Hanói: templos, historia y caos organizado
Hanói, la capital de Vietnam, es una ciudad intensa, caótica y fascinante a partes iguales. En ella conviven templos milenarios, lagos tranquilos, vestigios coloniales y una vida callejera que no descansa nunca.
Llegamos a Hanói en tren desde Sapa alrededor de las 8 de la mañana. El viaje, aunque tengas reservado un camarote privado, se hace algo pesado, ya que no suele ser fácil dormir bien. El motivo principal es el estado de las vías en Vietnam: los trenes son antiguos y, aunque los compartimentos estén razonablemente arreglados, circulan por infraestructuras muy viejas. El resultado son constantes vaivenes, golpes y ruidos que dificultan el descanso. Aun así, cuando estás de viaje, todo se sobrelleva mejor.
Al llegar a la estación, nos encontramos con numerosos taxis esperando, algo lógico teniendo en cuenta que no llegan demasiados trenes al día. Aprovechamos para desayunar en una cafetería situada justo enfrente de la estación y, después, pedimos un Grab, que llegó en pocos minutos y nos dejó en el hotel sin complicaciones.
Como no podíamos hacer el check-in hasta el mediodía, dejamos las maletas en el lobby y salimos directamente a recorrer la ciudad para aprovechar al máximo el día.
En esta primera toma de contacto recorrimos algunos de sus lugares más emblemáticos: el Templo Ngoc Son y el lago Hoan Kiem, la Catedral de San José, la Prisión de Hoa Lo, el Templo de la Literatura, la Ciudad Imperial de Thang Long y la famosa Calle del Tren.
Y ahora sí, toca responder a la gran pregunta:
¿Qué ver en Hanói?
Templo Ngoc Son y lago Hoan Kiem
El templo fue construido en el siglo XIX, durante la dinastía Nguyễn, sobre restos de edificaciones anteriores. Aunque suele describirse como un templo budista, en realidad rinde culto a figuras del budismo, el confucianismo y el taoísmo, reflejando la convivencia de distintas tradiciones religiosas en Vietnam.
El lago Hoan Kiem está profundamente ligado a una de las leyendas más famosas del país. Cuenta la historia que el emperador Lê Lợi recibió una espada mágica de un dios dragón para expulsar a los invasores chinos. Tras lograr la victoria, una tortuga gigante emergió del lago y reclamó la espada, devolviéndola al mundo divino. De ahí proviene el nombre Hoàn Kiếm, que significa “lago de la espada devuelta”. Dentro del templo se conservan incluso varios ejemplares disecados de tortugas gigantes, como forma de reforzar y mantener viva la leyenda.
| Torre de la Tortuga |
La Catedral de San José
A unos diez minutos a pie del lago Hoàn Kiếm se encuentra otro de los lugares más fotografiados de Vietnam: la Catedral de San José, el principal templo católico de Hanói y uno de los mejores ejemplos del legado cultural del dominio francés en el país.
No pudimos visitar su interior, ya que entrar en iglesias católicas en Vietnam nos resultó bastante complicado. De hecho, ni en Saigón ni en Hanói conseguimos acceder a ninguna. Aun así, aprovechamos para pasear tranquilamente por la plaza situada frente a la catedral, un espacio siempre animado y con mucho ambiente local.
En una de las esquinas de la plaza se encuentra uno de los mejores bánh mì que probamos en Vietnam, el famoso Bánh mì Mama. Es fácil reconocer el lugar por la larga cola, tanto de turistas como de vietnamitas, pero te aseguramos que la espera merece totalmente la pena.
La Catedral de San José no es solo un punto de interés arquitectónico y religioso, sino también un símbolo del pasado colonial de Hanói y un lugar de encuentro muy vivo que refleja a la perfección el contraste cultural de la ciudad.
Desde la Catedral de San José nos dirigimos a otro de los puntos más impactantes de Hanói: la Prisión de Hoa Lo. Este antiguo centro penitenciario es conocido por los estadounidenses como el “Hanoi Hilton”, un apodo irónico que hace referencia a las supuestas “comodidades” de las que disfrutaron algunos prisioneros americanos durante la Guerra de Vietnam.
Hoy en día, la Prisión de Hoa Lo funciona como museo, aunque el discurso expositivo se centra mucho más en las penalidades sufridas por los patriotas vietnamitas que lucharon contra el dominio colonial francés que en los prisioneros estadounidenses. Al fin y al cabo, como suele decirse, la historia la escriben los vencedores, y las referencias a la estancia de los soldados americanos se presentan como correctas y casi amables, en claro contraste con el trato recibido por los vietnamitas durante la época colonial.
La prisión se encuentra muy cerca del lago Hoàn Kiếm y del resto de atracciones del casco histórico, aunque conviene fijarse bien, ya que su fachada puede pasar desapercibida a pesar de los altos muros que la rodean. El precio de la entrada es de 50.000 VND y el horario de visita es de 9:00 a 17:00 horas.
Una vez pagada la entrada, se accede a una serie de estrechos corredores donde se explica el contexto histórico en el que se creó la Prisión de Hoa Lo, durante la lucha por la independencia frente a Francia. También se detalla su tamaño original y cómo gran parte del complejo fue demolido para liberar terreno para la expansión de la ciudad, conservándose solo una pequeña parte del conjunto original.
La siguiente sala corresponde a las celdas de castigo, espacios diseñados para el aislamiento total de los prisioneros con el objetivo de quebrar su moral y obtener información. Se trata de celdas diminutas, oscuras y sin ventilación, con un pequeño camastro de piedra al que los presos eran encadenados por los tobillos. De nuevo, las recreaciones con maniquíes hacen que el horror vivido resulte especialmente palpable.
La tercera sala es, probablemente, una de las más impactantes. En ella se expone la guillotina original utilizada por la administración colonial francesa, acompañada de explicaciones sobre su funcionamiento y numerosas fotografías que documentan la aplicación de este castigo. En este punto se contextualiza que, aunque hoy resulte estremecedor, la guillotina era un método de ejecución habitual en Francia. De hecho, la última persona guillotinada fue un inmigrante tunecino, ejecutado el 10 de septiembre de 1977 en Marsella.
La cuarta sala, situada en la planta superior, muestra la vida cotidiana de los prisioneros vietnamitas durante la época colonial: cómo se comunicaban sin ser descubiertos, cómo mantenían sus celebraciones y rituales religiosos y cómo se apoyaban mutuamente para no perder la esperanza en su lucha por la independencia, a pesar de las durísimas condiciones en las que vivían.
Lo que se percibe claramente a lo largo de la visita es que existe un mayor resentimiento hacia la administración colonial francesa que hacia Estados Unidos. En ningún momento se contextualiza ni se ofrece la versión francesa de los acontecimientos, mientras que la exposición sobre los americanos culmina con un mensaje de reconciliación, reflejado en la visita del senador John McCain, quien estuvo encarcelado en esta prisión durante más de cinco años.
| Văn Miếu Môn |
Después de atravesar el Pabellón de la Constelación, accedemos al tercer patio, conocido como el Estanque de la Tranquilidad. Es aquí donde se encuentran, a la derecha, las famosas estelas de piedra, uno de los elementos más representativos del Templo de la Literatura.
| Estanque de la Tranquilidad |
| Estela |
Al abandonar el tercer patio, dedicado al éxito académico y al reconocimiento del mérito intelectual, accedemos al cuarto patio, el espacio más solemne y sagrado de todo el recinto. Tras atravesar las áreas destinadas al estudio y la reflexión, este lugar marca el punto culminante del recorrido, ya que aquí se rinde homenaje a Confucio y a sus discípulos más destacados.
En el centro del patio se alza la Casa de Ceremonias (Đại Bái Đường), donde se encuentran los altares dedicados a Confucio y a otros grandes sabios que sentaron las bases del pensamiento confuciano en Vietnam.
A ambos lados se disponen pabellones laterales en los que estaban representados los 72 alumnos más destacados, figuras clave en la difusión y preservación de esta corriente filosófica.![]() |
| Torre de la Bandera |
Por la tarde decidimos alejarnos un poco del bullicio del centro de Hanói para visitar la Ciudad Imperial de Thăng Long, un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad que, durante más de mil años, fue el auténtico corazón político de Vietnam. Fundada en el siglo XI por el emperador Lý Thái Tổ, esta ciudadela fue capital bajo varias dinastías y, con el paso del tiempo, terminó siendo utilizada tanto por los franceses como durante la Guerra de Vietnam. La visita, por tanto, no se limita a la época imperial, sino que recorre buena parte de la historia del país.
Antes incluso de llegar a la entrada, nuestra atención se va directa a la Torre de la Bandera, que se alza imponente a lo lejos. Con más de 33 metros de altura, fue construida en 1812 durante la dinastía Nguyễn y es uno de los pocos elementos originales que han sobrevivido del antiguo recinto imperial. Ver la bandera ondeando en lo alto es una de esas imágenes que se te quedan grabadas de Hanói.
La Ciudad Imperial abre todos los días excepto los lunes, de 08:00 a 17:00, y la entrada cuesta 100.000 VND. Nada más acceder, nos encontramos con la Puerta del Sur, la antigua entrada principal a la zona más restringida del recinto. Por aquí solo podían pasar el emperador, los altos funcionarios y los enviados extranjeros invitados a ceremonias oficiales. La estructura se conserva prácticamente intacta, con cinco accesos, siendo el central exclusivo para el emperador. Subimos a la parte superior desde uno de los laterales y desde allí se obtiene una buena vista general del complejo; como ya nos había pasado en otros lugares históricos de Vietnam, nos cruzamos con varias chicas vestidas con trajes tradicionales posando para sesiones de fotos.
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| Puerta del Sur |
El recorrido continúa por la zona arqueológica, donde se aprecian los cimientos de antiguos palacios y diferentes exposiciones que ayudan a imaginar cómo fue este lugar en su época de esplendor. Aquí se encontraban los salones administrativos, las residencias reales y los patios interiores. Un poco más adelante llegamos a los restos del Palacio Kính Thiên, el edificio más importante de toda la Ciudad Imperial. Fue el escenario de audiencias imperiales, recepciones diplomáticas y ceremonias de Estado, aunque hoy en día solo se conservan las escaleras de piedra decoradas con dragones tallados, ya que el palacio fue destruido durante la ocupación francesa.
Sin duda, uno de los puntos más sorprendentes de la visita es el búnker D67, construido en 1967 y utilizado como centro de mando del Ejército Popular de Vietnam durante la guerra. En su interior se mantienen las salas de reuniones, los despachos, los mapas y los centros de comunicación desde los que se dirigían las operaciones militares por todo el país. No es un museo llamativo ni moderno, pero precisamente por eso impacta tanto: todo es real, sobrio y auténtico, y transmite una sensación muy fuerte de historia vivida.
Tras salir del búnker seguimos paseando con calma por los jardines del recinto. Aunque la Ciudad Imperial de Thăng Long no es de los lugares más espectaculares de Hanói a nivel visual, sí es una visita muy interesante para completar una tarde y, sobre todo, para entender mejor la historia de Vietnam, desde su pasado imperial hasta los episodios más recientes.











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