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domingo, 7 de junio de 2026

BULGARIA

 BULGARIA

 

A continuación te cuento, día a día, la ruta de siete días que hicimos por Bulgaria y todo lo que fuimos descubriendo por el camino.

DIA I : SOFIA

DIA II: IGLESIA DE BOYANA, MONASTERIO DE RILA Y VENILGRAD

DIA III: MONASTERIO DE BACHKOVO Y PLOVDIV

DIA IV: VALLE DE LOS REYES TRACIOS, MONASTERIO DE SOLOSKI, SHIPKA, VOJENTSI Y TRYAVNA

DIA V: ARBANASI, MONASTERIO DE DRYANOVO, MONASTERIO DE LA TRANSFIGURACION Y VELIKO TARNOVO

DIA VI: CUEVA PROHODNA, CUEVA SAEVA DUPKA Y LOVECH

DIA VII: CUEVA DEVETASHKA, MONASTERIO DE TROYAN Y KOPRIVSHTITSA


CUEVA DEVETASHKA, MONASTERIO DE TROYAN, ARCO DE LA LIBERTAD Y KOPRIVISHTITSA

 CUEVA DEVETASHKA, MONASTERIO DE TROYAN, ARCO DE LA LIBERTAD Y KOPRIVISHTITSA

Nuestro último día de viaje promete ser de lo más intenso. El plan de ruta es ambicioso y fascinante: a primera hora pondremos rumbo al norte de Lovech para adentrarnos en una de las cuevas más famosas y espectaculares de Bulgaria.

Tras esta parada subterránea, daremos un giro radical para dirigirnos hacia el sur, directos al monumental Monasterio de Troyan. Desde allí nos tocará desafiar las curvas del paso de Beklemeto, para visitar el Arco de la Libertad, cruzando de esta forma la famosa cordillera de los Balcanes. Una vez en la vertiente sur, tomaremos dirección este hacia Sofía, pero no sin antes hacer una parada obligatoria en el pintoresco y colorido pueblo de Koprivishtitsa, el broche de oro perfecto antes de terminar nuestra aventura en la capital.


 CUEVA DEVETASHKA

La Cueva Devetashka es, sin duda, una de las maravillas naturales más impresionantes de toda Bulgaria. Situada a unos 20 kilómetros de Lovech, es mundialmente famosa por albergar una de las colonias de murciélagos más importantes del continente y por haber sido el escenario de un rodaje de Hollywood que desató una enorme polémica.

Nada más dejar el aparcamiento y recorrer el breve sendero que conduce a la entrada, lo primero que te dejará sin aliento son sus descomunales dimensiones. El acceso ya es bestial de por sí: un arco monumental de 35 metros de alto por otros 35 de ancho. Al cruzarlo, te adentras en una galería gigantesca que alcanza los 60 metros de altura en algunos puntos. Lo más mágico del lugar son los siete enormes "ojos" o aberturas naturales que horadan el techo; a través de ellos se filtran los rayos del sol, iluminando todo el espacio y permitiendo que crezca una vegetación exuberante en el mismísimo corazón de la tierra.

Más allá de su belleza geológica, Devetashka atesora una historia milenaria. Las excavaciones revelan que estuvo habitada de forma continua desde el Paleolítico —hace más de 70.000 años—, sirviendo a lo largo de los siglos como refugio y lugar de abastecimiento para tracios, romanos, búlgaros y otomanos.

Sin embargo, a mediados del siglo XX su uso cambió drásticamente. Durante la época comunista de la Guerra Fría, el ejército búlgaro transformó la cueva en un almacén militar secreto. Aquí se instalaron enormes tanques de combustible y petróleo para las fuerzas armadas y, si te fijas bien durante el paseo, todavía hoy se aprecian las grandes plataformas redondas de hormigón donde se asentaban dichos depósitos.







Al fondo de la galería principal se encuentra una gran área protegida y cerrada al público. El motivo es que este lugar es el santuario de más de 30.000 murciélagos de 15 especies diferentes que habitan en las zonas más profundas y oscuras. Y es aquí donde se desata la famosa controversia del lugar: en el año 2011, las autoridades búlgaras permitieron que se rodara en el interior la película "Los Mercenarios 2", protagonizada por Sylvester Stallone, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Como te puedes imaginar en un filme de este calibre, el rodaje trajo consigo explosiones por doquier, potentes focos de luz, maquinaria pesada y el trasiego constante de cientos de personas. Esto provocó un desastre medioambiental sin precedentes: el estrés y el ruido asustaron tanto a los animales que la población de murciélagos se redujo drásticamente en más de un 75% ese año. Por suerte, hoy en día este tipo de actividades comerciales están completamente prohibidas y la colonia se ha recuperado casi en su totalidad.

A la derecha del recorrido, justo sobre los antiguos vestigios de la zona militar, se puede acceder a otra sección protegida que resguarda a otra importante comunidad de murciélagos. Te recomiendo encarecidamente subir a esta plataforma elevada, ya que desde allí obtendrás una perspectiva brutal que te permitirá dimensionar la verdadera escala y amplitud de la cueva.

La visita a Devetashka te llevará algo más de media hora. Te aconsejo pasear sin prisas, observar cada rincón y, sobre todo, dejarte sorprender por una cueva que rompe por completo con los esquemas de cualquier otra que hayas visitado antes.

MONASTERIO DE TROYAN

Entrada al Monasterio de Troyan

Nuestra siguiente parada del día es el Monasterio de Troyan, situado a unos 60 kilómetros de la Cueva Devetashka. Aunque la distancia no parece demasiada, tardamos casi una hora en llegar debido a que la carretera serpentea adentrándose en la imponente cordillera de los Balcanes. Al llegar, entenderás que el trayecto merece la pena: el complejo parece jugar al escondite, camuflado entre la frondosa vegetación de los montes.


Este monasterio es el tercero más grande de Bulgaria, por detrás de los de Rila y Bachkovo, los cuales ya tuvimos la suerte de visitar en días anteriores. Su distribución te resultará familiar si ya has visto otros templos ortodoxos búlgaros: un hermoso patio central rodeado por edificios residenciales de tres pisos con vigas de madera vista, amplias balconadas rebosantes de flores y los tradicionales tejados de losas de piedra. En el corazón del recinto destaca la Iglesia de la Asunción y una impresionante torre-campanario de cinco pisos erigida en el siglo XIX. Como curiosidad, el complejo alberga también su propio cementerio interior.

          

Una de las grandes razones por las que este monasterio es un lugar de peregrinación tan famoso en el país es por custodiar el icono de la Virgen de las Tres Manos. Cuenta la leyenda que un monje que viajaba desde Grecia hacia Rumanía paró aquí a descansar. Cada vez que intentaba reanudar su marcha, el icono desaparecía misteriosamente de sus pertenencias y volvía a aparecer en el altar, por lo que el monje dedujo que la Virgen había elegido quedarse allí para siempre. Si observas la imagen con atención, verás una tercera mano de plata superpuesta en la parte inferior. Esto hace referencia al milagro de San Juan Damasceno, a quien le cortaron la mano por falsas acusaciones y, tras rezar fervientemente a la Virgen, esta se le volvió a unir milagrosamente al cuerpo.

        

Al entrar en la iglesia nos encontramos con el otro gran tesoro del monasterio: los espectaculares frescos que revisten sus paredes. Su autor, el célebre Zahari Zograf, desafió por completo las rígidas costumbres religiosas de la época e introdujo por primera vez retratos de personas reales (reyes, monjes, nobles) e incluso su propio autorretrato, lo que supuso una auténtica revolución en el arte sacro búlgaro. Además, no dejes de buscar una pequeña gruta en uno de los laterales del templo; te dará acceso a una capilla subterránea que funciona como osario y que te aseguro que te va a sorprender.

La visita al recinto te llevará algo más de una hora, ya que el Monasterio de Troyan atesora infinidad de detalles y regala imágenes imborrables. Si estás planeando una ruta en coche entre Lovech y el sur del país, esta es una parada totalmente imprescindible. Su ubicación estratégica, justo a los pies del puerto de montaña de Beklemeto, lo convierte en el lugar idóneo para hacer un alto en el camino, estirar las piernas y, por qué no, hacerse con una botella de su famosa rakia artesanal de ciruela antes de continuar la aventura.



ARCO DE LA LIBERTAD

Dejamos atrás el Monasterio de Troyan para adentrarnos en un paisaje montañoso espectacular, donde el color del bosque nos deslumbra en cada curva. Esta carretera, que cruza el país de norte a sur, es una auténtica maravilla para los sentidos. A unos 40 kilómetros del monasterio, en el punto más alto del paso de Troyan y en dirección a Koprivishtitsa, emerge uno de los monumentos comunistas más icónicos de Bulgaria: el Arco de la Libertad.

Esta imponente estructura de 35 metros de altura se alza sobre el pico Goraltepe, a casi 1.600 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación estratégica regala unas vistas panorámicas de 360 grados sencillamente impresionantes. Inaugurado en 1981, el monumento conmemora dos momentos clave de la historia búlgara catalogados como "liberaciones": la de 1878, tras la guerra ruso-turca que puso fin a cinco siglos de dominio otomano, y la de 1944, con la llegada del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. Si te fijas bien, ambas fechas están grabadas en el propio hormigón.


Hoy en día, el lugar se mantiene prácticamente intacto a pesar de su aislamiento. Para llegar, tendrás que tomar un desvío bastante bacheado desde la carretera principal. La visita suele ser breve, de apenas unos minutos, ya que el viento y el frío muerden con fuerza en las alturas de este puerto de montaña y no invitan a quedarse mucho tiempo. Eso sí, las espectaculares vistas hacen que cada ráfaga de aire valga la pena.

KOPRIVISHTITSA

Continuando con nuestra ruta prevista, llegamos al mediodía a Koprivshtitsa. Es un pueblo singular, definido por una historia de riqueza extrema, incendios destructivos y un patriotismo feroz que cambió el destino de Bulgaria. Al ser un día laborable, apenas había ajetreo, lo que nos permitió aparcar cómodamente y disfrutar del almuerzo en un restaurante del casco histórico.

Se cree que Koprivshtitsa fue fundada a finales del siglo XIV, cuando familias de ganaderos y nobles, huyendo de las ciudades tras la invasión otomana, se establecieron en este valle escondido. La suerte les sonrió: los otomanos necesitaban grandes cantidades de lana y carne para vestir y alimentar a sus ejércitos, y el pueblo se convirtió en un proveedor clave. Gracias a ello, el Sultán les otorgó el estatus especial de Vojnik. Esta distinción prohibía a los otomanos entrar a caballo o portar armas dentro del pueblo, y concedía a los locales una carga impositiva muchísimo menor.

Esta semi-independencia dentro del Imperio Otomano permitió que los comerciantes de la ciudad acumularan fortunas inmensas durante los siglos siguientes. Para exhibir su opulencia, construyeron mansiones colosales que reflejaban ese éxito cosmopolita. Pero esa misma riqueza fue su perdición. La opulencia atrajo a bandas de bandidos que saquearon la ciudad hasta en tres ocasiones a finales del siglo XVIII y principios del XIX.





No obstante, la tenacidad de sus habitantes fue inquebrantable; reconstruyeron Koprivshtitsa una y otra vez, levantando de nuevo las enormes y preciosas mansiones que hoy podemos admirar.

Pero la historia no termina aquí; queda lo mejor. Koprivshtitsa fue el epicentro de la revolución búlgara en el siglo XIX. El 20 de abril de 1876, el pueblo se sublevó brutalmente contra los otomanos, desencadenando el Levantamiento de Abril que inspiró a las localidades cercanas. La represión otomana fue sangrienta. Sin embargo, este horror se convirtió en un casus belli de facto para Rusia, que declaró la guerra al Imperio Turco, contienda que finalizaría con la independencia de Bulgaria en 1878.

Pero, ¿cómo es que, si la represión fue tan brutal, a Koprivshtitsa no le pasó nada? Una vez más, intervino el dinero. Los comerciantes eran tan poderosos que sobornaron al ejército turco para que no saqueara ni quemara el pueblo, logrando que se mantuviera intacto hasta nuestros días.


¿QUE VER EN KOPROVISHTITSA? Casas-Museo, Puentes Históricos  e Iglesias

Además de pasear por sus calles, lo más interesante es adentrarse en sus casas-museo, que evocan fielmente la vida de sus habitantes a finales del siglo XIX. Las viviendas han sido restauradas de forma excepcional. Si tienes tiempo y deseas visitarlas, te recomiendo comprar un ticket conjunto que permite el acceso a varias de ellas.

Otro de los puntos esenciales es el llamado Puente de la Primera Pistola, un pequeño puente de piedra que se convirtió en el kilómetro cero de la libertad búlgara. Aquí, el 20 de abril de 1876, se disparó el primer tiro del Levantamiento de Abril contra los guardias otomanos, marcando el inicio del camino hacia la independencia del país.

Puente de la Primera Pistola

Volviendo a las casas, aunque el pueblo entero es un museo en sí mismo, repleto de fachadas de vistosos colores y jardines, hay varias que destacaría especialmente:

  • Casa Oslekov (Oslekova Kashta): Perteneció a un rico comerciante de telas. Destaca por su fachada azul brillante apoyada sobre columnas de madera de cedro traídas del Líbano, y por sus interiores barrocos llenos de frescos detallados que muestran las ciudades que el dueño visitó en el extranjero.

Casa Oslekov

  • Casa Todor Kableshkov: Una preciosa mansión de color rojo oscuro. Kableshkov fue el joven revolucionario que provocó el levantamiento en la ciudad contra los turcos. Dentro, alberga una gran colección de armas de la época.

Casa-Museo Todor Kableshkov

  • Casa Lyutov (Lyutova Kashta): Famosa por sus impresionantes techos de madera tallada y una fuente interior que, en su día, bombeaba agua de rosas para refrescar el ambiente.

Casa Lyutov

  • Casa de Dimcho Debelyanov: Debelyanov fue uno de los poetas más queridos de Bulgaria, fallecido en la Primera Guerra Mundial. Su patio alberga una conmovedora estatua de su madre, esperándolo pacientemente sentada en el umbral.

Casa de Dimcho Debelyanov

  • Casa de Lyuben Karavelov: No es una sola vivienda, sino un precioso recinto cerrado que incluye tres edificios construidos entre 1810 y 1860. Al recorrerlos, se nota perfectamente cómo la familia fue prosperando económicamente con los años. En el antiguo edificio agrícola del patio se conserva una de las reliquias más importantes de Bulgaria: una imprenta manual original traída clandestinamente desde Viena. En ella se imprimieron los periódicos revolucionarios que despertaron el espíritu de independencia y, más tarde, la mismísima primera Constitución del país.

Casa de Lyuben Karavelov

Por último, y si el tiempo te lo permite, no debes perderte la Iglesia de la Dormición de la Virgen, que resulta sumamente llamativa por sus paredes exteriores teñidas de un vibrante azul brillante. Sin embargo, lo que más nos cautivó fue su histórico cementerio, donde descansan algunos de los héroes más célebres del pueblo, incluyendo al famoso Todor Kableshkov, el mismo revolucionario que provocó el levantamiento contra los otomanos.

Iglesia de la Dormición de la Virgen

Y aquí termina nuestra inolvidable ruta por Bulgaria. Un itinerario de siete días tan intenso como gratificante, donde hemos descubierto monasterios históricos, cuevas milenarias, tumbas tracias e impresionantes restos romanos. Nos hemos enamorado de localidades con muchísimo encanto, nos hemos sumergido en reparadores baños termales y, por supuesto, hemos disfrutado de una gastronomía espectacular. Una semana ha sido suficiente para confirmar que el este de Europa es una joya por descubrir; un auténtico reducto de la esencia europea, donde la globalización no ha diluido aún la autenticidad y las tradiciones siguen vivas. Si algo hemos aprendido es que este tipo de paraísos son frágiles: no tardes demasiado en ir, porque la esencia que hoy lo hace único podría transformarse muy pronto.

domingo, 31 de mayo de 2026

LOVECH, CUEVA PROHODNA Y CUEVA SAEVA DUPKA

 LOVECH, CUEVA PROHODNA,  Y CUEVA SAEVA DUPKA

Dejamos Veliko Tarnovo por la mañana temprano porque nos quedaban varias horas de camino por delante. El plan del día era súper completo: queríamos visitar un par de las cuevas más famosas de Bulgaria para después volver sobre nuestros pasos y pasar la tarde disfrutando del encantador pueblo de Lovech, mundialmente conocido por su precioso puente cubierto de madera. 

La primera de nuestras paradas fue la cueva Prohodna, famosa en todo el mundo como la cueva de los "Ojos de Dios". Este lugar tan mágico se encuentra situado a unos 150 kilómetros de Veliko Tarnovo, lo que se traduce en unas dos horas de coche conduciendo tranquilamente por la carretera nacional principal, la E772.


CUEVA PROHODNA

Llegar hasta la cueva de Prohodna es relativamente fácil, ya que solo tendrás que seguir las indicaciones en cuanto dejes la carretera nacional. Por el coche ni te preocupes, porque hay una gran explanada justo enfrente donde se aparca de maravilla y donde además encontrarás algunos puestecillos locales con agua, algo de comer y recuerdos del viaje. Una de las grandes ventajas que tiene este lugar es que es totalmente gratis, por lo que no tendrás que pagar entrada ni preocuparte por reservar con antelación.

Desde el aparcamiento hasta la cueva apenas hay un camino forestal de unos pocos minutos y, en cuanto termines de serpentear entre los árboles, te darás de bruces con la enorme entrada. Para que te hagas una idea de dónde estás metido, esta maravilla se formó durante el período Cuaternario debido a la disolución de la roca caliza, por lo que tiene más de 65 millones de años de historia. Aunque la llamemos cueva, en realidad es un puente natural gigantesco —de hecho, es el más largo de toda Bulgaria— con 262 metros de longitud, y cuenta con dos accesos principales: la Entrada Grande, que es por la que vas a acceder y que tiene unos impresionantes 45 metros de altura, y la Entrada Pequeña, de unos 35 metros.

Los Ojos de Dios

Sin duda, el gran reclamo de este lugar, además de su descomunal tamaño y su altura, son las dos aberturas idénticas que verás en el techo, los famosísimos "Ojos de Dios". Y no, estos ojos no tienen origen humano, ya que nadie se subió hasta ahí arriba con un cincel para tallarlos a mano; se originaron de forma cien por cien natural a lo largo de miles de años gracias a la erosión del agua, el viento y las filtraciones de la lluvia. A este fenómeno geológico, que se puede ver en otras cuevas del mundo aunque pocas veces de forma tan perfecta y llamativa, se le llama técnicamente formación de chimeneas kársticas. 

Además, este rincón mágico ya se usaba en la antigüedad, y los arqueólogos han encontrado herramientas que demuestran que estuvo habitada por humanos durante el Neolítico. Precisamente por su forma tan peculiar, siempre ha sido considerada un lugar cargado de una fuerte energía espiritual, y las tribus locales la utilizaban como un santuario para sus rituales. Se cree que los antiguos sacerdotes esperaban a momentos específicos del año para celebrar sus ritos justo cuando los rayos del sol atravesaban "los ojos" de par en par, iluminando el suelo de la cueva e interpretando aquello como una auténtica señal divina. 

Los Ojos de Dios



Si caminas hasta el final del recorrido, lo más probable es que te encuentres con gente escalando con cuerdas, ya que las paredes del cañón son totalmente verticales y es un sitio idílico para la escalada deportiva. 

Para terminar tu visita con buen pie, te dejo un par de consejos clave: si ha llovido recientemente o hay mucha humedad, el terreno de la entrada se vuelve extremadamente resbaladizo, así que ten mucho cuidado con el calzado que llevas; por el contrario, si te pilla un día de lluvia, tendrás la oportunidad única de ver cómo cae el agua a través de los orificios del techo, creando un efecto óptico brutal en el que parece, real y literalmente, que Dios está llorando.



CUEVA SAEVA DUPKA

La siguiente cueva que vamos a visitar es Saeva Dupka, para lo cual toca volver un poco sobre nuestros pasos y poner rumbo en dirección a Lovech. No está para nada lejos de Prohodna, ya que en poco más de media hora en coche te plantas allí. 

Lo primero que nos llamó poderosamente la atención al llegar fue que no había absolutamente nadie; mientras que en Prohodna coincidimos con algunos turistas, hasta aquí parecía no llegar un alma. Al acercarnos a la caseta de la entrada, el vigilante nos explicó que las visitas eran guiadas y nos pidió que esperáramos unos diez minutos. Pagamos nuestra entrada, que costó unos 3 euros, y esperamos sentados frente a la reja que cerraba la cueva.

Nos quedamos allí pensando que haríamos el recorrido con más gente pero, para nuestra sorpresa, al pasar ese tiempo apareció de nuevo el vigilante para enseñarnos la cueva en exclusiva, ¡únicamente para nosotros! Esto hizo que la experiencia fuese fascinante, no solo por lo espectacular del lugar, que es sinceramente impresionante, sino por los detalles y explicaciones que nos fue dando a cada paso.

            

Como os decía, esta cueva no tiene absolutamente nada que ver con Prohodna: si aquella era un puente natural enorme y luminoso, Saeva Dupka es una cueva tradicional, subterránea, oscura, misteriosa y repleta de formaciones calcáreas de esas que te dejan con la boca abierta. 

Su nombre rinde homenaje a dos hermanos pastores, Saeu y Dupán, que vivieron en la zona durante la ocupación otomana; cuenta la leyenda que descubrieron este agujero por casualidad mientras buscaban refugio y lo utilizaron para esconderse de los turcos. Sin embargo, su historia va mucho más allá, ya que también se han hallado restos de la época romana en su interior, lo que demuestra que ha servido de protección desde hace siglos. El recorrido tiene unos 400 metros de longitud y está dividido en cinco salas espectaculares, siendo la más famosa la conocida como Sala del Concierto, que posee una acústica tan brutal que se han llegado a celebrar en ella recitales de coros de música clásica. 

           

Otra de las cosas que más imponen son sus descomunales estalactitas y estalagmitas, que en muchos puntos se unen creando columnas de un diámetro asombroso. Pero, sin duda, uno de los momentos más mágicos y sorprendentes de la visita fue ver cómo el propio guía era capaz de componer una hermosa melodía tocando simplemente distintas estalactitas con suavidad, aprovechando que cada grosor emite un sonido totalmente diferente. 

La visita dura aproximadamente una media hora y el interior está perfectamente acondicionado con pasarelas que te permiten desplazarte con comodidad, aunque debes ir mentalizado para subir y bajar unas cuantas escaleras. Os aseguro que es una experiencia que merece muchísimo la pena y que recordaréis siempre.




LOVECH

Después de visitar la cueva Saeva Dupka, pusimos rumbo a Lovech, la ciudad elegida para almorzar y pasar la noche. Nos alojamos en el Hotel Varosha, un alojamiento con muchísimo encanto y típicamente búlgaro, con sus características vigas de madera y una decoración de lo más tradicional; además, en su sótano cuenta con una taberna típica donde pudimos disfrutar de una comida local exquisita. En un principio, planeamos hacer noche en Lovech simplemente por pura logística, ya que su ubicación estratégica nos permitía visitar la zona de las cuevas búlgaras y, al día siguiente, descender cómodamente hacia el Monasterio de Troyan y Koprivshtitsa.

Sin embargo, lo que empezó siendo una simple parada técnica terminó convirtiéndose en todo un acierto. Y es que a esta zona de Bulgaria apenas llegan turistas occidentales, lo que te permite descubrir cada rincón prácticamente en soledad, deteniéndote el tiempo que quieras donde te apetezca, paseando con una tranquilidad absoluta y comiendo en restaurantes de muchísima calidad sin necesidad de pelearte por una reserva. De hecho, nosotros llegamos en pleno horario de almuerzo pensando que íbamos tardísimo, pero pudimos sentarnos a comer sin el más mínimo problema en el Restaurante Drakata, un sitio fantástico en pleno centro de Lovech y muy cerca de su famoso puente cubierto.


Haciendo un poco de memoria histórica para entender la importancia del lugar, cabe destacar que Lovech es uno de los asentamientos más antiguos de toda Bulgaria. Sus primeros pobladores fueron los tracios, quienes fundaron aquí la fortaleza de Melta allá por el siglo IV a.C. Más tarde, los romanos se establecieron en la zona y construyeron un puesto militar clave para controlar las rutas comerciales que provenían del este de Europa. Sin embargo, el verdadero momento cumbre de Lovech llegó a finales del siglo XII, cuando la ciudad se convirtió en un centro militar y comercial estratégico para la región. 

Tanta era su relevancia por aquel entonces que en su propia fortaleza se firmó, en el año 1187, el importantísimo tratado de paz con el Imperio Bizantino que supuso, ni más ni menos, el nacimiento oficial del Segundo Imperio Búlgaro y su total independencia de Bizancio. A partir de ahí, y con la posterior llegada del dominio turco, Lovech fue perdiendo peso político y comercial de forma paulatina, lo que no impidió que siglos más tarde se convirtiera en una pieza fundamental para los levantamientos revolucionarios contra el Imperio Otomano, llegando a liderar una de las mayores sublevaciones de todo el país en su lucha por la libertad.


¿QUE VER EN LOVECH?

Hay varios puntos en Lovech que puedes ver perfectamente en una tarde:
  • El Puente Cubierto 
  • El Barrio de Varosha
  • La Iglesia Ortodoxa de la Asunción de la Virgen María
  • La Fortaleza Hysarya
  • Los antiguos baños públicos de la ciudad "Deli Hamam"

EL PUENTE CUBIERTO

El Puente Cubierto es, sin duda, la joya de la corona y lo más icónico de Lovech. Se construyó originalmente entre 1872 y 1874 en madera y piedra, pero desgraciadamente sufrió un incendio brutal en 1925 y se quemó por completo. Unos años más tarde lo reconstruyeron en hormigón y acero para asegurar la estructura, y no fue hasta la década de los 80 cuando lo remodelaron para devolverle ese aspecto rústico de madera idéntico al original, dejando el interior repleto de pequeñas tiendas de artesanía y recuerdos.

Ahora bien, para mi gusto, el puente es muchísimo más bonito por fuera que por dentro. Por dentro se ha quedado un poco anticuado y las tiendas que hay tampoco es que sean nada del otro mundo ni resulten muy atractivas. 


Está bien para cruzarlo y dar un paseo cotilleando el interior, pero desde luego lo que de verdad te va a llamar la atención y te va a obligar a sacar la cámara es su estampa desde fuera.


EL BARRIO VAROSHA

A unos metros del Puente Cubierto vas a dar directamente con el casco antiguo de la ciudad, el barrio de Varosha. Es un auténtico laberinto de callejuelas empedradas, estrechas y bastante empinadas que se van adaptando a la silueta de la colina de la fortaleza.

Durante el paseo, lo que más te va a llamar la atención son sus casas. Las plantas bajas están construidas con piedra y rodeadas de muros altísimos que dan a la calle, una técnica que usaban para protegerse y mantener el frescor de la vivienda. En cambio, las plantas superiores sobresalen hacia fuera y están hechas de madera, con unos ventanales enormes para aprovechar al máximo la luz del sol.

Lo mejor que puedes hacer aquí es callejear sin rumbo fijo. Toda la zona está súper bien conservada y se respira una tranquilidad increíble. Además, en cualquier esquina te topas con rincones interesantes, como las Casas Drasova y Rashova. Son dos viviendas típicas del siglo XIX reconvertidas en museos etnográficos que vienen de lujo para cotillear los muebles y trajes reales de la época, y ver cómo vivían las familias ricas de comerciantes de Lovech. También hay hueco para la historia pura y dura en el Museo de Vasil Levski, el héroe nacional más venerado de Bulgaria y apodado el "Apóstol de la Libertad", que dedicó su vida a liberar al país del Imperio Otomano y que, precisamente, fue capturado muy cerca de aquí.

Perdiéndonos por estas calles llegamos a una iglesia que se notaba que estaba en plena fase de restauración. Sinceramente, entramos sin muchas expectativas por el estado en el que se encontraba, pero al final fue toda una sorpresa. Probablemente por ese mismo ambiente de obras y gracias a las explicaciones —en una mezcla genial de medio inglés y medio búlgaro— de la señora que vigilaba el lugar, pudimos descubrir y vivir una iglesia ortodoxa desde un prisma totalmente distinto a lo habitual.


IGLESIA ORTODOXA DE LA ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA

Y es que durante el dominio otomano, los búlgaros no lo tenían nada fácil para levantar sus templos. Por ley, las iglesias cristianas tenían que ser semisubterráneas o, al menos, su altura no podía superar la de un hombre a caballo para no "ofender" el paisaje de las mezquitas. Para cumplir la norma pero a la vez construir un templo imponente, los maestros arquitectos de Varosha tiraron de ingenio y excavaron el suelo hacia abajo. Por eso, en cuanto entras, compruebas que tienes que bajar varios escalones; una forma genial de conseguir una iglesia mucho más grande por dentro sin levantar sospechas por fuera.

La señora que nos enseñó el lugar era un auténtico personaje y tenía muchísima gracia. No paraba de quejarse de lo abandonados que los tenía el gobierno a la hora de soltar dinero para el mantenimiento y la restauración de las iglesias. Me acuerdo perfectamente de que decía constantemente: "Bulgaria... Bulgaria...", suspirando con una mezcla de resignación y pena, como si la decadencia fuera algo inherente al propio país.

A pesar de las obras y del estado del templo, hubo algo que nos dejó con la boca abierta: el impresionante iconostasio que separa el santuario de la zona donde se colocan los fieles. Por lo que nos estuvo explicando la mujer, fue tallado a mano por maestros artesanos de la zona y, si te acercas un poco, es una auténtica locura. Consiguieron esculpir motivos vegetales, ángeles y escenas bíblicas con una precisión y un nivel de detalle asombrosos.

Al final, le dejamos una propina a la buena mujer para poner nuestro granito de arena en el mantenimiento del lugar, nos despedimos y seguimos la ruta hacia el punto más alto de la ciudad: la Fortaleza de Hysarya.

LA FORTALEZA DE HYSARYA

Continuamos el ascenso por el pintoresco barrio de Varosha. Tras dejar atrás la iglesia, subimos por unas escaleras que nos conducen directamente a las puertas de la Fortaleza de Hisarya, la cual corona majestuosamente el skyline de Lovech.

Justo en la entrada te recibirá la imponente estatua de 14 metros de altura de Vasil Levski, el gran patriota que lideró la insurgencia contra el Imperio Otomano y de quien te hablé líneas arriba. Si te apasiona su historia, toma nota: hay un museo dedicado a su vida justo antes de empezar la escalinata. Desde este punto, las panorámicas de toda la ciudad y del río Osam son sencillamente espectaculares, así que saca la cámara porque es el momento perfecto para hacer fotos.

A la izquierda del monumento verás una pequeña cabina donde se compran las entradas. No debe de recibir muchas visitas a diario, porque el taquillero nos acogió con auténtica emoción... Y, en cierto modo, lo entiendo perfectamente: durante todo nuestro recorrido por el recinto no nos cruzamos con un solo alma. Un auténtico lujo.

Como la gran mayoría de las fortificaciones medievales, la de Hisarya goza de un emplazamiento estratégico inigualable. Situada en la cima de una colina rocosa, domina por completo el núcleo urbano y el curso del río. Esta ubicación la convertía en una plaza prácticamente inexpugnable, ya que los acantilados y las paredes verticales sobre las que se asienta funcionaban como letales defensas naturales.

El gran hito histórico de este lugar ocurrió en el año 1187, cuando el emperador bizantino Isaac II Ángelo sitió Lovech para intentar sofocar la rebelión de los hermanos búlgaros Asen y Peter. Tras tres meses de asedio infructuoso, los bizantinos asumieron que era imposible conquistarla, levantaron el campamento y firmaron el Tratado de Paz de Lovech. Este documento supuso el reconocimiento oficial del Segundo Imperio Búlgaro, convirtiendo a esta fortaleza en la mismísima cuna de la independencia medieval del país.

El complejo contaba con imponentes muros y torres de vigilancia distribuidos en dos grandes áreas defensivas: la fortaleza exterior, diseñada para refugiar a la población local en caso de ataque, y la ciudadela interior, el núcleo fortificado más protegido y reservado exclusivamente para el gobernador y la guarnición militar.

Al cruzar la puerta principal de la fortaleza, te encontrarás ante una gran explanada. Si te fijas en el centro, verás los vestigios de los cimientos de varios templos; y es que este recinto llegó a albergar hasta siete iglesias construidas en distintas épocas medievales.

A la izquierda de la entrada se aprecian los restos de la ciudadela interior, de la que aún se mantienen en pie algunos lienzos de muralla y las ruinas de la iglesia principal. Hoy en día lo que vas a ver son, en su mayoría, restos dispersos y cimientos. 


La razón de este estado de ruina es trágica: la fortaleza de Lovech fue una de las últimas plazas búlgaras en caer en manos de los invasores otomanos, quienes se ensañaron con el lugar destruyéndolo a conciencia para evitar que volviera a convertirse en un foco de rebelión.


DELI HAMAM 

Concluida la visita a la fortaleza, desandamos nuestros pasos para descender de nuevo por el barrio de Varosha, dejándonos llevar por sus calles estrechas y serpenteantes, flanqueadas por casas que parecen sacadas de otra época. Antes de retirarnos al hotel, y aprovechando que la noche empieza a caer sobre la ciudad, hacemos una última parada en el último gran punto turístico de Lovech: sus antiguos baños turcos.

Conocidos localmente como Deli Hamam, estos baños no son un complejo termal común, sino el último hamam otomano de este tipo que ha sido completamente restaurado en Bulgaria.

Su construcción se remonta a mediados del siglo XVI, en pleno apogeo del dominio otomano en la región. El curioso apodo de Deli Hamam (que se traduce como "Baño Loco") proviene de una leyenda local: se decía que el agua brotaba con tanta fuerza y abundancia, y el vapor que se generaba en su interior era tan denso y salvaje, que el edificio parecía cobrar vida propia.

Lo que hace verdaderamente singular a este hamam es su avanzado sistema de calefacción, inspirado en el hipocausto romano. El suelo y las paredes no se calentaban desde las salas principales, sino mediante una gran caldera central ubicada en el exterior del edificio. Desde allí, el aire caliente se distribuía por todo el complejo a través de una ingeniosa red de túneles de ladrillo subterráneos.

En aquella época, la presencia de un hamam de estas dimensiones reflejaba la enorme importancia estratégica y comercial de la ciudad. Los baños eran el auténtico epicentro de la vida social: un lugar de encuentro donde se cerraban negocios, se concertaban matrimonios y se debatía de política. Eso sí, todo ello bajo una estricta segregación de géneros, por lo que hombres y mujeres tenían horarios y días de uso completamente separados.

Hoy en día, el Deli Hamam ha sido magníficamente restaurado y está abierto al público. Su interior alberga una fascinante exposición multimedia interactiva que, entre juegos de luces y sonidos, te hace retroceder en el tiempo hasta los días del Imperio Otomano, cuando este rincón era el corazón palpitante de Lovech.


Y con esto concluye nuestra visita a Lovech, recomiendo una buena cena, nosotros lo hicimos en el restaurante del Hotel, y fue todo un acierto, y por la noche acercarse a ver el puente de madera iluminado, una imagen icónica e inolvidable de la ciudad. Al día siguiente, en nuestro último día en Bulgaria, nos esperan cuevas, monasterios y pueblos con encanto.