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jueves, 29 de enero de 2026

HANOI: Templo Ngoc Son y Hoan Kiem Lake, Catedral de San Jose, Prision de Hoa Lo, Templo de la Sabiduría, Ciudad imperial de Thang Long y Calle del Tren

Hanói: templos, historia y caos organizado

Hanói, la capital de Vietnam, es una ciudad intensa, caótica y fascinante a partes iguales. En ella conviven templos milenarios, lagos tranquilos, vestigios coloniales y una vida callejera que no descansa nunca. 

Llegamos a Hanói en tren desde Sapa alrededor de las 8 de la mañana. El viaje, aunque tengas reservado un camarote privado, se hace algo pesado, ya que no suele ser fácil dormir bien. El motivo principal es el estado de las vías en Vietnam: los trenes son antiguos y, aunque los compartimentos estén razonablemente arreglados, circulan por infraestructuras muy viejas. El resultado son constantes vaivenes, golpes y ruidos que dificultan el descanso. Aun así, cuando estás de viaje, todo se sobrelleva mejor.

Al llegar a la estación, nos encontramos con numerosos taxis esperando, algo lógico teniendo en cuenta que no llegan demasiados trenes al día. Aprovechamos para desayunar en una cafetería situada justo enfrente de la estación y, después, pedimos un Grab, que llegó en pocos minutos y nos dejó en el hotel sin complicaciones.

Nos alojamos en el Grande Collection Hotel & Spa, muy céntrico y con una excelente relación calidad-precio. El personal, como suele ser habitual en Vietnam, fue encantador: amable, sonriente y siempre dispuesto a ayudarte. Nuestra idea era pasar tres días en Hanói: el primero completo en la ciudad y el segundo y tercero tras nuestra excursión a la Bahía de Ha Long.

Como no podíamos hacer el check-in hasta el mediodía, dejamos las maletas en el lobby y salimos directamente a recorrer la ciudad para aprovechar al máximo el día.

En esta primera toma de contacto recorrimos algunos de sus lugares más emblemáticos: el Templo Ngoc Son y el lago Hoan Kiem, la Catedral de San José, la Prisión de Hoa Lo, el Templo de la Literatura, la Ciudad Imperial de Thang Long y la famosa Calle del Tren.

Lo primero que nos llamó la atención fue el caos constante de las calles de Hanói: vías estrechas, miles de motos, peatones cruzando en todas direcciones y un ruido permanente. A diferencia de Saigón, donde las avenidas son más amplias, aquí la sensación de desorden es aún mayor. Cada esquina es una escena diferente: gente cocinando y comiendo en los bordillos, vendedores ambulantes, personas durmiendo encima de una moto… Vietnam no deja de sorprenderte ni un solo segundo.

Y ahora sí, toca responder a la gran pregunta:


¿Qué ver en Hanói?


Templo Ngoc Son y lago Hoan Kiem

Esta fue nuestra primera visita en Hanói y uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. El Templo Ngoc Son, situado sobre la Isla del Jade (Ngọc), se alza en medio del lago Hoan Kiem, un espacio muy querido por los habitantes de la capital. Para acceder al templo hay que cruzar el famoso puente rojo Thê Húc, cuyo nombre significa “puente del sol naciente”, una de las imágenes más reconocibles de Hanói.

El templo fue construido en el siglo XIX, durante la dinastía Nguyễn, sobre restos de edificaciones anteriores. Aunque suele describirse como un templo budista, en realidad rinde culto a figuras del budismo, el confucianismo y el taoísmo, reflejando la convivencia de distintas tradiciones religiosas en Vietnam.

El lago Hoan Kiem está profundamente ligado a una de las leyendas más famosas del país. Cuenta la historia que el emperador Lê Lợi recibió una espada mágica de un dios dragón para expulsar a los invasores chinos. Tras lograr la victoria, una tortuga gigante emergió del lago y reclamó la espada, devolviéndola al mundo divino. De ahí proviene el nombre Hoàn Kiếm, que significa “lago de la espada devuelta”. Dentro del templo se conservan incluso varios ejemplares disecados de tortugas gigantes, como forma de reforzar y mantener viva la leyenda.


Torre de la Tortuga
Cuando dejamos el templo, que se visita rápido, no mas de media hora, bordeamos el famoso lago, donde se alza la Torre de la Tortuga ,otro de los iconos de la ciudad. Esta torre está también relacionada con la leyenda que antes conté del lago, simbolizando esa conexión entre el lago, la tortuga sagrada y la protección divina de Vietnam.


La Catedral de San José

A unos diez minutos a pie del lago Hoàn Kiếm se encuentra otro de los lugares más fotografiados de Vietnam: la Catedral de San José, el principal templo católico de Hanói y uno de los mejores ejemplos del legado cultural del dominio francés en el país.

La catedral comenzó a construirse a finales del siglo XIX, siguiendo un marcado estilo neogótico e inspirándose claramente en la Catedral de Notre Dame de París. Destacan sus dos imponentes torres gemelas, que superan los 30 metros de altura, los grandes ventanales, los arcos apuntados y una fachada de piedra oscura que, con el paso del tiempo, ha adquirido un aspecto envejecido y muy fotogénico.

No pudimos visitar su interior, ya que entrar en iglesias católicas en Vietnam nos resultó bastante complicado. De hecho, ni en Saigón ni en Hanói conseguimos acceder a ninguna. Aun así, aprovechamos para pasear tranquilamente por la plaza situada frente a la catedral, un espacio siempre animado y con mucho ambiente local.

En una de las esquinas de la plaza se encuentra uno de los mejores bánh mì que probamos en Vietnam, el famoso Bánh mì Mama. Es fácil reconocer el lugar por la larga cola, tanto de turistas como de vietnamitas, pero te aseguramos que la espera merece totalmente la pena.

La Catedral de San José no es solo un punto de interés arquitectónico y religioso, sino también un símbolo del pasado colonial de Hanói y un lugar de encuentro muy vivo que refleja a la perfección el contraste cultural de la ciudad.

Prisión de Hoa Lo

Desde la Catedral de San José nos dirigimos a otro de los puntos más impactantes de Hanói: la Prisión de Hoa Lo. Este antiguo centro penitenciario es conocido por los estadounidenses como el “Hanoi Hilton”, un apodo irónico que hace referencia a las supuestas “comodidades” de las que disfrutaron algunos prisioneros americanos durante la Guerra de Vietnam.

Hoy en día, la Prisión de Hoa Lo funciona como museo, aunque el discurso expositivo se centra mucho más en las penalidades sufridas por los patriotas vietnamitas que lucharon contra el dominio colonial francés que en los prisioneros estadounidenses. Al fin y al cabo, como suele decirse, la historia la escriben los vencedores, y las referencias a la estancia de los soldados americanos se presentan como correctas y casi amables, en claro contraste con el trato recibido por los vietnamitas durante la época colonial.

La prisión se encuentra muy cerca del lago Hoàn Kiếm y del resto de atracciones del casco histórico, aunque conviene fijarse bien, ya que su fachada puede pasar desapercibida a pesar de los altos muros que la rodean. El precio de la entrada es de 50.000 VND y el horario de visita es de 9:00 a 17:00 horas.

Una vez pagada la entrada, se accede a una serie de estrechos corredores donde se explica el contexto histórico en el que se creó la Prisión de Hoa Lo, durante la lucha por la independencia frente a Francia. También se detalla su tamaño original y cómo gran parte del complejo fue demolido para liberar terreno para la expansión de la ciudad, conservándose solo una pequeña parte del conjunto original.


Estos corredores desembocan en la primera de las salas: las celdas colectivas. En ella se ha recreado, con maniquíes a tamaño real, la forma en que los prisioneros vietnamitas eran encadenados por los tobillos por las autoridades coloniales francesas. Los reclusos comían, dormían y hacían sus necesidades en estas mismas condiciones durante días o incluso meses, en salas oscuras y mal ventiladas, apenas iluminadas por pequeñas ventanas. La exposición se completa con relatos reales de prisioneros, explicando los motivos de su encarcelamiento y su destino posterior. La dureza del contenido deja en muy mal lugar a la etapa colonial francesa.

La siguiente sala corresponde a las celdas de castigo, espacios diseñados para el aislamiento total de los prisioneros con el objetivo de quebrar su moral y obtener información. Se trata de celdas diminutas, oscuras y sin ventilación, con un pequeño camastro de piedra al que los presos eran encadenados por los tobillos. De nuevo, las recreaciones con maniquíes hacen que el horror vivido resulte especialmente palpable.

La tercera sala es, probablemente, una de las más impactantes. En ella se expone la guillotina original utilizada por la administración colonial francesa, acompañada de explicaciones sobre su funcionamiento y numerosas fotografías que documentan la aplicación de este castigo. En este punto se contextualiza que, aunque hoy resulte estremecedor, la guillotina era un método de ejecución habitual en Francia. De hecho, la última persona guillotinada fue un inmigrante tunecino, ejecutado el 10 de septiembre de 1977 en Marsella.


La cuarta sala, situada en la planta superior, muestra la vida cotidiana de los prisioneros vietnamitas durante la época colonial: cómo se comunicaban sin ser descubiertos, cómo mantenían sus celebraciones y rituales religiosos y cómo se apoyaban mutuamente para no perder la esperanza en su lucha por la independencia, a pesar de las durísimas condiciones en las que vivían.

La última sala, de nuevo en la planta baja y junto a un memorial dedicado a las víctimas fallecidas en la prisión, está dedicada a los prisioneros americanos que fueron encarcelados en Hoa Lo. Tal y como se mencionaba anteriormente, la exposición ofrece la versión vietnamita de los hechos, describiendo un trato correcto, buena alimentación y actividades recreativas. El contraste con el discurso dedicado a la época colonial francesa es evidente.

Lo que se percibe claramente a lo largo de la visita es que existe un mayor resentimiento hacia la administración colonial francesa que hacia Estados Unidos. En ningún momento se contextualiza ni se ofrece la versión francesa de los acontecimientos, mientras que la exposición sobre los americanos culmina con un mensaje de reconciliación, reflejado en la visita del senador John McCain, quien estuvo encarcelado en esta prisión durante más de cinco años.

Al final del recorrido, en el fondo del patio principal, se encuentra un memorial en honor a todos los que perdieron la vida entre estos muros. En conclusión, la Prisión de Hoa Lo no será el lugar más bonito que visites en Vietnam, pero sí es una de las visitas más necesarias para comprender la historia del país, el carácter del pueblo vietnamita y su férrea defensa de la identidad y la independencia.


El Templo de la Literatura


Después nos dirigimos al Templo de la Literatura (Văn Miếu – Quốc Tử Giám), el lugar más importante de Hanói desde un punto de vista histórico y cultural.


El templo abre todos los días de 7:30 a 17:30, la entrada cuesta 70.000 VND y la visita suele llevar entre una hora y una hora y media, dependiendo del ritmo y del interés de cada uno.

Se trata del templo más grande de Hanói y está considerado como una de las visitas imprescindibles de la ciudad. Fue construido en el año 1070, durante la dinastía Lý, y está dedicado a Confucio y a los grandes sabios y eruditos del confucianismo.

En este mismo recinto se fundó, pocos años después, la primera universidad de Vietnam, destinada inicialmente a la formación de príncipes y miembros de la élite, y más tarde abierta a los estudiantes más brillantes del país. La enorme importancia que la educación tenía durante la época imperial se percibe en cada rincón del templo: a lo largo del recorrido encontrarás numerosos elementos que ensalzan tanto la figura del profesor como la del alumno.

Văn Miếu Môn
Los estudiantes se preparaban aquí para los exámenes imperiales y, en caso de superarlos, podían acceder a puestos de responsabilidad dentro de la administración del Estado. El templo, por tanto, no solo era un lugar de culto, sino también un auténtico centro de formación y ascenso social.

Pabellón de la Constelación


El Templo de la Literatura está organizado en cinco patios consecutivos, cada uno con un significado simbólico concreto. La primera puerta que se atraviesa es Văn Miếu Môn, la entrada principal al recinto, que marca el inicio del camino hacia el conocimiento. Al cruzarla, el bullicio de Hanói queda atrás y se entra en un espacio de calma, orden y tradición. Su arquitectura sobria y perfectamente simétrica refleja los valores del confucianismo: disciplina, respeto y armonía. Esta puerta simboliza un punto de inflexión para el estudiante, que deja atrás la vida mundana para adentrarse en el mundo del saber.

El segundo patio es conocido como el Camino del Aprendiz. Se trata de una zona ajardinada con senderos rectos y simétricos, donde tuvimos la suerte de encontrarnos con decenas de niños de excursión escolar, llenando el lugar de vida y alegría. Este patio simboliza el inicio del aprendizaje, el momento en el que el estudiante comienza su recorrido hacia el conocimiento.

Al final del patio se alza el Pabellón de la Constelación de la Literatura (Khuê Văn Các), uno de los puntos más fotografiados del templo y una de las imágenes más reconocibles de Hanói, presente en prácticamente todos los folletos turísticos de la ciudad.

Después de atravesar el Pabellón de la Constelación, accedemos al tercer patio, conocido como el Estanque de la Tranquilidad. Es aquí donde se encuentran, a la derecha, las famosas estelas de piedra, uno de los elementos más representativos del Templo de la Literatura.

Estanque de la Tranquilidad

Estela

Estas estelas consisten en grandes losas de piedra colocadas sobre figuras de tortugas, en las que están inscritos los nombres de los estudiantes que lograron superar los exámenes imperiales. El hecho de que reposen sobre tortugas no es casual: este animal simboliza la sabiduría y la longevidad, dos valores fundamentales que debía poseer un buen alumno. Sabiduría para adquirir y aplicar el conocimiento, y longevidad para preservarlo y transmitirlo a lo largo del tiempo.

Al abandonar el tercer patio, dedicado al éxito académico y al reconocimiento del mérito intelectual, accedemos al cuarto patio, el espacio más solemne y sagrado de todo el recinto. Tras atravesar las áreas destinadas al estudio y la reflexión, este lugar marca el punto culminante del recorrido, ya que aquí se rinde homenaje a Confucio y a sus discípulos más destacados.

En el centro del patio se alza la Casa de Ceremonias (Đại Bái Đường), donde se encuentran los altares dedicados a Confucio y a otros grandes sabios que sentaron las bases del pensamiento confuciano en Vietnam. 

A ambos lados se disponen pabellones laterales en los que estaban representados los 72 alumnos más destacados, figuras clave en la difusión y preservación de esta corriente filosófica.





Después de la visita al Templo de la Literatura es hora de almorzar, así que anduvimos buscando un sitio de camino de nuestra última visita cultural del día, la Ciudad Imperial de Thang Long. 

Durante el trayecto Hanoi te sigue dejando imágenes inolvidables, como el repartidor de Grab, durmiendo a pierna suelta sobre el sillón de una motocicleta en una postura imposible.


Ciudad imperial de Thang Long

Torre de la Bandera

Por la tarde decidimos alejarnos un poco del bullicio del centro de Hanói para visitar la Ciudad Imperial de Thăng Long, un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad que, durante más de mil años, fue el auténtico corazón político de Vietnam. Fundada en el siglo XI por el emperador Lý Thái Tổ, esta ciudadela fue capital bajo varias dinastías y, con el paso del tiempo, terminó siendo utilizada tanto por los franceses como durante la Guerra de Vietnam. La visita, por tanto, no se limita a la época imperial, sino que recorre buena parte de la historia del país.

Antes incluso de llegar a la entrada, nuestra atención se va directa a la Torre de la Bandera, que se alza imponente a lo lejos. Con más de 33 metros de altura, fue construida en 1812 durante la dinastía Nguyễn y es uno de los pocos elementos originales que han sobrevivido del antiguo recinto imperial. Ver la bandera ondeando en lo alto es una de esas imágenes que se te quedan grabadas de Hanói.

La Ciudad Imperial abre todos los días excepto los lunes, de 08:00 a 17:00, y la entrada cuesta 100.000 VND. Nada más acceder, nos encontramos con la Puerta del Sur, la antigua entrada principal a la zona más restringida del recinto. Por aquí solo podían pasar el emperador, los altos funcionarios y los enviados extranjeros invitados a ceremonias oficiales. La estructura se conserva prácticamente intacta, con cinco accesos, siendo el central exclusivo para el emperador. Subimos a la parte superior desde uno de los laterales y desde allí se obtiene una buena vista general del complejo; como ya nos había pasado en otros lugares históricos de Vietnam, nos cruzamos con varias chicas vestidas con trajes tradicionales posando para sesiones de fotos.

Puerta del Sur

El recorrido continúa por la zona arqueológica, donde se aprecian los cimientos de antiguos palacios y diferentes exposiciones que ayudan a imaginar cómo fue este lugar en su época de esplendor. Aquí se encontraban los salones administrativos, las residencias reales y los patios interiores. Un poco más adelante llegamos a los restos del Palacio Kính Thiên, el edificio más importante de toda la Ciudad Imperial. Fue el escenario de audiencias imperiales, recepciones diplomáticas y ceremonias de Estado, aunque hoy en día solo se conservan las escaleras de piedra decoradas con dragones tallados, ya que el palacio fue destruido durante la ocupación francesa.

Sin duda, uno de los puntos más sorprendentes de la visita es el búnker D67, construido en 1967 y utilizado como centro de mando del Ejército Popular de Vietnam durante la guerra. En su interior se mantienen las salas de reuniones, los despachos, los mapas y los centros de comunicación desde los que se dirigían las operaciones militares por todo el país. No es un museo llamativo ni moderno, pero precisamente por eso impacta tanto: todo es real, sobrio y auténtico, y transmite una sensación muy fuerte de historia vivida.

Tras salir del búnker seguimos paseando con calma por los jardines del recinto. Aunque la Ciudad Imperial de Thăng Long no es de los lugares más espectaculares de Hanói a nivel visual, sí es una visita muy interesante para completar una tarde y, sobre todo, para entender mejor la historia de Vietnam, desde su pasado imperial hasta los episodios más recientes.




La Calle del Tren de Hanoi

Uno de los atractivos turísticos más llamativos de Hanói es, sin duda, la famosa calle del tren, algo que difícilmente habrás visto en otro lugar del mundo. Existen varios puntos de la ciudad desde donde se puede ver pasar el tren entre calles estrechísimas, pero la zona más conocida y visitada es la de Tran Phu, que además nos quedaba bastante cerca de nuestro hotel.

La calle cambia por completo del día a la noche. Durante el día suele estar cerrada al público y la mayoría de locales permanecen bajando la persiana, pero cuando cae la tarde todo se transforma. El ambiente se vuelve increíble: las terrazas empiezan a montar mesas y sillas prácticamente sobre los raíles, las luces se encienden y la calle se llena de viajeros y curiosos esperando el momento más esperado.

Para conocer los horarios del tren, lo mejor es preguntar directamente en tu hotel o alojamiento, así irás sobre seguro. También en muchos de los bares de la calle tienen los horarios anotados, aunque conviene no fiarse demasiado de lo que se encuentra en blogs antiguos, ya que los horarios cambian con frecuencia… y es que Vietnam funciona a su propio ritmo.

Mi consejo es que te acerques al menos media hora antes de que pase el tren y busques sitio en alguna terraza. Siéntate tranquilo, pide una cerveza bien fría y disfruta del ambiente. Lo que ocurre cuando el tren atraviesa la calle a escasos centímetros de las mesas es algo totalmente impensable en Europa. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo el vídeo que grabamos para que podáis haceros una idea de lo impresionante que resulta vivirlo en directo.



Después de ver pasar el tren, disfruta de la noche de Hanoi, cada esquina es apasionante, divertida, bulliciosa y llena de contrastes... Al día siguiente nos íbamos a la Bahía de Ha Long, pero a la vuelta aun nos esperaban más sorpresas en Hanoi...

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