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domingo, 31 de mayo de 2026

LOVECH, CUEVA PROHODNA Y CUEVA SAEVA DUPKA

 LOVECH, CUEVA PROHODNA,  Y CUEVA SAEVA DUPKA

Dejamos Veliko Tarnovo por la mañana temprano porque nos quedaban varias horas de camino por delante. El plan del día era súper completo: queríamos visitar un par de las cuevas más famosas de Bulgaria para después volver sobre nuestros pasos y pasar la tarde disfrutando del encantador pueblo de Lovech, mundialmente conocido por su precioso puente cubierto de madera. 

La primera de nuestras paradas fue la cueva Prohodna, famosa en todo el mundo como la cueva de los "Ojos de Dios". Este lugar tan mágico se encuentra situado a unos 150 kilómetros de Veliko Tarnovo, lo que se traduce en unas dos horas de coche conduciendo tranquilamente por la carretera nacional principal, la E772.


CUEVA PROHODNA

Llegar hasta la cueva de Prohodna es relativamente fácil, ya que solo tendrás que seguir las indicaciones en cuanto dejes la carretera nacional. Por el coche ni te preocupes, porque hay una gran explanada justo enfrente donde se aparca de maravilla y donde además encontrarás algunos puestecillos locales con agua, algo de comer y recuerdos del viaje. Una de las grandes ventajas que tiene este lugar es que es totalmente gratis, por lo que no tendrás que pagar entrada ni preocuparte por reservar con antelación.

Desde el aparcamiento hasta la cueva apenas hay un camino forestal de unos pocos minutos y, en cuanto termines de serpentear entre los árboles, te darás de bruces con la enorme entrada. Para que te hagas una idea de dónde estás metido, esta maravilla se formó durante el período Cuaternario debido a la disolución de la roca caliza, por lo que tiene más de 65 millones de años de historia. Aunque la llamemos cueva, en realidad es un puente natural gigantesco —de hecho, es el más largo de toda Bulgaria— con 262 metros de longitud, y cuenta con dos accesos principales: la Entrada Grande, que es por la que vas a acceder y que tiene unos impresionantes 45 metros de altura, y la Entrada Pequeña, de unos 35 metros.

Los Ojos de Dios

Sin duda, el gran reclamo de este lugar, además de su descomunal tamaño y su altura, son las dos aberturas idénticas que verás en el techo, los famosísimos "Ojos de Dios". Y no, estos ojos no tienen origen humano, ya que nadie se subió hasta ahí arriba con un cincel para tallarlos a mano; se originaron de forma cien por cien natural a lo largo de miles de años gracias a la erosión del agua, el viento y las filtraciones de la lluvia. A este fenómeno geológico, que se puede ver en otras cuevas del mundo aunque pocas veces de forma tan perfecta y llamativa, se le llama técnicamente formación de chimeneas kársticas. 

Además, este rincón mágico ya se usaba en la antigüedad, y los arqueólogos han encontrado herramientas que demuestran que estuvo habitada por humanos durante el Neolítico. Precisamente por su forma tan peculiar, siempre ha sido considerada un lugar cargado de una fuerte energía espiritual, y las tribus locales la utilizaban como un santuario para sus rituales. Se cree que los antiguos sacerdotes esperaban a momentos específicos del año para celebrar sus ritos justo cuando los rayos del sol atravesaban "los ojos" de par en par, iluminando el suelo de la cueva e interpretando aquello como una auténtica señal divina. 

Los Ojos de Dios



Si caminas hasta el final del recorrido, lo más probable es que te encuentres con gente escalando con cuerdas, ya que las paredes del cañón son totalmente verticales y es un sitio idílico para la escalada deportiva. 

Para terminar tu visita con buen pie, te dejo un par de consejos clave: si ha llovido recientemente o hay mucha humedad, el terreno de la entrada se vuelve extremadamente resbaladizo, así que ten mucho cuidado con el calzado que llevas; por el contrario, si te pilla un día de lluvia, tendrás la oportunidad única de ver cómo cae el agua a través de los orificios del techo, creando un efecto óptico brutal en el que parece, real y literalmente, que Dios está llorando.



CUEVA SAEVA DUPKA

La siguiente cueva que vamos a visitar es Saeva Dupka, para lo cual toca volver un poco sobre nuestros pasos y poner rumbo en dirección a Lovech. No está para nada lejos de Prohodna, ya que en poco más de media hora en coche te plantas allí. 

Lo primero que nos llamó poderosamente la atención al llegar fue que no había absolutamente nadie; mientras que en Prohodna coincidimos con algunos turistas, hasta aquí parecía no llegar un alma. Al acercarnos a la caseta de la entrada, el vigilante nos explicó que las visitas eran guiadas y nos pidió que esperáramos unos diez minutos. Pagamos nuestra entrada, que costó unos 3 euros, y esperamos sentados frente a la reja que cerraba la cueva.

Nos quedamos allí pensando que haríamos el recorrido con más gente pero, para nuestra sorpresa, al pasar ese tiempo apareció de nuevo el vigilante para enseñarnos la cueva en exclusiva, ¡únicamente para nosotros! Esto hizo que la experiencia fuese fascinante, no solo por lo espectacular del lugar, que es sinceramente impresionante, sino por los detalles y explicaciones que nos fue dando a cada paso.

            

Como os decía, esta cueva no tiene absolutamente nada que ver con Prohodna: si aquella era un puente natural enorme y luminoso, Saeva Dupka es una cueva tradicional, subterránea, oscura, misteriosa y repleta de formaciones calcáreas de esas que te dejan con la boca abierta. 

Su nombre rinde homenaje a dos hermanos pastores, Saeu y Dupán, que vivieron en la zona durante la ocupación otomana; cuenta la leyenda que descubrieron este agujero por casualidad mientras buscaban refugio y lo utilizaron para esconderse de los turcos. Sin embargo, su historia va mucho más allá, ya que también se han hallado restos de la época romana en su interior, lo que demuestra que ha servido de protección desde hace siglos. El recorrido tiene unos 400 metros de longitud y está dividido en cinco salas espectaculares, siendo la más famosa la conocida como Sala del Concierto, que posee una acústica tan brutal que se han llegado a celebrar en ella recitales de coros de música clásica. 

           

Otra de las cosas que más imponen son sus descomunales estalactitas y estalagmitas, que en muchos puntos se unen creando columnas de un diámetro asombroso. Pero, sin duda, uno de los momentos más mágicos y sorprendentes de la visita fue ver cómo el propio guía era capaz de componer una hermosa melodía tocando simplemente distintas estalactitas con suavidad, aprovechando que cada grosor emite un sonido totalmente diferente. 

La visita dura aproximadamente una media hora y el interior está perfectamente acondicionado con pasarelas que te permiten desplazarte con comodidad, aunque debes ir mentalizado para subir y bajar unas cuantas escaleras. Os aseguro que es una experiencia que merece muchísimo la pena y que recordaréis siempre.




LOVECH

Después de visitar la cueva Saeva Dupka, pusimos rumbo a Lovech, la ciudad elegida para almorzar y pasar la noche. Nos alojamos en el Hotel Varosha, un alojamiento con muchísimo encanto y típicamente búlgaro, con sus características vigas de madera y una decoración de lo más tradicional; además, en su sótano cuenta con una taberna típica donde pudimos disfrutar de una comida local exquisita. En un principio, planeamos hacer noche en Lovech simplemente por pura logística, ya que su ubicación estratégica nos permitía visitar la zona de las cuevas búlgaras y, al día siguiente, descender cómodamente hacia el Monasterio de Troyan y Koprivshtitsa.

Sin embargo, lo que empezó siendo una simple parada técnica terminó convirtiéndose en todo un acierto. Y es que a esta zona de Bulgaria apenas llegan turistas occidentales, lo que te permite descubrir cada rincón prácticamente en soledad, deteniéndote el tiempo que quieras donde te apetezca, paseando con una tranquilidad absoluta y comiendo en restaurantes de muchísima calidad sin necesidad de pelearte por una reserva. De hecho, nosotros llegamos en pleno horario de almuerzo pensando que íbamos tardísimo, pero pudimos sentarnos a comer sin el más mínimo problema en el Restaurante Drakata, un sitio fantástico en pleno centro de Lovech y muy cerca de su famoso puente cubierto.


Haciendo un poco de memoria histórica para entender la importancia del lugar, cabe destacar que Lovech es uno de los asentamientos más antiguos de toda Bulgaria. Sus primeros pobladores fueron los tracios, quienes fundaron aquí la fortaleza de Melta allá por el siglo IV a.C. Más tarde, los romanos se establecieron en la zona y construyeron un puesto militar clave para controlar las rutas comerciales que provenían del este de Europa. Sin embargo, el verdadero momento cumbre de Lovech llegó a finales del siglo XII, cuando la ciudad se convirtió en un centro militar y comercial estratégico para la región. 

Tanta era su relevancia por aquel entonces que en su propia fortaleza se firmó, en el año 1187, el importantísimo tratado de paz con el Imperio Bizantino que supuso, ni más ni menos, el nacimiento oficial del Segundo Imperio Búlgaro y su total independencia de Bizancio. A partir de ahí, y con la posterior llegada del dominio turco, Lovech fue perdiendo peso político y comercial de forma paulatina, lo que no impidió que siglos más tarde se convirtiera en una pieza fundamental para los levantamientos revolucionarios contra el Imperio Otomano, llegando a liderar una de las mayores sublevaciones de todo el país en su lucha por la libertad.


¿QUE VER EN LOVECH?

Hay varios puntos en Lovech que puedes ver perfectamente en una tarde:
  • El Puente Cubierto 
  • El Barrio de Varosha
  • La Iglesia Ortodoxa de la Asunción de la Virgen María
  • La Fortaleza Hysarya
  • Los antiguos baños públicos de la ciudad "Deli Hamam"

EL PUENTE CUBIERTO

El Puente Cubierto es, sin duda, la joya de la corona y lo más icónico de Lovech. Se construyó originalmente entre 1872 y 1874 en madera y piedra, pero desgraciadamente sufrió un incendio brutal en 1925 y se quemó por completo. Unos años más tarde lo reconstruyeron en hormigón y acero para asegurar la estructura, y no fue hasta la década de los 80 cuando lo remodelaron para devolverle ese aspecto rústico de madera idéntico al original, dejando el interior repleto de pequeñas tiendas de artesanía y recuerdos.

Ahora bien, para mi gusto, el puente es muchísimo más bonito por fuera que por dentro. Por dentro se ha quedado un poco anticuado y las tiendas que hay tampoco es que sean nada del otro mundo ni resulten muy atractivas. 


Está bien para cruzarlo y dar un paseo cotilleando el interior, pero desde luego lo que de verdad te va a llamar la atención y te va a obligar a sacar la cámara es su estampa desde fuera.


EL BARRIO VAROSHA

A unos metros del Puente Cubierto vas a dar directamente con el casco antiguo de la ciudad, el barrio de Varosha. Es un auténtico laberinto de callejuelas empedradas, estrechas y bastante empinadas que se van adaptando a la silueta de la colina de la fortaleza.

Durante el paseo, lo que más te va a llamar la atención son sus casas. Las plantas bajas están construidas con piedra y rodeadas de muros altísimos que dan a la calle, una técnica que usaban para protegerse y mantener el frescor de la vivienda. En cambio, las plantas superiores sobresalen hacia fuera y están hechas de madera, con unos ventanales enormes para aprovechar al máximo la luz del sol.

Lo mejor que puedes hacer aquí es callejear sin rumbo fijo. Toda la zona está súper bien conservada y se respira una tranquilidad increíble. Además, en cualquier esquina te topas con rincones interesantes, como las Casas Drasova y Rashova. Son dos viviendas típicas del siglo XIX reconvertidas en museos etnográficos que vienen de lujo para cotillear los muebles y trajes reales de la época, y ver cómo vivían las familias ricas de comerciantes de Lovech. También hay hueco para la historia pura y dura en el Museo de Vasil Levski, el héroe nacional más venerado de Bulgaria y apodado el "Apóstol de la Libertad", que dedicó su vida a liberar al país del Imperio Otomano y que, precisamente, fue capturado muy cerca de aquí.

Perdiéndonos por estas calles llegamos a una iglesia que se notaba que estaba en plena fase de restauración. Sinceramente, entramos sin muchas expectativas por el estado en el que se encontraba, pero al final fue toda una sorpresa. Probablemente por ese mismo ambiente de obras y gracias a las explicaciones —en una mezcla genial de medio inglés y medio búlgaro— de la señora que vigilaba el lugar, pudimos descubrir y vivir una iglesia ortodoxa desde un prisma totalmente distinto a lo habitual.


IGLESIA ORTODOXA DE LA ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA

Y es que durante el dominio otomano, los búlgaros no lo tenían nada fácil para levantar sus templos. Por ley, las iglesias cristianas tenían que ser semisubterráneas o, al menos, su altura no podía superar la de un hombre a caballo para no "ofender" el paisaje de las mezquitas. Para cumplir la norma pero a la vez construir un templo imponente, los maestros arquitectos de Varosha tiraron de ingenio y excavaron el suelo hacia abajo. Por eso, en cuanto entras, compruebas que tienes que bajar varios escalones; una forma genial de conseguir una iglesia mucho más grande por dentro sin levantar sospechas por fuera.

La señora que nos enseñó el lugar era un auténtico personaje y tenía muchísima gracia. No paraba de quejarse de lo abandonados que los tenía el gobierno a la hora de soltar dinero para el mantenimiento y la restauración de las iglesias. Me acuerdo perfectamente de que decía constantemente: "Bulgaria... Bulgaria...", suspirando con una mezcla de resignación y pena, como si la decadencia fuera algo inherente al propio país.

A pesar de las obras y del estado del templo, hubo algo que nos dejó con la boca abierta: el impresionante iconostasio que separa el santuario de la zona donde se colocan los fieles. Por lo que nos estuvo explicando la mujer, fue tallado a mano por maestros artesanos de la zona y, si te acercas un poco, es una auténtica locura. Consiguieron esculpir motivos vegetales, ángeles y escenas bíblicas con una precisión y un nivel de detalle asombrosos.

Al final, le dejamos una propina a la buena mujer para poner nuestro granito de arena en el mantenimiento del lugar, nos despedimos y seguimos la ruta hacia el punto más alto de la ciudad: la Fortaleza de Hysarya.

LA FORTALEZA DE HYSARYA

Continuamos el ascenso por el pintoresco barrio de Varosha. Tras dejar atrás la iglesia, subimos por unas escaleras que nos conducen directamente a las puertas de la Fortaleza de Hisarya, la cual corona majestuosamente el skyline de Lovech.

Justo en la entrada te recibirá la imponente estatua de 14 metros de altura de Vasil Levski, el gran patriota que lideró la insurgencia contra el Imperio Otomano y de quien te hablé líneas arriba. Si te apasiona su historia, toma nota: hay un museo dedicado a su vida justo antes de empezar la escalinata. Desde este punto, las panorámicas de toda la ciudad y del río Osam son sencillamente espectaculares, así que saca la cámara porque es el momento perfecto para hacer fotos.

A la izquierda del monumento verás una pequeña cabina donde se compran las entradas. No debe de recibir muchas visitas a diario, porque el taquillero nos acogió con auténtica emoción... Y, en cierto modo, lo entiendo perfectamente: durante todo nuestro recorrido por el recinto no nos cruzamos con un solo alma. Un auténtico lujo.

Como la gran mayoría de las fortificaciones medievales, la de Hisarya goza de un emplazamiento estratégico inigualable. Situada en la cima de una colina rocosa, domina por completo el núcleo urbano y el curso del río. Esta ubicación la convertía en una plaza prácticamente inexpugnable, ya que los acantilados y las paredes verticales sobre las que se asienta funcionaban como letales defensas naturales.

El gran hito histórico de este lugar ocurrió en el año 1187, cuando el emperador bizantino Isaac II Ángelo sitió Lovech para intentar sofocar la rebelión de los hermanos búlgaros Asen y Peter. Tras tres meses de asedio infructuoso, los bizantinos asumieron que era imposible conquistarla, levantaron el campamento y firmaron el Tratado de Paz de Lovech. Este documento supuso el reconocimiento oficial del Segundo Imperio Búlgaro, convirtiendo a esta fortaleza en la mismísima cuna de la independencia medieval del país.

El complejo contaba con imponentes muros y torres de vigilancia distribuidos en dos grandes áreas defensivas: la fortaleza exterior, diseñada para refugiar a la población local en caso de ataque, y la ciudadela interior, el núcleo fortificado más protegido y reservado exclusivamente para el gobernador y la guarnición militar.

Al cruzar la puerta principal de la fortaleza, te encontrarás ante una gran explanada. Si te fijas en el centro, verás los vestigios de los cimientos de varios templos; y es que este recinto llegó a albergar hasta siete iglesias construidas en distintas épocas medievales.

A la izquierda de la entrada se aprecian los restos de la ciudadela interior, de la que aún se mantienen en pie algunos lienzos de muralla y las ruinas de la iglesia principal. Hoy en día lo que vas a ver son, en su mayoría, restos dispersos y cimientos. 


La razón de este estado de ruina es trágica: la fortaleza de Lovech fue una de las últimas plazas búlgaras en caer en manos de los invasores otomanos, quienes se ensañaron con el lugar destruyéndolo a conciencia para evitar que volviera a convertirse en un foco de rebelión.


DELI HAMAM 

Concluida la visita a la fortaleza, desandamos nuestros pasos para descender de nuevo por el barrio de Varosha, dejándonos llevar por sus calles estrechas y serpenteantes, flanqueadas por casas que parecen sacadas de otra época. Antes de retirarnos al hotel, y aprovechando que la noche empieza a caer sobre la ciudad, hacemos una última parada en el último gran punto turístico de Lovech: sus antiguos baños turcos.

Conocidos localmente como Deli Hamam, estos baños no son un complejo termal común, sino el último hamam otomano de este tipo que ha sido completamente restaurado en Bulgaria.

Su construcción se remonta a mediados del siglo XVI, en pleno apogeo del dominio otomano en la región. El curioso apodo de Deli Hamam (que se traduce como "Baño Loco") proviene de una leyenda local: se decía que el agua brotaba con tanta fuerza y abundancia, y el vapor que se generaba en su interior era tan denso y salvaje, que el edificio parecía cobrar vida propia.

Lo que hace verdaderamente singular a este hamam es su avanzado sistema de calefacción, inspirado en el hipocausto romano. El suelo y las paredes no se calentaban desde las salas principales, sino mediante una gran caldera central ubicada en el exterior del edificio. Desde allí, el aire caliente se distribuía por todo el complejo a través de una ingeniosa red de túneles de ladrillo subterráneos.

En aquella época, la presencia de un hamam de estas dimensiones reflejaba la enorme importancia estratégica y comercial de la ciudad. Los baños eran el auténtico epicentro de la vida social: un lugar de encuentro donde se cerraban negocios, se concertaban matrimonios y se debatía de política. Eso sí, todo ello bajo una estricta segregación de géneros, por lo que hombres y mujeres tenían horarios y días de uso completamente separados.

Hoy en día, el Deli Hamam ha sido magníficamente restaurado y está abierto al público. Su interior alberga una fascinante exposición multimedia interactiva que, entre juegos de luces y sonidos, te hace retroceder en el tiempo hasta los días del Imperio Otomano, cuando este rincón era el corazón palpitante de Lovech.


Y con esto concluye nuestra visita a Lovech, recomiendo una buena cena, nosotros lo hicimos en el restaurante del Hotel, y fue todo un acierto, y por la noche acercarse a ver el puente de madera iluminado, una imagen icónica e inolvidable de la ciudad. Al día siguiente, en nuestro último día en Bulgaria, nos esperan cuevas, monasterios y pueblos con encanto.











martes, 19 de mayo de 2026

VELIKO TARNOVO

VELIKO TARNOVO


Volvimos a Veliko Tarnovo a mediodía, justo para almorzar. Si ya has visitado Arbanasi y los monasterios de las afueras, te das cuenta de que la zona turística de la ciudad se recorre rápido porque es pequeñita.

Como os decía, lo primero fue ir a comer a un restaurante de nombre impronunciable: Shtastliveca. Habíamos leído muy buenas críticas de sus vistas y, la verdad, son excepcionales. La comida también está bien, pero los camareros son realmente antipáticos

Si haces de tripas corazón y vas mentalizado para que te traten como si te perdonasen la vida, el sitio merece la pena solo por las vistas; desde allí tienes a tus pies todas las casas que cuelgan del acantilado del río Yantra y el Monumento a la Dinastía Asen. Además, es un buen punto de partida para patearte el centro en una tarde.

A Veliko Tarnovo se la conoce como la "Ciudad de los Zares", ya que fue el epicentro del Segundo Imperio Búlgaro a finales del siglo XII, cuando los hermanos Asen se rebelaron contra los bizantinos. Antiguamente la ciudad se llamaba solo Tarnovo; lo de "Veliko" (que significa Grande) se añadió en 1965 como homenaje a su importancia en la independencia del país.

Durante los siglos XIII y XIV, la ciudad mandaba en los Balcanes a nivel político y religioso, llegando a rivalizar con la mismísima Constantinopla. De esa época es la famosa Fortaleza de Tsarevets, donde vivían los zares y el patriarca.

Pero a finales del XIV la cosa cambió: tras un asedio de tres meses, la ciudad cayó ante el Imperio Otomano. Fue saqueada, destruyeron o convirtieron sus iglesias y Bulgaria perdió su independencia durante casi 500 años. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que empezaran los primeros conatos de independencia. La ciudad se volvió un foco de resistencia y, tras la liberación, tuvo el honor de ser la primera capital de Bulgaria.

Hoy en día no es solo un sitio turístico imprescindible, sino que tiene mucha vida gracias a su industria y a que es un centro universitario muy importante.


¿QUE VER EN VELIKO TARNOVO?

MIRADORES AL ACANTILADO DEL RÍO YANTRA

Nada más salir del restaurante a medio día comenzamos a pasear por Veliko Tarnovo, y nuestra primera parada es en uno de los miradores que hay a lo largo de la calle Stefan Stambolov. El mirador se encuentra sobre una pasarela metálica que sobresale sobre el nivel de las casas de la calle, por lo que la vista del acantilado es impresionante, pues no solo ves el río Yantra, sino que tienes una vista excepcional sobre el Monumento a la Dinastía Asen.

Si continuamos por la calle, a muy pocos metros se encuentra otro de los lugares que debes visitar en Veliko Tarnovo, el Complejo Etnográfico "Samovodska Charshiya".

COMPLEJO ETNOGRÁFICO SAMOVODSKA CHARSHIYA

El Complejo Etnográfico Samovodska Charshiya, es también conocido como el Viejo Bazar y funciona como un museo al aire libre que preserva la esencia del Renacimiento Nacional Búlgaro.

Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, cuando Bulgaria aún se encontraba bajo el dominio del Imperio Otomano. En el lugar donde hoy se encuentra el complejo, se cruzaban los caminos de varios pueblos cercanos, y allí se celebraban mercados agrícolas. Uno de los grupos de campesinos que acudían al mercado eran los del pueblo de Samovodene, de ahí el nombre "Samovodska Charshiya", que se traduce literalmente como el mercado de Samovodene. Con los años, el mercado creció, convirtiéndose en el corazón comercial y artesanal de la ciudad. Ya no solo era un mercado agrícola, ahora había comercios, alojamientos para los mercaderes y talleres artesanales.

A mediados del siglo XX, la zona perdió su función comercial original y cayó en el abandono. No fue ya hasta la década de 1980, cuando se llevó a cabo su reconstrucción, recuperándose muchos de los edificios que estaban en ruinas y llenando la zona de tiendas y restaurantes.

En el interior del barrio verás muchas casas construidas durante los siglos XVIII y XIX, que siguen un patrón común; el color blanco atravesado por vigas de madera, con tejados de teja y voladizos que sobresalen hacia la calle. También encontrarás talleres que siguen en funcionamiento, conservando las antiguas tradiciones artesanales búlgaras, como orfebres, alfareros, tejedurías y muchas más.

Hay tres puntos destacados que puedes visitar dentro del complejo:

  • El Monumento a Stefan Stambolov: Rinde homenaje a uno de los revolucionarios y políticos más importantes de la Bulgaria moderna.

  • La Casa de Emilian Stanev: Dedicada a este célebre escritor búlgaro.

  • La Casa del Mono: Una famosa edificación llamada así por una pequeña escultura de un mono en su fachada.

Por lo demás, y por no crear grandes expectativas, no esperes un gran complejo enorme, ni deslumbrante, pero sí es un rincón animado, con muchos comercios, y con mucha animación tanto de turistas como de búlgaros.

FORTALEZA DE TSAREVETS

Tras dejar atrás el encanto de Samovodska Charshiya, nos dirigimos hacia el lugar más emblemático y espectacular de Veliko Tarnovo: la imponente Fortaleza de Tsarevets. Situada sobre la colina homónima, se alza majestuosa rodeada casi por completo por los impresionantes acantilados que dibuja el río Yantra.

Este gran símbolo de la ciudad cuenta con una historia milenaria: estuvo habitado desde el segundo milenio a.C. y vio pasar a romanos, bizantinos y otomanos. Sin embargo, su período de mayor esplendor llegó a finales del siglo XII, durante el Segundo Imperio Búlgaro, cuando Veliko Tarnovo fue nombrada capital. En esta fortaleza, considerada inexpugnable para la época, gobernaron los reyes búlgaros durante más de dos siglos. Pero nada es eterno; a finales del siglo XIV, las tropas otomanas sitiaron el lugar durante meses, terminando por saquearlo y destruirlo casi en su totalidad. Desde entonces, Tsarevets quedó reducida a ruinas hasta que en la década de 1930 comenzaron las excavaciones arqueológicas y su posterior restauración.

Fortaleza de Tsarevets

Para acceder al recinto es necesario adquirir una entrada (cuyo precio ronda los 8 euros) en la caseta situada justo antes del puente de piedra. Este puente, que salva el foso natural excavado por el río Yantra, es la antesala a un viaje en el tiempo. A medida que avanzas, te das cuenta de que Tsarevets no era solo un castillo, sino una auténtica ciudad medieval amurallada que llegó a albergar palacios, iglesias, talleres y viviendas.

Lo primero que llama la atención es el sistema defensivo, compuesto por una sucesión de tres puertas; una de ellas ha sido completamente restaurada y cuenta con un puente levadizo. Una vez dentro, se pueden explorar los restos del antiguo Palacio Real, que en su época dorada albergaba la residencia del monarca, la iglesia palaciega y amplios almacenes.

Coronando lo alto de la colina se encuentra la Iglesia Patriarcal de la Ascensión del Señor. Aunque su exterior fue reconstruido siguiendo fielmente la arquitectura medieval búlgara, su interior esconde una gran sorpresa: unos impactantes murales de estilo modernista que rompen por completo con la estética de las iglesias tradicionales que habrás visitado.

Por último, hay dos rincones cargados de historia que no te puedes perder: la Torre de Balduino, donde según la leyenda murió encarcelado el emperador Balduino I tras ser capturado por el zar Kaloyan en la batalla de Adrianópolis (1205); y la Roca de las Ejecuciones, un espectacular acantilado cortado a pico sobre el río Yantra desde donde, antiguamente, eran empujados los traidores del reino.

CALLE DEL GENERAL GURKO

Volvemos sobre nuestros pasos pero lo hacemos por la calle paralela; una vía estrecha, peatonal y empedrada que serpentea siguiendo el curso del río Yantra. Está repleta de casas tradicionales y es, sin duda, la calle más bonita y con más encanto de Veliko Tarnovo: hablamos de la Calle General Gurko.

El General Gurko, que da nombre a la calle, fue el militar ruso que lideró las tropas que liberaron a Veliko Tarnovo del dominio otomano el 7 de julio de 1877, durante la guerra ruso-turca. Los habitantes de la ciudad lo recibieron en esta misma calle como a un auténtico héroe, por lo que decidieron rebautizarla en su honor.








Al estar situada en plena ladera de la colina, las casas de uno de los lados parecen colgar literalmente sobre el acantilado. Esto hace que el paseo ofrezca unas vistas espectaculares del río Yantra, de los puentes que lo cruzan y del impresionante Monumento a la Dinastía Asen en la otra orilla.

Pero no todo es de cuento. Aunque encontrarás casas preciosas con sus fachadas blancas, estructuras de madera y balcones de hierro cubiertos de geranios, hiedras y flores, también verás muchas viviendas abandonadas y en muy mal estado. Y es que, a pesar del atractivo turístico de la ciudad, aún quedan muchas cosas por restaurar en Veliko Tarnovo.

Eso sí, la calle esconde rincones preciosos con un ambiente bohemio, tranquilo y muy relajado. Además, cuenta con un par de cafeterías cuyas terrazas te invitan a sentarte y tomarte un café sin prisas, simplemente para disfrutar de las vistas.




EL MONUMENTO A LA DINASTIA ASSEN

Después de pasear por la Calle General Gurko durante un buen rato y tomarnos un café en la terraza del Hotel Gurko, disfrutando de las vistas al acantilado y al Monumento a la Dinastía Asen, nos ponemos en camino para visitar el conjunto escultórico de cerca y contemplar la ciudad desde allí. Hay que decir que el monumento se encuentra en la otra orilla del río, en un punto más bajo que el casco histórico, por lo que se obtiene una perspectiva totalmente distinta de Veliko Tarnovo.


El camino de descenso va de más a menos. Dejamos atrás la bella calle Gurko y nos adentramos en calles que están bastante más dejadas, señal inequívoca de que por aquí ya no pasan tantos turistas. De hecho, pasamos junto al Gran Hotel Veliko Tarnovo, un edificio que sin duda ha pasado por tiempos mejores.

(Aprovecho para hacer un inciso y recomendaros el alojamiento donde nos quedamos nosotros. Si bien está a unos cinco minutos andando del centro, está completamente nuevo y cuenta con todas las comodidades: el Park Hotel Novel, todo un acierto).

Cuando por fin llegamos abajo, tras cruzar un pequeño puente que salva el río Yantra, nos encontramos de frente con el enorme edificio de la Pinacoteca Boris Denev (la galería de arte de la ciudad). Justo a su izquierda, entramos en una gran plaza en cuyo centro se alza el descomunal monumento.

Y es que, si hay una imagen icónica que se te queda grabada en la retina al visitar Veliko Tarnovo, es el Monumento a la Dinastía Asen, una obra de dimensiones colosales que rinde homenaje a los cuatro zares de la dinastía Asen, quienes devolvieron a Bulgaria su gloria medieval tras romper el yugo del Imperio Bizantino.

Hacia el año 1185, Bulgaria llevaba casi dos siglos bajo el dominio bizantino. Fue entonces cuando dos hermanos de la nobleza local, Asen y Peter, lideraron un gran levantamiento popular desde Veliko Tarnovo que logró expulsar a las tropas invasoras. Tras esta victoria, declararon a Veliko Tarnovo como la nueva capital y fundaron el Segundo Imperio Búlgaro. Bajo el mandato de los hermanos, y posteriormente de sus sucesores Kaloyan e Ivan Asen II, Bulgaria vivió su época de mayor esplendor medieval, expandiendo sus fronteras hasta tocar tres mares (el Negro, el Egeo y el Adriático) y convirtiendo la ciudad en un foco cultural y económico de primer orden en Europa.

El monumento que vemos hoy se construyó en 1985 para conmemorar el 800 aniversario de aquella histórica rebelión. En la zona central se alza una gigantesca espada de 33 metros de altura orientada hacia el cielo, que simboliza el poder, la fuerza militar y el auge de la Bulgaria medieval. Alrededor de ella se sitúan las estatuas ecuestres de los cuatro zares Asen. Cada uno está representado de forma distinta en función de su influencia histórica: los hermanos Asen y Peter muestran un aire triunfal por ser los artífices de la independencia; Kaloyan aparece en postura de batalla, reflejando su fama de gran estratega militar; e Ivan Asen II porta un pergamino que simboliza el florecimiento cultural durante su reinado.

Más allá del monumento, que realmente impresiona por su tamaño, os aconsejo deteneros un buen rato a observar las vistas de la ciudad desde la plataforma. Recorrer la panorámica de un extremo a otro, contemplando cómo las casas parecen colgar del acantilado, regala, sin duda, una de las postales más bonitas de Veliko Tarnovo.

Esta fue nuestra última visita en la ciudad. El resto de la tarde la pasamos paseando y descansando, ya que al día siguiente partíamos hacia Lovech. Tocaba cambiar de escenario: ¡las enormes cuevas búlgaras nos estaban esperando!


















viernes, 1 de mayo de 2026

MONASTERIO DE LA TRANSFIGURACION Y MONASTERIO DE DRYANOVO

EL MONASTERIO DE LA TRANSFIGURACION Y EL MONASTERIO DE DRYANOVO

Tras dejar Arbanasi, volvemos hacia las afueras de Veliko Tarnovo para visitar otro de los Monasterios más importantes de la zona, el Monasterio de la Trsansfiguracion

MONASTERIO DE LA TRANSFIGURACION

Llegar a este monasterio es relativamente fácil; se encuentra a unos 20 minutos de Arbanasi y está bien indicado. La entrada es gratuita y, al igual que sucede en Arbanasi, prácticamente seremos los únicos turistas que lleguen hasta aquí.

El complejo se encuentra enclavado en la loma de una montaña, por lo que lo primero que llama la atención es la espesura de los bosques que lo circundan. El recinto exterior luce algo descuidado, un detalle curioso dado que los monasterios en Bulgaria suelen estar impecables. Sin embargo, esto le otorga un aire más atrayente, como si realmente retrocedieses en el tiempo.

El monasterio original tiene su origen en la Edad Media, alrededor del siglo XIV, pero fue completamente arrasado durante la invasión otomana a finales de esa misma centuria. El complejo actual data del siglo XIX, cuando se inició su reconstrucción en una ubicación ligeramente diferente a la original.

Nada más entrar en el recinto te darás cuenta de su distribución: a la izquierda se alzan un par de edificios de varios pisos con gruesas traviesas de madera que albergaban las celdas de los monjes y las estancias auxiliares, como cuadras, graneros y almacenes. Su estado de conservación es bastante bueno, a pesar de que el monasterio se vio afectado por desprendimientos de rocas a finales del siglo XX. Como mencioné antes, al reposar sobre la ladera de un acantilado, la caída de rocas es frecuente; de hecho, tras la iglesia y junto al campanario, verás varios edificios afectados por estos desprendimientos que aún no han sido reconstruidos.

Junto a estos edificios residenciales y de almacenaje, en el centro del patio, se sitúan la iglesia y el campanario. El monasterio es célebre por su arquitectura y por sus extraordinarias pinturas, tanto exteriores como interiores.


La iglesia principal es considerada una pieza única porque rompe con el esquema tradicional de los templos ortodoxos de la época. A diferencia de las iglesias construidas hasta entonces, que solían ser cuadradas, aquí se emplearon líneas curvas con formas onduladas en las cornisas y en la parte superior de las fachadas. Además, se añadió una cúpula que permite una mayor entrada de luz, rompiendo con la atmósfera sombría de los templos medievales.

             


También se incorporaron galerías exteriores con un pórtico de columnas que rodea el edificio, decorado con murales gigantescos protegidos por techos extendidos para evitar su deterioro. Un ejemplo magistral es el fresco de la Rueda de la Vida, que a diferencia de otros monasterios, se ubica en la fachada exterior. Al colocar esta obra fundamental fuera, la iglesia deja de ser solo un lugar de oración para convertirse en un "libro abierto" para los peregrinos, proclamando el mensaje religioso antes incluso de cruzar el umbral.

El interior de la iglesia, ricamente decorado a mediados del siglo XIX, alberga pinturas fascinantes como la del Juicio Final. Presenta escenas coloridas de temática sombría donde el diablo tortura a los pecadores. Lo curioso de esta representación es que no se limita a figuras bíblicas; el artista aprovechó para ejercer una crítica social, retratando a pecadores arrastrados al infierno con las ropas de la aristocracia y de los comerciantes corruptos de la época, así como a mujeres con vestiduras ostentosas como crítica a la vanidad.

En las bóvedas y techos encontrarás el Árbol de Jesé, una representación detallada del linaje de Jesús muy popular en la tradición ortodoxa. En las paredes, junto a los santos bizantinos clásicos, destaca una fuerte presencia de santos locales y nacionales, reforzando así la identidad nacional búlgara en una época en la que el país aún estaba sometido al Imperio Otomano.

Visitar el Monasterio de la Transfiguración es una de las experiencias imprescindibles si pasas por Veliko Tarnovo. Aunque se pueda caer en la tentación de pensar que "visto un monasterio, vistos todos", la realidad es que cada uno es distinto; cada detalle cuenta y cada emplazamiento tiene su propio encanto. No dejes de visitarlo si tienes la oportunidad.

MONASTERIO DE DRYANOVO

Una vez terminamos, nos ponemos nuevamente en camino para visitar el último monasterio de la zona antes de regresar a Veliko Tarnovo. Este monasterio se encuentra a tan solo media hora de la ciudad y, aunque está ubicado en un desfiladero espectacular rodeado de imponentes acantilados calizos y las aguas de los ríos Dryanovska y Andaka, de todos los que vimos es probablemente el menos impresionante a nivel arquitectónico.

La entrada al recinto es gratuita, aunque en el aparcamiento exterior deberás pagar por dejar el vehículo a los vigilantes que realizan el cobro allí mismo. Si te gusta el senderismo, a solo 300 metros del monasterio se halla la cueva Bacho Kiro, a la cual se accede a través de un sendero boscoso donde incluso podrás ver algunas cascadas.

El origen del monasterio se remonta al siglo XII, durante el Segundo Imperio Búlgaro. No obstante, el complejo que vemos hoy no es el de aquella época; además de haber sido destruido en varias ocasiones por las incursiones otomanas, su ubicación original se encontraba a unos 2 km de su emplazamiento actual. Las estructuras que visitamos hoy en día fueron construidas durante el siglo XIX.

La verdadera importancia histórica de este lugar radica en que fue el epicentro de la Sublevación de Abril (1876) contra el Imperio Otomano. Aquí, un grupo de 200 rebeldes resistió durante nueve días el asedio de un ejército turco de 10.000 hombres. Debido a este enfrentamiento, el monasterio quedó prácticamente destruido, y en honor a aquella gesta, el interior de la iglesia está lleno de ofrendas y recordatorios.

El recinto cuenta con tres zonas claramente delimitadas. A la entrada, a mano izquierda, encontrarás el Mausoleo, que alberga un osario con los restos de los revolucionarios que perecieron en el asedio. Al fondo se sitúa la Iglesia de San Miguel Arcángel, reconstruida en 1845 y restaurada tras los sucesos de 1876. Es un templo inusual, ya que carece de cúpulas y de frescos interiores ostentosos, pero conserva todavía las marcas visibles de los cañonazos turcos en sus muros exteriores. La última zona es el Museo, que custodia desde hallazgos de la Edad de Piedra hasta objetos personales de los rebeldes del siglo XIX.

Dejando a un lado su potente simbología histórica, la iglesia no nos pareció algo inolvidable, ni el recinto en general nos cautivó tanto como los anteriores. Por ello, si dispones de poco tiempo y tienes que descartar alguna visita en tu ruta, esta sería nuestra elección.



Después de la ruta hasta la cueva, volvemos a Veliko Tarnovo... aun tenemos muchas cosas por visitar.