Un consejo importante si estás organizando tu viaje: no te obsesiones demasiado con el itinerario del crucero. Prácticamente todos los barcos realizan rutas y actividades muy similares. La diferencia real está en la calidad del barco, su antigüedad, el número de pasajeros y, como es lógico, el precio.

Tras hacer el check-in y pagar el pasaje —normalmente en efectivo—, subimos a una barcaza que, en unos 40 minutos, nos llevó hasta nuestro barco.


A la llegada, toda la tripulación nos dio la bienvenida y nos condujo directamente al comedor, donde ya estaba preparada la comida. Mientras almorzábamos, el personal se encargaba de terminar de preparar los camarotes y trasladar el equipaje.

Después de comer, nos dirigimos a nuestra cabina para descansar un poco antes de la primera actividad del crucero por la Bahía de Ha Long. El camarote era espléndido: amplio, cuidado hasta el último detalle y con una magnífica terraza privada desde la que contemplar el paisaje. 



Desde allí se pueden ver pequeñas barcas manejadas por aldeanos que se acercan a los grandes barcos ofreciendo todo tipo de productos a los pasajeros, una estampa muy típica de Ha Long y que añade aún más encanto a la experiencia.


Como comentaba anteriormente, al poco rato de terminar de comer comienza la primera actividad del crucero: la posibilidad de coger un kayak y perderte entre los pequeños islotes de piedra caliza que salpican la zona. 


Ni cortos ni perezosos, nos subimos a uno y empezamos a remar, eso sí, sin perder nunca de vista el barco, ya que hay muchos cruceros fondeados y, aunque algunos son fácilmente reconocibles —especialmente los que llevan las velas desplegadas—, los barcos de mayor tamaño pueden llegar a confundirse.

El recorrido en kayak suele durar alrededor de un par de horas, tiempo más que suficiente para disfrutar del entorno, remar con calma y acercarte a rincones a los que los barcos grandes no pueden acceder. Al regresar al crucero, tienes la opción de darte un baño en el mar, algo que recomiendo totalmente: no todos los días se tiene la oportunidad de nadar en las tranquilas aguas del Mar de China Meridional, rodeado de un paisaje tan espectacular.

Tras secarnos y cambiarnos, subimos a la cubierta del barco, donde la tripulación había preparado té, café y algunas pastas para reponer fuerzas. Es uno de esos momentos para sentarse con calma, dejarse llevar por el paisaje y disfrutar de la tranquilidad de la Bahía de Ha Long, con los islotes recortándose en el horizonte y el sol comenzando a caer lentamente.

Es también un buen momento para recordar la leyenda sobre la creación de la Bahía de Ha Long, una historia muy presente en la cultura vietnamita.

Cuenta la leyenda que, cuando Vietnam aún era una tierra joven, el país fue atacado por invasores que llegaron desde el mar. Incapaces de defenderse por sí mismos, los vietnamitas pidieron ayuda a los dioses. Entonces, el Emperador de Jade envió a una madre dragón y a sus crías para proteger la tierra.

Los dragones descendieron del cielo hacia el mar y, mientras volaban, escupían jade, perlas y piedras preciosas contra los barcos enemigos. Las gemas caían al agua y se transformaban en miles de islas e islotes, creando un auténtico laberinto natural que rompía las embarcaciones invasoras y bloqueaba su avance. Finalmente, los invasores fueron derrotados y se vieron obligados a retirarse.

Tras la victoria, la madre dragón y sus hijos se enamoraron de aquel lugar y decidieron quedarse para siempre, protegiendo la tierra vietnamita. El lugar donde descendió la madre dragón fue llamado Hạ Long, que significa “dragón descendente”, mientras que la zona donde bajaron los dragones hijos pasó a conocerse como Bái Tử Long, “los dragones niños rindiendo homenaje”.

La tarde comienza a caer, pero antes de disfrutar de la puesta de sol en la Bahía de Ha Long, tiene lugar otra de las actividades del crucero: un curso de cocina vietnamita. Se trata de una demostración sencilla y amena en la que te enseñan a preparar los famosos rollitos vietnamitas. Es una actividad que reúne a buena parte de los pasajeros y en la que, entre risas y pruebas improvisadas, todo el mundo acaba preparando sus propios rollitos, que posteriormente se sirven durante la cena.

Y entonces sí, llega uno de los momentos más mágicos del viaje: el atardecer en la Bahía de Ha Long. Poco a poco, el horizonte va cambiando de color, tiñéndose de tonos anaranjados y rosados que se mezclan con el azul del mar y el verde intenso de los islotes de piedra caliza que salpican la bahía. El tiempo parece detenerse mientras el sol se despide lentamente tras las montañas.


Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en la Bahía de Ha Long esta frase cobra todo su sentido. Contemplar la puesta de sol desde la cubierta del barco, rodeado de silencio y naturaleza, es uno de esos recuerdos que se quedan grabados para siempre.




Pero el día aún no termina aquí. Tras la espléndida cena, llega otra de las actividades del crucero: la posibilidad de intentar pescar pulpos con caña. Para ello, te llevan hasta la popa del barco, donde, con unas cañas improvisadas y simples cebos de pescado, pasas un buen rato probando suerte y esperando que algún pulpo pique.

Hay que decir que, aunque nosotros no tuvimos éxito, sí hubo pasajeros que lo consiguieron, lo que animó bastante el ambiente. La actividad, siendo sinceros, no deja de ser una pequeña turistada, pero resulta entretenida y encaja perfectamente para cerrar el día.

Es el momento de relajarse, tomarse una cerveza en cubierta, descansar tras una jornada intensa y empezar a cargar pilas para lo que traerá el día siguiente.

El día siguiente amanece temprano. Sobre las 9 de la mañana ya estamos desayunando, conscientes de que aún nos queda una última actividad antes de hacer las maletas, almorzar a bordo y poner rumbo de regreso a Hanói.

La actividad del último día fue, sin duda, la que más nos gustó. Durante la noche, el barco se había desplazado a otra zona de la Bahía de Ha Long, llevándonos hasta un área repleta de cuevas y formaciones kársticas. Desde allí puedes elegir entre hacer el recorrido en kayak o subirte a una pequeña embarcación a motor que te guía por las cuevas.

A lo largo del trayecto, si tienes un poco de paciencia y te alejas de las zonas más concurridas, es posible ver monos entre la vegetación de los islotes. El truco está en esperar a que el ruido de las barcas desaparezca y el lugar quede en silencio; entonces, la bahía muestra su lado más salvaje.

La actividad dura alrededor de dos horas y suele incluir el paso por dos cuevas, que dan acceso a pequeños lagos interiores a los que solo se puede llegar atravesando estas grutas. Son rincones sorprendentes y muy especiales, completamente rodeados de naturaleza.



Después regresamos al barco, nos cambiamos en el camarote y almorzamos tranquilamente antes de poner rumbo de vuelta al puerto. El trayecto final hasta el desembarque es, sin duda, uno de los más bonitos de todo el crucero. La razón es sencilla: en este tramo el barco navega durante más tiempo entre los islotes, a diferencia del día anterior, cuando permaneció gran parte del tiempo fondeado.

Es aquí donde se disfrutan las mejores vistas de la Bahía de Ha Long, esas imágenes que se quedan grabadas para siempre. Navegar lentamente entre las formaciones de piedra caliza permite apreciar con claridad la inmensidad de la bahía, su silencio y la sensación de estar recorriendo un lugar verdaderamente único.

Al llegar a puerto, nuestro transporte ya nos estaba esperando para llevarnos de regreso a Hanói. El cansancio acumulado se hace notar, así que gran parte del trayecto lo pasamos durmiendo, repasando mentalmente todo lo vivido durante estos dos días.

Muchas veces tendemos a magnificar los destinos antes de visitarlos y, al llegar, nos llevamos una pequeña decepción. Sin embargo, la Bahía de Ha Long es una de esas excepciones que no solo no decepcionan, sino que superan las expectativas. Es, sin duda, una de las grandes maravillas naturales del mundo, y un título que tiene más que merecido.

Si viajas a Vietnam, la Bahía de Ha Long debe ser una parada obligatoria en tu ruta.






viernes, 2 de enero de 2026

SAPA Y CAT CAT VILLAGE


SAPA: CAT CAT VILLAGE Y CIUDAD

Nuestro último día en Sapa amaneció igual que el primero: cubierto por una espesa niebla que apenas dejaba ver el otro lado de la acera. Teníamos pensado subir al Fansipan en el teleférico, pero con esa visibilidad temíamos que, una vez arriba, no se viera absolutamente nada. Además, cuando preguntamos en las taquillas no fueron nada optimistas y, teniendo en cuenta que no es una actividad barata, preferimos no arriesgarnos.

Más tarde supimos que habíamos acertado: ese día, en la cima, no se veía nada de nada. Así que sí, seguíamos acumulando “ruinas” en nuestra visita a Sapa…

Cat Cat Viilage

Con todo el día por delante, decidimos apostar por una opción cercana y segura: visitar Cat Cat Village. Sabíamos que era una experiencia bastante turística —ya habíamos leído opiniones al respecto—, pero tampoco teníamos muchas alternativas mejores.


CAT CAT VILLAGE

Llegar a Cat Cat Village desde el centro de Sapa lleva unos 20 minutos caminando. El trayecto es cuesta abajo, así que no se hace pesado; lo complicado viene a la vuelta, cuando toca subir. Para eso, mejor coger un taxi o un Grab.


Cat Cat Village es una aldea tradicional situada muy cerca del centro de Sapa, en el valle de Muong Hoa, a los pies de la cordillera de Hoang Lien Son. Fue fundada en el siglo XIX por familias de la minoría étnica H’Mong, que se asentaron en la zona para cultivar arroz en terrazas. Hoy en día, aunque todavía viven allí algunas familias de esta etnia, el paisaje ha cambiado mucho: apenas quedan terrazas de arroz y abundan las tiendas, los puestos de souvenirs y los rincones pensados para hacerse fotos “instagrameables”.

Nada que ver con el trekking que hicimos el día anterior —mucho más auténtico—. Cat Cat Village es claramente una turistada, pero una de esas en las que puedes entretenerte paseando, comprando artesanía, comiendo algo y haciendo fotos.

La entrada cuesta unos 150.000 VND (aprox. 6,5 €). El recorrido es circular: se entra por un punto y se sale por otro muy cercano a la entrada. Todo el paseo discurre por senderos bien acondicionados, donde encontrarás infinidad de tiendas, casas tradicionales de la etnia H’Mong y algunas viviendas reconvertidas en hostels.


¿Merece la pena?


No quiero demonizar el lugar, todo lo contrario. Habíamos leído opiniones tan negativas que llevábamos las expectativas muy bajas, y quizá por eso nos sorprendió para bien. El sitio es entretenido: han acondicionado espacios para recrear (de forma bastante artificial, eso sí) las costumbres rurales de la etnia, decorando los rincones para que puedas hacerte muchas fotos, lo que hace que el recorrido resulte ameno. Además, para nuestra sorpresa, los souvenirs eran incluso más baratos que en la propia Sapa.


El punto central de Cat Cat Village es la zona del poblado, donde el río desciende formando varias cascadas. Allí hay restaurantes, cafeterías y múltiples lugares donde hacer fotos, incluso disfrazándote con trajes tradicionales. A los turistas chinos y vietnamitas les encanta esta experiencia, y los verás por todas partes vestidos con trajes típicos que alquilan durante el día en las tiendas situadas a la entrada de la aldea.


No olvides llegar al final del recorrido, una vez pasado los puentes de madera, encontrarás los paisajes más bonitos, además de una preciosa cascada.


Entre paseos, fotos y compras, es fácil echar toda la mañana en Cat Cat Village. Mi consejo es no ir con prisas, disfrutar de las curiosidades del lugar y, sobre todo, tener claro qué te vas a encontrar: un sitio que ha perdido gran parte de su autenticidad, pero donde se puede pasar una mañana agradable.






Dejamos Cat Cat Village poco antes de la hora del almuerzo y nos las vimos y nos las deseamos para volver a Sapa. Los Grab no llegan hasta allí con demasiada frecuencia, así que, para no regresar andando, tuvimos que negociar con un taxista que nos dejara en la plaza principal de Sapa.

Ntra Sra del Rosario de Sapa
Allí mismo se encuentra la iglesia católica de Sapa, dedicada a Nuestra Señora del Rosario. Fue construida en piedra a finales de la década de 1930, durante la época de la colonización francesa, cuando Sapa comenzaba a desarrollarse como estación de montaña y lugar de descanso para los colonos europeos que huían del calor de las tierras bajas. El uso de piedra tallada le da un aspecto robusto y sobrio, que contrasta con el entorno montañoso y brumoso de la ciudad.

El edificio sigue un estilo neogótico, con torre campanario, arcos apuntados y muros gruesos, todo ello pensado para resistir el duro clima de la zona, algo que vivimos en primera persona: frío, humedad y niebla constantes. El interior es bastante austero; encontramos a varias monjas rezando y, por lo concurrido del lugar, se percibe que el catolicismo es una religión minoritaria en la región.

Como curiosidad, esta iglesia y la plaza que se abre frente a ella eran antiguamente el escenario de los conocidos “mercados del amor”, donde jóvenes de diferentes etnias acudían para conocerse y socializar. Hoy en día esta costumbre ha desaparecido prácticamente, sin embargo es el lugar donde podrás encontrar un guía para hacer un trekking, en el caso de que no lo hayas planificado... No tienes que hacer nada, ellos se te acercarán y ofrecerán distintas rutas... eso sí, regatea... el precio no suele pasar de los 40 euros con comida.







Después de visitar la iglesia seguimos dando un paseo por la ciudad, en cualquier esquina encuentras a un lugareño con un  puesto vendiendo baratijas o cualquier otro artículo... los Vietnamitas son unos verdades buscavidas, se adaptan a las dificultades, siempre con buena cara y amabilidad...

Sun Plaza
Justo frente a la iglesia de Nuestra Sra del Rosario, se alza Sun Plaza Sapa, uno de los edificios más llamativos y, a la vez, más polémicos del pueblo, pues es criticado al tener un diseño que nada tiene que ver con el lugar. Su fachada de color verde oscuro, con grandes relojes y detalles dorados, recuerda claramente a la arquitectura europea de principios del siglo XX, muy en la línea del estilo que los franceses dejaron en la zona. Fue inaugurado en 2017 por el grupo Sun Group y funciona principalmente como puerta de acceso al teleférico del Fansipan, el pico más alto de Vietnam. Desde aquí se accede al funicular que conecta el centro de Sapa con la estación base del teleférico, por lo que es un punto clave para cualquiera que quiera subir a la cima sin hacer trekking.

En su interior alberga tiendas, cafeterías y restaurantes, además de las taquillas y accesos al tren y al teleférico. Aquí es donde preguntamos por el estado del tiempo en la cima antes de decidirnos a subir o no, cosa que te recomiendo porque el tiempo es muy cambiante en Sapa.

Después volvimos al restaurante en el que habíamos cenado la noche anterior, porque la sopa nos había gustado tanto que pensamos: ¿para qué cambiar?. Hablamos del Restaurante Moment Romantic, situado en la calle Thác Bạc, muy cerca de la plaza de la iglesia. Un lugar con platos ricos y variados, muy bien atendido y a muy buen precio. Totalmente recomendable.

Por la tarde teníamos que salir hacia Lao Cai para coger el tren nocturno que nos llevaría hasta Hanoi, así que aprovechamos las últimas horas en Sapa para hacer algunas compras y entrar en calor. Consejo viajero: comprad aquí la ropa de abrigo y las mochilas, ya que son bastante más baratas que en Hanoi.
Además, Sapa tiene cafeterías muy agradables donde tomarte un café o una cerveza en un ambiente tranquilo. Nosotros estuvimos por la zona del lago de Sapa, un lugar sin pérdida, lleno de bares y restaurantes con muy buen ambiente.

Para ir hasta Lao Cai reservamos un transporte compartido a través de la web 12go.asia. Nos recogieron en una calle cercana al hotel (te envían la localización al móvil) y nos dejaron directamente en la estación de tren de Lao Cai. A partir de ahí, solo quedaba esperar al tren cama y poner rumbo a Hanoi.

El billete del tren también lo compramos en la misma página. Hay varias empresas que comercializan vagones privados enganchados al mismo tren; la diferencia de precio está en si compartes compartimento con cuatro personas o si tienes una cabina privada para ti solo o para dos. Nosotros reservamos una cabina doble y, aunque fue una experiencia curiosa, lo cierto es que las vías en Vietnam están en tan mal estado que el viaje resultó menos cómodo que en el sleeper bus.

Pero bueno, cuando uno viaja, los dolores duelen menos y las molestias se relativizan… y al final, a las 8 de la mañana, estábamos llegando a Hanoi. Aún nos quedaba mucho viaje por delante.










 

viernes, 26 de diciembre de 2025

TREKKING POR SAPA

Trekking por Sapa

Tras coger el sleeper bus en Tam Coc alrededor de las 22:30, llegamos a Sapa a las 5:30 de la mañana. Sorprendentemente, el viaje fue bastante cómodo y pudimos dormir razonablemente bien. Un consejo importante: no escatimes dos o tres euros al elegir la categoría del autobús. Intenta coger siempre uno con un máximo de unos 20 pasajeros; tendrás mucho más espacio y comodidad, ya que estos autobuses pueden ir desde los 20 hasta los 35 viajeros.

Al llegar a la estación de autobuses de Sapa, el día no auguraba nada bueno: una niebla muy densa lo envolvía todo, como el Londres de las películas. Cogimos el equipaje y salimos al exterior, donde nos encontramos con una multitud de taxistas y personas ofreciéndote de todo: traslados al hotel, trekkings y cualquier plan imaginable. Sapa es una localidad muy montañosa, con calles empinadas, así que si tu hotel está algo alejado, lo mejor es coger un taxi. Eso sí, si quieres pagar menos, espera a que se vaya la mayoría de la gente; los taxistas que se quedan sin pasajeros suelen bajar bastante el precio.

En apenas cinco minutos de taxi llegamos al Azalea Sapa Hotel, muy recomendable: habitaciones modernas, cómodas y muy bien ubicado. Como eran solo las seis de la mañana y el trekking no empezaba hasta las nueve, nos ofrecieron entrar antes a la habitación pagando un pequeño suplemento. No lo dudamos: después de toda la noche en el sleeper bus, una ducha caliente y algo de descanso se agradecen muchísimo.

A las nueve en punto habíamos quedado con el guía para comenzar el trekking. Para contratarlo, habíamos contactado por Instagram con Mama Shu Shu, una guía local que tiene a toda su familia involucrada en el negocio: trekking, alojamiento y todo lo que se te ocurra. Normalmente te dirá que te recogerá ella, pero puede aparecer la hija, el yerno o algún familiar excusándose por ella. En realidad, da igual: todos hacen un trabajo excelente y son amabilísimos. A nosotros nos recogió el novio de su hija, y compartimos el trekking con tres chicas más: una noruega, una irlandesa y una australiana.

En Sapa hay muchos trekkings posibles, aunque el más clásico es el que sale desde el propio pueblo y se adentra en el valle de Muong Hoa, visitando aldeas étnicas como Lao Chai y Ta Van.


Si soy sincero, esta fue la parte de Vietnam que menos me llenó… y el motivo principal fue el clima. Aquí el tiempo lo condiciona absolutamente todo. Con buen tiempo, Sapa es espectacular: campos de arroz, montañas, etnias y tradiciones únicas. Pero si ha llovido, hay barro por todas partes y la niebla es constante, la experiencia se resiente bastante. Eso no quiere decir que el lugar no merezca la pena, ni mucho menos, pero no se disfruta igual. Mi consejo: consulta bien el tiempo y, si no se prevé bueno, valora cambiar la ruta.

El trekking comenzó a las nueve de la mañana y terminó cerca de las seis de la tarde. Suele incluir la comida. El recorrido no es especialmente difícil: no hay grandes pendientes y se hace con relativa comodidad, salvo en los tramos embarrados, donde más de uno acabó en el suelo. Imprescindible llevar botas de montaña; nada de zapatillas deportivas, porque resbalan muchísimo.

 

Durante el primer tramo encontramos a muchos otros turistas. Caminamos por senderos estrechos y, debido a la niebla, apenas se distinguían los campos de arroz, aunque entre claros pudimos ver algunos. Además de nuestro guía, nos acompañaban dos chicas de la etnia Hmong. Ellas te ayudan en algunos tramos, pero al final te ves casi obligado a comprarles artesanía a precios bastante elevados para lo que es Vietnam… es parte de la experiencia, para bien o para mal.


A lo largo del recorrido hay zonas más bajas donde la niebla se disipa un poco y permite contemplar las famosas terrazas de arroz. Fuimos en febrero, que no es época de cosecha, así que aunque las terrazas empezaban a teñirse de verde, no estaban en su máximo esplendor. Aun así, lo más interesante del trekking no son solo los paisajes, sino las etnias y su forma de vida. En Sapa conviven principalmente unos ocho grupos étnicos, destacando los Hmong y los Dao, además de los Tay, Giay, Muong, Thai, Hoa y Xa Pho, cada uno con su propio idioma y vestimenta tradicional. Durante el camino atraviesas numerosos poblados, ves sus casas, cultivos, animales de granja y muchísimos búfalos de agua.


A mitad de camino paramos a comer en un restaurante cerca de Ta Van, donde paran prácticamente todos los trekkings. Al final, Sapa se ha convertido en una auténtica industria turística. Aun así, la comida fue buena y abundante, así que ninguna queja. En la misma aldea también te llevan a una casa tradicional, donde puedes ver cómo cocinan, cómo sacan agua de los pozos o cómo tejen e hilan: una pequeña ventana a la vida cotidiana de las etnias locales.

La segunda parte del recorrido es mucho más auténtica. Apenas encuentras turistas y atraviesas pequeños poblados y granjas donde observas a las familias en su día a día. Es entonces cuando te das cuenta de lo lejos que queda el mundo urbano para estas personas: su vida gira en torno a los animales, los cultivos y largos desplazamientos a pie.

Caminamos un par de horas más hasta terminar el trekking en casa de Mama Shu Shu, donde nos ofrecieron un té caliente y charlamos durante un buen rato con su hija, que nos contó historias sobre la zona, su familia y sus costumbres. Desde allí suelen llevarte de vuelta a Sapa en coche. Después de más de nueve horas caminando entre frío, humedad y barro, lo único que deseábamos era llegar al hotel y darnos una buena ducha caliente.

En definitiva, hacer trekking en Sapa es una experiencia imprescindible si visitas el norte de Vietnam. Eso sí, asegúrate de que el tiempo acompaña: con buen clima, la experiencia se multiplica.