HANOI: TEATRO DE MARIONETAS, MAUSOLEO HO CHI MIHN, PALACIO PRESIDENCIAL, PAGODA DEL PILAR UNICO, TEMPLO DE QUAN THANH Y PAGODA DE TRAN QUOC
Regresamos de la bahía de Ha Long a mediodía y todavía nos quedaba por delante más de un día y medio para seguir descubriendo Hanoi. Esa misma tarde ya teníamos plan: habíamos comprado entradas para el teatro de marionetas de agua, uno de los espectáculos más tradicionales y singulares de Vietnam, y algo que difícilmente se puede ver en otros lugares del mundo.
![]() |
| Mercado de Dong Xuan |
Y es que lo realmente fascinante de Hanoi no es un lugar concreto, sino el trayecto en sí. Caminar por la ciudad es toda una experiencia: tiendas impensables en cualquier ciudad europea, gente comiendo a cualquier hora sentada en pequeños taburetes de plástico sobre la acera, cocinas improvisadas… Hanoi es caótica, intensa y tremendamente auténtica.
Justo antes de llegar al teatro pasamos por delante del edificio Hàm Cá Mập, conocido como el Edificio Mandíbula de Tiburón. Tuvimos la suerte —o la casualidad— de verlo apenas unas semanas antes de que fuera demolido. Hoy en su lugar solo queda un solar. El motivo fue reorganizar urbanísticamente la zona y aliviar el tráfico, pero la verdad es que da pena: estaba lleno de cafeterías con terrazas y tenía un ambientazo increíble, sobre todo por la noche.
TEATRO DE MARIONETAS
Las marionetas parecen flotar sobre el agua y representan escenas de la vida rural vietnamita, fiestas populares, leyendas, batallas y ceremonias. Aunque todo el espectáculo es en vietnamita, no hace falta entender el idioma para captar la esencia: tradición, espiritualidad y mucha cultura condensadas en una hora.
Decenas de restaurantes, bares y terrazas hacen de esta zona un lugar perfecto para terminar el día cenando y empapándote del ritmo de la ciudad.
Ponemos rumbo al Mausoleo de Ho Chi Minh, donde se conserva el cuerpo del líder al que se le atribuye la consecución de la independencia de Vietnam frente a Francia. Ho Chi Minh es conocido por los propios vietnamitas como el “Tío Ho”, y no es raro encontrarse en los alrededores con grupos de escolares cantando canciones dedicadas a su figura. Este apodo no es casual: fue el propio Ho Chi Minh quien cultivó deliberadamente la imagen de un anciano cercano y afable, casi paternal, con el objetivo de ganarse el cariño y la confianza del pueblo. Un cálculo político que, visto con perspectiva, le funcionó a la perfección y lo consolidó como líder indiscutible del país.
El mausoleo se encuentra en la plaza Ba Dinh, el mismo lugar donde en 1945 Ho Chi Minh proclamó oficialmente la independencia de Vietnam. El edificio es sobrio y monumental, construido en granito gris y mármol, y transmite una sensación de solemnidad desde el primer momento. En su interior se conserva el cuerpo embalsamado de Ho Chi Minh. Aunque antes de morir había expresado su deseo de ser incinerado, el gobierno decidió preservarlo como símbolo de unidad nacional.
La visita se realiza bajo normas muy estrictas: no se pueden hacer fotos, hay que mantener silencio y seguir cuidadosamente las indicaciones del personal.
En los alrededores, además de turistas, es habitual ver numerosos grupos de escolares. Más allá de su evidente valor histórico y simbólico, la visita también refleja la importancia que el Estado concede a la figura de Ho Chi Minh dentro de la educación y la identidad nacional. Al final, por mucho que Vietnam enamore al viajero, no deja de ser una república comunista de partido único, y este tipo de lugares ayudan a entender mejor cómo se construye su relato histórico.
El Templo del Pilar Único es uno de los monumentos más fotografiados de Hanói. En realidad no es un templo grande ni especialmente majestuoso, pero su singularidad —una pequeña pagoda de madera sostenida por un único pilar de piedra en medio de un estanque— lo ha convertido en algo muy especial, en todo un icono tanto de la ciudad como de Vietnam.
La entrada es gratuita y suele haber bastante ambiente, con locales y turistas moviéndose constantemente por los alrededores, así que no tiene pérdida. El templo fue construido en el año 1049, durante la dinastía Lý, por orden del emperador Lý Thái Tông. Cuenta la leyenda que el emperador soñó con la diosa de la misericordia Quan Âm, sentada sobre una flor de loto y entregándole un hijo. Poco tiempo después, al conseguir descendencia, mandó levantar este templo como muestra de gratitud.
Toda la estructura simboliza esa visión: el pilar único representa el tallo de la flor, el estanque el agua, y la pequeña pagoda la flor de loto emergiendo, un símbolo muy importante en el budismo, asociado a la pureza y la iluminación.
En el interior de la pagoda hay un pequeño altar dedicado a Quan Âm, y es habitual ver a muchos locales haciendo cola para dejar ofrendas y rezar. En la parte posterior del recinto se encuentra otra pagoda con distintos altares dedicados a dioses y ancestros. Allí nos encontramos con vietnamitas cantando y rezando, leyendo antiguos textos que, aunque incomprensibles para nosotros, aportan al lugar una atmósfera muy auténtica y espiritual.
Después de visitar el Templo del Pilar Único, nos dirigimos a uno de los templos más simbólicos y antiguos de Hanói: el Templo de Quán Thánh. Fue construido por primera vez en el siglo XI y, aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones a lo largo de los siglos, mantiene intacta su importancia histórica. Al igual que el Templo del Pilar Único, fue erigido durante la dinastía Lý, cuando Hanói se consolidó como capital imperial.
![]() |
| Templo de Quan Thanh |
La entrada es de pago, pero muy asequible, alrededor de 20.000 VND. Nada más cruzar el umbral, se respira una calma sorprendente, casi chocante si tenemos en cuenta que a solo unos metros reina el caos del tráfico y el ruido constante de la ciudad. En su interior encontrarás primero un patio cuadrangular con árboles centenarios y, al fondo, el edificio principal que alberga la impresionante figura de Trấn Vũ.
La estatua, realizada en bronce en el siglo XVII, es una de las más importantes de Vietnam: mide más de cuatro metros de altura y pesa más de cuatro toneladas, lo que la convierte en una auténtica obra maestra de la escultura tradicional.
Merece la pena recorrer el templo con calma, observar a los fieles realizando ofrendas de todo tipo y dejarse llevar por el intenso olor a incienso que impregna los altares. Es un lugar perfecto para hacer una pausa y conectar con la parte más espiritual de Hanói.
PAGODA DE TRAN QUOC
Al salir del Templo de Quán Thánh, y cruzando el río, se llega al lago Trúc Bạch, también conocido como el Lago del Oeste. Para ello hay que atravesar un puente que ya de por sí es toda una experiencia: cruzar de una acera a la otra es casi un deporte de riesgo, con motos y coches pasando sin parar. A ambos lados de este endemoniado puente se alzan dos templos, siendo el más conocido, sin duda, la Pagoda Trấn Quốc.
![]() |
| Pagoda de Quan Thanh |
La pagoda fue fundada en el siglo VI, durante el reinado del emperador Lý Nam Đế, lo que la convierte en uno de los templos más antiguos de Vietnam. A lo largo de los siglos fue trasladada y reconstruida en varias ocasiones, ya que la erosión del río ponía en peligro su ubicación original. Cuando el terreno corría riesgo de desaparecer, el templo se desmontaba y se levantaba de nuevo en un lugar más seguro.
Justo al otro lado del puente —tras volver a jugarte la vida— se encuentra un pequeño templo conocido como el Templo de Thủy Trung Tiên, cuyo nombre puede traducirse como “Templo del Inmortal del Agua”. No es casualidad: está dedicado a espíritus y deidades vinculadas al agua, un elemento fundamental en la vida tradicional vietnamita. Ríos, lagos y arrozales han sido siempre fuente de alimento, pero también de peligro, especialmente durante las inundaciones, por lo que rendir culto a estas deidades era una forma de pedir protección y buenas cosechas.
![]() |
| Templo de Thủy Trung Tiên |
El templo es pequeño y sencillo, nada que ver con los grandes complejos que habíamos visitado antes, pero transmite una tranquilidad especial. Su ubicación, justo a orillas del lago, le da un aire nostálgico y muy auténtico.
El resto de la tarde lo dedicamos simplemente a pasear sin rumbo por Hanói y a hacer las últimas compras, sabiendo que al día siguiente tocaba volar de regreso a España.
Vietnam deja en la memoria imágenes irrepetibles: costumbres tan distintas a las nuestras que te rompen por completo los esquemas, escenas cotidianas que no se olvidan y una forma de vivir mucho más sencilla. Gente humilde y amable, buscándose la vida cada día, casi siempre con una sonrisa a pesar de las dificultades o las carencias.
Al final, Vietnam te recuerda algo esencial, y es que allí se cumple al pie de la letra ese refrán tan cierto: no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.
































No hay comentarios:
Publicar un comentario