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domingo, 15 de febrero de 2026

MARRAKECH: MEDERSA BEN YOUSEFF, EL JARDIN SECRETO, MEZQUITA DE KOUTUBIA, PLAZA JEMAA EL-FNA,


MARRAKECH

MEDERSA BEN YOUSEFF, EL JARDIN SECRETO, MEZQUITA KOUTUBIA Y PLAZA JEMMA EL FNA

Marrakech es uno de los destinos más populares para quienes viajan desde España. La gran oferta de vuelos económicos desde prácticamente cualquier punto de la península la convierte en una opción ideal tanto para una escapada de fin de semana como para el inicio de una ruta más amplia por Marruecos. Además, su posición estratégica la ha convertido históricamente en una auténtica puerta de entrada hacia el sur del país y el desierto.

Considerada una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, junto a Fez, Meknés y Rabat, Marrakech ha sido durante siglos un centro político, comercial y religioso de primer orden. Hoy sigue siendo un punto clave de partida hacia la ruta de las kasbahs y el desierto de Merzouga, y no es raro que entre las numerosas agencias de viajes que salpican la ciudad te ofrezcan excursiones al desierto, visitas a pueblos bereberes o recorridos por lugares tan emblemáticos como la kasbah de Ait Ben Haddou.

UN POCO DE HISTORIA PARA SITUARNOS...

La ciudad fue fundada en 1062 por Yusuf ibn Tashfin, líder de los almorávides, una dinastía bereber de origen sahariano que buscaba establecer un centro estratégico desde el que controlar las rutas comerciales entre el Sáhara, Al-Ándalus y el norte de África. El propio nombre de Marrakech procede del término bereber Amur n Akush, que significa “Tierra de Dios”. Aún hoy, el dialecto bereber sigue muy presente en la región, y no es extraño ver señalización tanto en árabe como en bereber.

En sus inicios, Marrakech no fue una ciudad monumental, sino un campamento fortificado que creció con rapidez. Su función era principalmente militar, administrativa y comercial. Desde aquí se organizaban expediciones, se controlaba el comercio de oro, sal y esclavos, y se gobernaban territorios que llegaban hasta el sur de la península ibérica. Los almorávides sentaron las bases de la medina que aún hoy estructura la ciudad, levantando murallas, mezquitas, mercados y complejos sistemas de abastecimiento de agua que traían el líquido desde las montañas del Atlas, esenciales para una ciudad situada en un entorno semiárido. Profundamente religiosos, dejaron una arquitectura sobria y funcional.

Mezquita de la Koutoubia

A mediados del siglo XII, los almorávides fueron derrotados por los almohades, una nueva dinastía con una visión religiosa distinta.

En 1147, Marrakech cayó en manos almohades y muchos edificios almorávides fueron destruidos o transformados en un intento deliberado de borrar la huella del régimen anterior, tanto a nivel arquitectónico como religioso. Los almohades promovían una interpretación más estricta del monoteísmo y rechazaban prácticas que consideraban desviaciones del islam original. Bajo su mandato, la ciudad se llenó de construcciones monumentales, de las cuales conservamos hoy ejemplos tan emblemáticos como la mezquita de la Koutoubia, auténtico símbolo de Marrakech.

A partir del siglo XIII, el poder almohade comenzó a debilitarse tras derrotas militares en Al-Ándalus y conflictos internos. Surgió entonces la dinastía Meriní, procedente del norte de Marruecos, que gobernó entre los siglos XIII y XV y trasladó la capital a Fez. Este cambio provocó el declive económico y político de Marrakech. Las grandes madrasas y palacios se construyeron en Fez, mientras muchos monumentos de Marrakech cayeron en el abandono, e incluso algunos de sus materiales fueron reutilizados en edificios de la nueva capital. El poder meriní también acabó desvaneciéndose, siendo sustituido por los wattásidas, que gobernaron durante menos de un siglo y apenas dejaron huella en la ciudad.

No fue hasta el siglo XVI cuando Marrakech vivió un nuevo renacer bajo la dinastía saadí, que devolvió a la ciudad parte de su esplendor con monumentos como las Tumbas Saadíes y el Palacio El Badi. Con la llegada posterior de la dinastía alauí, Marrakech no recuperó la capitalidad, que se trasladó a otras ciudades, pero mantuvo su importancia regional y simbólica dentro del país.



La última gran transformación de la ciudad llegó en 1912, con el establecimiento del Protectorado francés. Fue entonces cuando Marrakech experimentó una profunda transformación urbana, combinando la medina histórica con nuevos barrios de estilo europeo, dando forma a la ciudad que conocemos hoy, donde la historia, la tradición y la modernidad conviven en un equilibrio tan caótico como fascinante.

¿QUE VER EN MARRAKECH EN TRES DIAS?

Una de las grandes ventajas de Marrakech es que, si te alojas dentro de la medina, puedes recorrer la ciudad prácticamente a pie. Todo queda relativamente cerca y orientarse resulta sencillo con ayuda de Google Maps o Maps.me. Pasear por sus calles es casi como moverse por un enorme centro comercial al aire libre: los trayectos entre monumentos se convierten en parte de la experiencia, llenos de estímulos, colores y escenas cotidianas que hacen que el tiempo pase sin darte cuenta.

A diferencia de otros lugares de Marruecos, como Fez, en Marrakech puedes caminar con bastante tranquilidad y a tu aire. No hay una presión constante de gente ofreciéndose como guía, lo que, al menos para nosotros, permite disfrutar mucho más de la ciudad a tu propio ritmo, sin prisas ni interrupciones continuas.

Para ir del aeropuerto a la medina utilizamos la plataforma de Civitatis, que nos ofrecía un traslado directo en coche hasta la puerta del Riad. 

El precio era prácticamente el mismo que un taxi, y desde luego bastante más barato que el servicio que nos proponía el propio alojamiento. Nos quedamos en el Riad […], en plena medina y a apenas cinco minutos andando de la plaza Jemaa el-Fna. El Riad estaba bastante bien, con una atención muy correcta por parte del personal y un desayuno realmente bueno. Eso sí, conviene tener en cuenta que Marruecos ya no es tan barato como hace unos años: tanto la comida como el alojamiento han subido notablemente de precio y, aunque sigue siendo un destino exótico por sus costumbres y su forma de vida tan distinta a la nuestra, ya no resulta tan económico ni tan atractivo en ese sentido como antes.

Si dispones de un par de días para visitar Marrakech, es importante organizar bien el recorrido. Los horarios de los monumentos son variados y conviene evitar las horas punta, especialmente cuando llegan las excursiones organizadas, algo muy evidente en lugares como el Palacio El Badi o el Jardín Secreto. Una opción habitual es comenzar el día con un free tour por la ciudad, ya sea con Civitatis o con cualquiera de las empresas que los ofrecen. Nosotros hicimos uno porque teníamos tiempo, pero, sinceramente, no nos convenció demasiado: suelen ser bastante superficiales, la historia se explica muy por encima, apenas se profundiza en los monumentos más relevantes y casi siempre acaban en alguna tienda —normalmente de perfumes— donde es evidente que hay comisión de por medio. Eso sí, como siempre, para gustos los colores; definitivamente, no es nuestro tipo de experiencia.

Volviendo a la ruta, nosotros nos programamos ver los lugares más interesantes de Marrakech en dos días:

Día I. Medersa Ben Youseff, El Jardín Secreto, Mezquita Koutubía, Plaza El Jefna

Día II. Palacio el Badi, Plaza de los Orfebres, Palacio de la Bahía, Tumbas Saadíes, Medina


MEDERSA BEN YOUSEFF

La Medersa Ben Youssef fue la mayor escuela coránica del Magreb y hoy es una visita imprescindible para comprender el antiguo esplendor cultural e intelectual de Marrakech. Fue fundada en el siglo XIV por los meriníes, aunque alcanzó su máximo apogeo en el siglo XVI, durante la dinastía saadí, bajo el sultán Abdallah al-Ghalib. Durante siglos acogió a cientos de estudiantes procedentes de todo Marruecos y del África subsahariana, que acudían aquí para formarse en teología, derecho islámico, astronomía y diversas ciencias.

El horario de visita es de 9:00 a 17:00 horas y la entrada cuesta alrededor de 100 dirhams. El ticket se compra directamente en la entrada y no es necesario reservar con antelación. Eso sí, conviene acudir a primera hora de la mañana, ya que es uno de los lugares más concurridos de la ciudad.

Nada más acceder, se atraviesa una serie de pasillos que conducen hasta el corazón de la medersa: su patio central rectangular, sin duda uno de los espacios más bellos de Marrakech. Todo el conjunto gira en torno a este punto, presidido por una pila de agua que simboliza la pureza. Las paredes están ricamente decoradas con mosaicos geométricos, delicados paneles de estuco tallado y madera de cedro finamente esculpida, creando una armonía visual que invita a detenerse y observar cada detalle.

Sala de oración
Al fondo del patio se encuentra la sala de oración, orientada hacia La Meca. Era aquí donde los estudiantes se reunían para rezar y estudiar los textos coránicos bajo la supervisión de los mudarris y sheijs, los maestros encargados de impartir las enseñanzas.

Tras disfrutar del patio principal, la visita continúa por las antiguas celdas de los estudiantes, organizadas en pasillos casi laberínticos con pequeños patios interiores. Alrededor de ellos se distribuyen las diminutas habitaciones, extremadamente sencillas y sin apenas decoración, concebidas para favorecer una vida de recogimiento centrada exclusivamente en el estudio y la oración.

La visita completa requiere al menos unos 45 minutos, aunque es fácil que se alargue más, ya que cada rincón de la medersa invita a detenerse, observar y, por supuesto, hacer fotografías.





EL JARDIN SECRETO

Desde la Medersa Ben Youseff, nos dirigimos a través de las callejuelas hasta Le Jardin Secret, la distancia es corta y llegarás de uno a otro sitio en menos de 10 minutos.

El llamado Jardín Secreto es, en realidad, la restauración de un antiguo complejo palaciego de Marrakech que permite hacerse una buena idea de cómo eran los espacios donde vivía la élite de la ciudad. A pesar de encontrarse en pleno corazón de la medina, en su interior se respira una calma sorprendente, en un entorno dominado por el agua, la vegetación y el silencio, que contrasta radicalmente con el bullicio del exterior.

El precio de la entrada es de 100 dirhams, y el horario de visita va de 9:30 a 17:30 en invierno y hasta las 19:30 en primavera y verano. A mi juicio, y pese a la indudable belleza del lugar, el precio resulta algo elevado. Aun así, es uno de esos sitios que, por su singularidad y por el descanso que ofrece en medio del caos de la medina, merece la pena visitar al menos una vez.

El recinto forma parte de un complejo palaciego cuyo origen se remonta a más de cuatro siglos atrás. Durante la dinastía saadí ya existía aquí una gran residencia perteneciente a un alto dignatario, aunque el conjunto que podemos visitar hoy se desarrolló principalmente en el siglo XIX bajo el mandato del sultán alauí Moulay Abd ar-Rahman. Tras décadas de abandono, el jardín fue adquirido por inversores privados, restaurado en profundidad y reabierto al público en 2016, respetando los principios arquitectónicos y botánicos tradicionales.

El complejo se articula en torno a dos jardines principales. Nada más entrar se accede al primero, un jardín islámico, concebido como una representación simbólica del paraíso según la tradición coránica. Está dividido en cuatro partes iguales por canales de agua que simbolizan los cuatro ríos del paraíso, y en él predominan los naranjos, granados y palmeras dispuestos de forma perfectamente simétrica. La abundancia de agua no es solo estética: cumple una función climática fundamental, refrescando el ambiente, algo imprescindible si pensamos en lo extremos que debían de ser los veranos en Marrakech.

Tras recorrer este primer jardín, un sendero conduce al segundo espacio, un jardín exótico, más botánico y menos simbólico, donde se agrupan especies vegetales procedentes de distintas partes del mundo, ofreciendo un contraste interesante con la estricta geometría del jardín islámico.

Alrededor de ambos jardines se distribuyen los edificios del antiguo palacio, con salas restauradas que explican la historia del lugar y, sobre todo, el funcionamiento de los ingeniosos sistemas hidráulicos tradicionales. Uno de los aspectos más interesantes del conjunto es precisamente cómo se canalizaba el agua desde las montañas del Atlas hasta los patios y fuentes de la ciudad, un conocimiento esencial para la vida en un entorno semiárido.

En uno de los rincones del recinto se puede acceder a una torre panorámica, previo pago adicional. No obstante, desde la terraza de la cafetería se obtienen unas vistas muy similares de la medina, sin coste extra.

La visita es tranquila y relativamente breve, de no más de media hora. Más que una visita cultural profunda, se trata de un paseo agradable por un espacio cuidado y estéticamente muy bonito. En lo personal, aunque el conjunto resulta atractivo, me deja una sensación algo floja en cuanto a contenido histórico en relación con el precio, ya que no transmite tanto la impresión de estar ante un lugar auténtico como la de una recreación pensada principalmente para el visitante.

MEZQUITA DE KOUTOBBIA

Después de almorzar, nos dirigimos hacia la zona central de la medina, en dirección a la Plaza Jemaa el-Fna, aunque antes nos desviamos ligeramente para acercarnos a la Mezquita Koutoubia, probablemente el monumento religioso más emblemático de Marrakech.

Es posible pasear libremente por sus alrededores y por los jardines que la rodean, pero no se permite el acceso a su interior salvo a los musulmanes, por lo que la visita se limita a contemplar su imponente minarete y el entorno que lo rodea. Aun así, merece la pena detenerse unos minutos, ya que es uno de los grandes símbolos de la ciudad.

La mezquita fue construida durante el dominio de la dinastía almohade, en el siglo XII. El edificio que vemos hoy se levantó sobre una mezquita anterior, construida tras la conquista almohade de Marrakech. Con el tiempo se descubrió que la orientación de aquella primera mezquita hacia La Meca no era correcta, por lo que fue necesario derribarla y reconstruirla siguiendo una alineación adecuada.

El nombre de “Koutoubia” procede del árabe al-kutubiyyin, que significa “los libreros”. Durante la Edad Media, los alrededores de la mezquita estaban llenos de puestos de libros, copistas y manuscritos, lo que convirtió esta zona en un importante centro cultural de la ciudad y dio origen a su nombre. Su relevancia religiosa era fundamental en la época en que Marrakech fue capital del imperio almohade, ya que la Koutoubia era la mezquita principal, donde el califa pronunciaba el sermón del viernes, un acto de enorme peso religioso y también político.

Sin duda, el elemento más impresionante del conjunto es su minarete, de unos 77 metros de altura, que define el skyline de Marrakech y es visible desde numerosos puntos de la ciudad. Está decorado con motivos geométricos y arcos ciegos, y en su parte superior se remata con cuatro bolas de cobre dorado, rodeadas de leyendas populares que forman parte del imaginario local.


Este minarete sirvió además como modelo para la Giralda de Sevilla, antiguo alminar de la mezquita sobre la que hoy se levanta la catedral. Construida apenas cincuenta años después, ambas torres comparten proporciones y estilo, razón por la que a menudo se las considera “torres hermanas”.


PLAZA EL-FNA


Acabamos la tarde en la Plaza Jemaa el-Fna, sin duda el corazón de la medina. Por la mañana habíamos pasado por allí casi sin darnos cuenta: el espacio estaba prácticamente vacío, salvo por algunos puestos de zumos que permanecen abiertos durante todo el día. Sin embargo, al caer la tarde la plaza se transforma por completo y se convierte en un auténtico hervidero de vida. Comienza un incesante ir y venir de gente, se instalan puestos de comida y bebidas, aparecen grupos de músicos tradicionales alrededor de los cuales se forman corros de curiosos, domadores de serpientes, cuentacuentos y espectáculos improvisados de lo más variado.

Históricamente, Jemaa el-Fna ha sido un espacio de reunión pública desde la fundación de Marrakech en el siglo XI. Su nombre suele traducirse como “asamblea de los muertos” o “plaza de la mezquita desaparecida”, aunque no existe una explicación definitiva sobre su origen. Durante siglos fue escenario de proclamaciones oficiales, ejecuciones públicas y grandes concentraciones populares, además de punto de encuentro para comerciantes y viajeros que llegaban a la ciudad, lo que explica su enorme peso simbólico en la historia de Marrakech.

Hoy en día, la plaza es un caos en sí misma y está claramente orientada al turismo. Los restaurantes improvisados en la zona central ofrecen precios inflados y, en general, una calidad bastante cuestionable. Además, si haces fotografías es habitual que te pidan una propina inmediata, ya sea a los músicos, a los encantadores de serpientes o a quienes posan con monos. Nos llamó mucho la atención un juego muy popular consistente en pescar con cañas y un aro botellas de cocacola y Fanta de 2 litros...si las pescabas, te las llevabas... Otra escena que nos llamo la atención, fue como un hombre extendía una sábana llena de números y se hacían apuestas tirando sobre ellas monedas...



En definitiva, el ambiente resulta curioso y llamativo, una ventana a tradiciones que desaparecieron hace décadas en Europa, aunque, siendo sinceros, Marrakech ofrece rincones mucho más interesantes y auténticos que esta plaza tan famosa como sobreexplotada.


Para el día siguiente dejamos otros puntos imprescindibles de la ciudad, El Palacio de El Badi, El Palacio de la Bahía, las Tumbas Saadíes, y la Sinagoga Salat Alzama... pero eso queda para más adelante...



















miércoles, 4 de febrero de 2026

HANOI: TEATRO DE MARIONETAS, MAUSOLEO HO CHI MIHN, PALACIO PRESIDENCIAL, PAGODA DEL PILAR UNICO, TEMPLO DE QUAN THANH Y PAGODA DE TRAN QUOC

HANOI: TEATRO DE MARIONETAS, MAUSOLEO HO CHI MIHN,  PALACIO PRESIDENCIAL, PAGODA DEL PILAR UNICO, TEMPLO DE QUAN THANH Y PAGODA DE TRAN QUOC

Regresamos de la bahía de Ha Long a mediodía y todavía nos quedaba por delante más de un día y medio para seguir descubriendo Hanoi. Esa misma tarde ya teníamos plan: habíamos comprado entradas para el teatro de marionetas de agua, uno de los espectáculos más tradicionales y singulares de Vietnam, y algo que difícilmente se puede ver en otros lugares del mundo.

Mercado de Dong Xuan

De camino al teatro pasamos por el mercado de Dong Xuan, el más famoso de Hanoi, que, sinceramente, nos decepcionó un poco. Nos pareció mucho menos animado que el de Saigón y con una oferta bastante más limitada. De hecho, si lo que buscas es comprar réplicas de ropa, zapatillas o mochilas, encontrarás mucha más variedad paseando por las calles del casco antiguo que dentro del propio mercado.

Y es que lo realmente fascinante de Hanoi no es un lugar concreto, sino el trayecto en sí. Caminar por la ciudad es toda una experiencia: tiendas impensables en cualquier ciudad europea, gente comiendo a cualquier hora sentada en pequeños taburetes de plástico sobre la acera, cocinas improvisadas… Hanoi es caótica, intensa y tremendamente auténtica.

Justo antes de llegar al teatro pasamos por delante del edificio Hàm Cá Mập, conocido como el Edificio Mandíbula de Tiburón. Tuvimos la suerte —o la casualidad— de verlo apenas unas semanas antes de que fuera demolido. Hoy en su lugar solo queda un solar. El motivo fue reorganizar urbanísticamente la zona y aliviar el tráfico, pero la verdad es que da pena: estaba lleno de cafeterías con terrazas y tenía un ambientazo increíble, sobre todo por la noche.

TEATRO DE MARIONETAS

A la vuelta de la esquina ya se encuentra el Teatro de Marionetas de Agua Thang Long, en el número 57B Đinh Tiên Hoàng, muy cerca del lago Hoan Kiem y justo enfrente del icónico Templo Ngoc Son. Conviene comprar las entradas con antelación, porque si vas el mismo día es fácil que estén agotadas. Los precios suelen oscilar entre 100.000 y 200.000 VND, según la fila que elijas, y los horarios varían, así que mejor revisarlo antes en la web oficial.

El arte de las marionetas de agua se remonta al siglo XI, en las aldeas del delta del río Rojo. Durante la época de inundaciones, los campesinos aprovechaban los arrozales anegados como escenario para representar historias populares y entretenerse, dando origen a esta tradición tan peculiar.

Las marionetas parecen flotar sobre el agua y representan escenas de la vida rural vietnamita, fiestas populares, leyendas, batallas y ceremonias. Aunque todo el espectáculo es en vietnamita, no hace falta entender el idioma para captar la esencia: tradición, espiritualidad y mucha cultura condensadas en una hora.


El espectáculo dura aproximadamente una hora y, al salir, te encuentras de lleno en el casco antiguo de Hanoi, con un bullicio y una animación espectaculares. 




Decenas de restaurantes, bares y terrazas hacen de esta zona un lugar perfecto para terminar el día cenando y empapándote del ritmo de la ciudad.



El día siguiente será nuestro ultimo día en Hanoi y en Vietnam, y aún teníamos cosas que ver durante la mañana, pues por la tarde queríamos aprovechar para hacer las últimas compras.  Empezamos bien pronto por la mañana, y después de desayunar nos ponemos rumbo al Mausoleo de Ho Chi Minh

MAUSOLEO DE HO CHI MINH

Ponemos rumbo al Mausoleo de Ho Chi Minh, donde se conserva el cuerpo del líder al que se le atribuye la consecución de la independencia de Vietnam frente a Francia. Ho Chi Minh es conocido por los propios vietnamitas como el “Tío Ho”, y no es raro encontrarse en los alrededores con grupos de escolares cantando canciones dedicadas a su figura. Este apodo no es casual: fue el propio Ho Chi Minh quien cultivó deliberadamente la imagen de un anciano cercano y afable, casi paternal, con el objetivo de ganarse el cariño y la confianza del pueblo. Un cálculo político que, visto con perspectiva, le funcionó a la perfección y lo consolidó como líder indiscutible del país.

El mausoleo se encuentra en la plaza Ba Dinh, el mismo lugar donde en 1945 Ho Chi Minh proclamó oficialmente la independencia de Vietnam. El edificio es sobrio y monumental, construido en granito gris y mármol, y transmite una sensación de solemnidad desde el primer momento. En su interior se conserva el cuerpo embalsamado de Ho Chi Minh. Aunque antes de morir había expresado su deseo de ser incinerado, el gobierno decidió preservarlo como símbolo de unidad nacional.

La visita se realiza bajo normas muy estrictas: no se pueden hacer fotos, hay que mantener silencio y seguir cuidadosamente las indicaciones del personal. 

En los alrededores, además de turistas, es habitual ver numerosos grupos de escolares. Más allá de su evidente valor histórico y simbólico, la visita también refleja la importancia que el Estado concede a la figura de Ho Chi Minh dentro de la educación y la identidad nacional. Al final, por mucho que Vietnam enamore al viajero, no deja de ser una república comunista de partido único, y este tipo de lugares ayudan a entender mejor cómo se construye su relato histórico.

Muy cerca a escasos metros, puedes visitar el Palacio Presidencial y la zona donde residió en sus últimos años Ho Chi Minh

PALACIO  PRESIDENCIAL
Palacio Presidencial

El Palacio Presidencial se encuentra muy cerca del Mausoleo de Ho Chi Minh; en apenas un par de minutos caminando llegarás a la entrada. Para acceder al recinto es necesario pagar una entrada de 40.000 VND.

La visita se divide en varias partes. La primera es el propio Palacio Presidencial, que, aunque no se puede visitar por dentro, sí se puede admirar desde el exterior y fotografiar. El edificio fue construido durante la época colonial francesa, a comienzos del siglo XX, y destaca por su fachada de color amarillo, sus líneas elegantes y sus grandes ventanales. Actualmente se utiliza para actos oficiales y ceremoniales. De hecho, cuando lo visitamos nosotros, coincidimos con la llegada de una delegación extranjera, por lo que había guardia de honor y todo un despliegue protocolario que le daba aún más solemnidad al lugar.


Siguiendo el recorrido y paseando entre los jardines, se llega a una casa-museo donde se exponen distintos objetos relacionados con Ho Chi Minh, entre ellos algunos de los coches oficiales que utilizó y que todavía se conservan. Aun así, el punto más interesante de la visita es, sin duda, la Casa sobre Pilotes.

Esta sencilla construcción de madera, elevada sobre pilotes del mismo material, fue la vivienda y lugar de trabajo de Ho Chi Minh entre 1958 y 1969. Representa perfectamente la imagen que quiso transmitir como “Tío Ho”: la de un líder cercano, humilde y austero, entregado por completo a su país. La casa es muy pequeña, apenas tres o cuatro estancias, y durante el recorrido se pueden ver muebles originales, su escritorio y algunos objetos personales, lo que hace la visita especialmente interesante y cercana.

Una vez finalizada la visita, desde la salida puedes dirigirte fácilmente al Templo del Pilar Único, cuya entrada se encuentra justo al otro lado del Mausoleo de Ho Chi Minh.


LA PAGODA DEL PILAR UNICO

El Templo del Pilar Único es uno de los monumentos más fotografiados de Hanói. En realidad no es un templo grande ni especialmente majestuoso, pero su singularidad —una pequeña pagoda de madera sostenida por un único pilar de piedra en medio de un estanque— lo ha convertido en algo muy especial, en todo un icono tanto de la ciudad como de Vietnam.

La entrada es gratuita y suele haber bastante ambiente, con locales y turistas moviéndose constantemente por los alrededores, así que no tiene pérdida. El templo fue construido en el año 1049, durante la dinastía Lý, por orden del emperador Lý Thái Tông. Cuenta la leyenda que el emperador soñó con la diosa de la misericordia Quan Âm, sentada sobre una flor de loto y entregándole un hijo. Poco tiempo después, al conseguir descendencia, mandó levantar este templo como muestra de gratitud.

Toda la estructura simboliza esa visión: el pilar único representa el tallo de la flor, el estanque el agua, y la pequeña pagoda la flor de loto emergiendo, un símbolo muy importante en el budismo, asociado a la pureza y la iluminación.

En el interior de la pagoda hay un pequeño altar dedicado a Quan Âm, y es habitual ver a muchos locales haciendo cola para dejar ofrendas y rezar. En la parte posterior del recinto se encuentra otra pagoda con distintos altares dedicados a dioses y ancestros. Allí nos encontramos con vietnamitas cantando y rezando, leyendo antiguos textos que, aunque incomprensibles para nosotros, aportan al lugar una atmósfera muy auténtica y espiritual.


          

TEMPLO DE QUAN THANH

Después de visitar el Templo del Pilar Único, nos dirigimos a uno de los templos más simbólicos y antiguos de Hanói: el Templo de Quán Thánh. Fue construido por primera vez en el siglo XI y, aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones a lo largo de los siglos, mantiene intacta su importancia histórica. Al igual que el Templo del Pilar Único, fue erigido durante la dinastía Lý, cuando Hanói se consolidó como capital imperial.


Templo de Quan Thanh

El templo está dedicado a Trấn Vũ, una deidad protectora asociada al norte, al agua y a la fuerza espiritual. 
Su función principal era proteger la ciudad de los malos espíritus y de los desastres naturales, especialmente de las inundaciones, tan frecuentes en esta zona durante la época del monzón.

La entrada es de pago, pero muy asequible, alrededor de 20.000 VND. Nada más cruzar el umbral, se respira una calma sorprendente, casi chocante si tenemos en cuenta que a solo unos metros reina el caos del tráfico y el ruido constante de la ciudad. En su interior encontrarás primero un patio cuadrangular con árboles centenarios y, al fondo, el edificio principal que alberga la impresionante figura de Trấn Vũ.

La estatua, realizada en bronce en el siglo XVII, es una de las más importantes de Vietnam: mide más de cuatro metros de altura y pesa más de cuatro toneladas, lo que la convierte en una auténtica obra maestra de la escultura tradicional.

        

Merece la pena recorrer el templo con calma, observar a los fieles realizando ofrendas de todo tipo y dejarse llevar por el intenso olor a incienso que impregna los altares. Es un lugar perfecto para hacer una pausa y conectar con la parte más espiritual de Hanói.

PAGODA DE TRAN QUOC

Al salir del Templo de Quán Thánh, y cruzando el río, se llega al lago Trúc Bạch, también conocido como el Lago del Oeste. Para ello hay que atravesar un puente que ya de por sí es toda una experiencia: cruzar de una acera a la otra es casi un deporte de riesgo, con motos y coches pasando sin parar. A ambos lados de este endemoniado puente se alzan dos templos, siendo el más conocido, sin duda, la Pagoda Trấn Quốc.

Pagoda de Quan Thanh

Su nombre viene a significar algo así como “la que protege a la nación”, y destaca especialmente por su gran estupa de más de once plantas, que se eleva elegante junto al agua. Nosotros no pudimos entrar porque tiene un horario bastante limitado —cierra a media mañana y no vuelve a abrir hasta por la tarde—, pero aun así mereció la pena acercarse para hacer fotos. El entorno es espectacular: agua por ambos lados, árboles centenarios y una calma sorprendente que contrasta de lleno con el caos del tráfico de Hanói.

La pagoda fue fundada en el siglo VI, durante el reinado del emperador Lý Nam Đế, lo que la convierte en uno de los templos más antiguos de Vietnam. A lo largo de los siglos fue trasladada y reconstruida en varias ocasiones, ya que la erosión del río ponía en peligro su ubicación original. Cuando el terreno corría riesgo de desaparecer, el templo se desmontaba y se levantaba de nuevo en un lugar más seguro.

Justo al otro lado del puente —tras volver a jugarte la vida— se encuentra un pequeño templo conocido como el Templo de Thủy Trung Tiên, cuyo nombre puede traducirse como “Templo del Inmortal del Agua”. No es casualidad: está dedicado a espíritus y deidades vinculadas al agua, un elemento fundamental en la vida tradicional vietnamita. Ríos, lagos y arrozales han sido siempre fuente de alimento, pero también de peligro, especialmente durante las inundaciones, por lo que rendir culto a estas deidades era una forma de pedir protección y buenas cosechas.

Templo de Thủy Trung Tiên

El templo es pequeño y sencillo, nada que ver con los grandes complejos que habíamos visitado antes, pero transmite una tranquilidad especial. Su ubicación, justo a orillas del lago, le da un aire nostálgico y muy auténtico.

Aunque esta zona queda algo alejada del centro, el desplazamiento merece mucho la pena. Por el camino ves escenas que se te quedan grabadas, como un joven pescando con un simple sedal enrollado en su propio brazo, sacando peces de un lago cuya suciedad era más que evidente. 

Pensar que esos peces acabarían en algún plato… daba, cuanto menos, para reflexionar.



El resto de la tarde lo dedicamos simplemente a pasear sin rumbo por Hanói y a hacer las últimas compras, sabiendo que al día siguiente tocaba volar de regreso a España.

Vietnam deja en la memoria imágenes irrepetibles: costumbres tan distintas a las nuestras que te rompen por completo los esquemas, escenas cotidianas que no se olvidan y una forma de vivir mucho más sencilla. Gente humilde y amable, buscándose la vida cada día, casi siempre con una sonrisa a pesar de las dificultades o las carencias.

Al final, Vietnam te recuerda algo esencial, y es que allí se cumple al pie de la letra ese refrán tan cierto: no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.