MARRAKECH
MEDERSA BEN YOUSEFF, EL JARDIN SECRETO, MEZQUITA KOUTUBIA Y PLAZA JEMMA EL FNA
Marrakech es uno de los destinos más populares para quienes viajan desde España. La gran oferta de vuelos económicos desde prácticamente cualquier punto de la península la convierte en una opción ideal tanto para una escapada de fin de semana como para el inicio de una ruta más amplia por Marruecos. Además, su posición estratégica la ha convertido históricamente en una auténtica puerta de entrada hacia el sur del país y el desierto.

Considerada una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, junto a Fez, Meknés y Rabat, Marrakech ha sido durante siglos un centro político, comercial y religioso de primer orden. Hoy sigue siendo un punto clave de partida hacia la ruta de las kasbahs y el desierto de Merzouga, y no es raro que entre las numerosas agencias de viajes que salpican la ciudad te ofrezcan excursiones al desierto, visitas a pueblos bereberes o recorridos por lugares tan emblemáticos como la kasbah de Ait Ben Haddou.
UN POCO DE HISTORIA PARA SITUARNOS...
La ciudad fue fundada en 1062 por Yusuf ibn Tashfin, líder de los almorávides, una dinastía bereber de origen sahariano que buscaba establecer un centro estratégico desde el que controlar las rutas comerciales entre el Sáhara, Al-Ándalus y el norte de África. El propio nombre de Marrakech procede del término bereber Amur n Akush, que significa “Tierra de Dios”. Aún hoy, el dialecto bereber sigue muy presente en la región, y no es extraño ver señalización tanto en árabe como en bereber.
En sus inicios, Marrakech no fue una ciudad monumental, sino un campamento fortificado que creció con rapidez. Su función era principalmente militar, administrativa y comercial. Desde aquí se organizaban expediciones, se controlaba el comercio de oro, sal y esclavos, y se gobernaban territorios que llegaban hasta el sur de la península ibérica. Los almorávides sentaron las bases de la medina que aún hoy estructura la ciudad, levantando murallas, mezquitas, mercados y complejos sistemas de abastecimiento de agua que traían el líquido desde las montañas del Atlas, esenciales para una ciudad situada en un entorno semiárido. Profundamente religiosos, dejaron una arquitectura sobria y funcional.
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| Mezquita de la Koutoubia |
En 1147, Marrakech cayó en manos almohades y muchos edificios almorávides fueron destruidos o transformados en un intento deliberado de borrar la huella del régimen anterior, tanto a nivel arquitectónico como religioso. Los almohades promovían una interpretación más estricta del monoteísmo y rechazaban prácticas que consideraban desviaciones del islam original. Bajo su mandato, la ciudad se llenó de construcciones monumentales, de las cuales conservamos hoy ejemplos tan emblemáticos como la mezquita de la Koutoubia, auténtico símbolo de Marrakech.
A partir del siglo XIII, el poder almohade comenzó a debilitarse tras derrotas militares en Al-Ándalus y conflictos internos. Surgió entonces la dinastía Meriní, procedente del norte de Marruecos, que gobernó entre los siglos XIII y XV y trasladó la capital a Fez. Este cambio provocó el declive económico y político de Marrakech. Las grandes madrasas y palacios se construyeron en Fez, mientras muchos monumentos de Marrakech cayeron en el abandono, e incluso algunos de sus materiales fueron reutilizados en edificios de la nueva capital. El poder meriní también acabó desvaneciéndose, siendo sustituido por los wattásidas, que gobernaron durante menos de un siglo y apenas dejaron huella en la ciudad.
No fue hasta el siglo XVI cuando Marrakech vivió un nuevo renacer bajo la dinastía saadí, que devolvió a la ciudad parte de su esplendor con monumentos como las Tumbas Saadíes y el Palacio El Badi. Con la llegada posterior de la dinastía alauí, Marrakech no recuperó la capitalidad, que se trasladó a otras ciudades, pero mantuvo su importancia regional y simbólica dentro del país.
La última gran transformación de la ciudad llegó en 1912, con el establecimiento del Protectorado francés. Fue entonces cuando Marrakech experimentó una profunda transformación urbana, combinando la medina histórica con nuevos barrios de estilo europeo, dando forma a la ciudad que conocemos hoy, donde la historia, la tradición y la modernidad conviven en un equilibrio tan caótico como fascinante.
¿QUE VER EN MARRAKECH EN TRES DIAS?
Una de las grandes ventajas de Marrakech es que, si te alojas dentro de la medina, puedes recorrer la ciudad prácticamente a pie. Todo queda relativamente cerca y orientarse resulta sencillo con ayuda de Google Maps o Maps.me. Pasear por sus calles es casi como moverse por un enorme centro comercial al aire libre: los trayectos entre monumentos se convierten en parte de la experiencia, llenos de estímulos, colores y escenas cotidianas que hacen que el tiempo pase sin darte cuenta.
A diferencia de otros lugares de Marruecos, como Fez, en Marrakech puedes caminar con bastante tranquilidad y a tu aire. No hay una presión constante de gente ofreciéndose como guía, lo que, al menos para nosotros, permite disfrutar mucho más de la ciudad a tu propio ritmo, sin prisas ni interrupciones continuas.
Si dispones de un par de días para visitar Marrakech, es importante organizar bien el recorrido. Los horarios de los monumentos son variados y conviene evitar las horas punta, especialmente cuando llegan las excursiones organizadas, algo muy evidente en lugares como el Palacio El Badi o el Jardín Secreto. Una opción habitual es comenzar el día con un free tour por la ciudad, ya sea con Civitatis o con cualquiera de las empresas que los ofrecen. Nosotros hicimos uno porque teníamos tiempo, pero, sinceramente, no nos convenció demasiado: suelen ser bastante superficiales, la historia se explica muy por encima, apenas se profundiza en los monumentos más relevantes y casi siempre acaban en alguna tienda —normalmente de perfumes— donde es evidente que hay comisión de por medio. Eso sí, como siempre, para gustos los colores; definitivamente, no es nuestro tipo de experiencia.
Volviendo a la ruta, nosotros nos programamos ver los lugares más interesantes de Marrakech en dos días:
Día I. Medersa Ben Youseff, El Jardín Secreto, Mezquita Koutubía, Plaza El Jefna
Día II. Palacio el Badi, Plaza de los Orfebres, Palacio de la Bahía, Tumbas Saadíes, Medina
MEDERSA BEN YOUSEFF
La Medersa Ben Youssef fue la mayor escuela coránica del Magreb y hoy es una visita imprescindible para comprender el antiguo esplendor cultural e intelectual de Marrakech. Fue fundada en el siglo XIV por los meriníes, aunque alcanzó su máximo apogeo en el siglo XVI, durante la dinastía saadí, bajo el sultán Abdallah al-Ghalib. Durante siglos acogió a cientos de estudiantes procedentes de todo Marruecos y del África subsahariana, que acudían aquí para formarse en teología, derecho islámico, astronomía y diversas ciencias.
Nada más acceder, se atraviesa una serie de pasillos que conducen hasta el corazón de la medersa: su patio central rectangular, sin duda uno de los espacios más bellos de Marrakech. Todo el conjunto gira en torno a este punto, presidido por una pila de agua que simboliza la pureza. Las paredes están ricamente decoradas con mosaicos geométricos, delicados paneles de estuco tallado y madera de cedro finamente esculpida, creando una armonía visual que invita a detenerse y observar cada detalle.
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| Sala de oración |
Tras disfrutar del patio principal, la visita continúa por las antiguas celdas de los estudiantes, organizadas en pasillos casi laberínticos con pequeños patios interiores. Alrededor de ellos se distribuyen las diminutas habitaciones, extremadamente sencillas y sin apenas decoración, concebidas para favorecer una vida de recogimiento centrada exclusivamente en el estudio y la oración.
La visita completa requiere al menos unos 45 minutos, aunque es fácil que se alargue más, ya que cada rincón de la medersa invita a detenerse, observar y, por supuesto, hacer fotografías.
EL JARDIN SECRETO
El llamado Jardín Secreto es, en realidad, la restauración de un antiguo complejo palaciego de Marrakech que permite hacerse una buena idea de cómo eran los espacios donde vivía la élite de la ciudad. A pesar de encontrarse en pleno corazón de la medina, en su interior se respira una calma sorprendente, en un entorno dominado por el agua, la vegetación y el silencio, que contrasta radicalmente con el bullicio del exterior.
El precio de la entrada es de 100 dirhams, y el horario de visita va de 9:30 a 17:30 en invierno y hasta las 19:30 en primavera y verano. A mi juicio, y pese a la indudable belleza del lugar, el precio resulta algo elevado. Aun así, es uno de esos sitios que, por su singularidad y por el descanso que ofrece en medio del caos de la medina, merece la pena visitar al menos una vez.
Tras recorrer este primer jardín, un sendero conduce al segundo espacio, un jardín exótico, más botánico y menos simbólico, donde se agrupan especies vegetales procedentes de distintas partes del mundo, ofreciendo un contraste interesante con la estricta geometría del jardín islámico.
Alrededor de ambos jardines se distribuyen los edificios del antiguo palacio, con salas restauradas que explican la historia del lugar y, sobre todo, el funcionamiento de los ingeniosos sistemas hidráulicos tradicionales. Uno de los aspectos más interesantes del conjunto es precisamente cómo se canalizaba el agua desde las montañas del Atlas hasta los patios y fuentes de la ciudad, un conocimiento esencial para la vida en un entorno semiárido.
En uno de los rincones del recinto se puede acceder a una torre panorámica, previo pago adicional. No obstante, desde la terraza de la cafetería se obtienen unas vistas muy similares de la medina, sin coste extra.
La visita es tranquila y relativamente breve, de no más de media hora. Más que una visita cultural profunda, se trata de un paseo agradable por un espacio cuidado y estéticamente muy bonito. En lo personal, aunque el conjunto resulta atractivo, me deja una sensación algo floja en cuanto a contenido histórico en relación con el precio, ya que no transmite tanto la impresión de estar ante un lugar auténtico como la de una recreación pensada principalmente para el visitante.
MEZQUITA DE KOUTOBBIADespués de almorzar, nos dirigimos hacia la zona central de la medina, en dirección a la Plaza Jemaa el-Fna, aunque antes nos desviamos ligeramente para acercarnos a la Mezquita Koutoubia, probablemente el monumento religioso más emblemático de Marrakech.
La mezquita fue construida durante el dominio de la dinastía almohade, en el siglo XII. El edificio que vemos hoy se levantó sobre una mezquita anterior, construida tras la conquista almohade de Marrakech. Con el tiempo se descubrió que la orientación de aquella primera mezquita hacia La Meca no era correcta, por lo que fue necesario derribarla y reconstruirla siguiendo una alineación adecuada.
El nombre de “Koutoubia” procede del árabe al-kutubiyyin, que significa “los libreros”. Durante la Edad Media, los alrededores de la mezquita estaban llenos de puestos de libros, copistas y manuscritos, lo que convirtió esta zona en un importante centro cultural de la ciudad y dio origen a su nombre. Su relevancia religiosa era fundamental en la época en que Marrakech fue capital del imperio almohade, ya que la Koutoubia era la mezquita principal, donde el califa pronunciaba el sermón del viernes, un acto de enorme peso religioso y también político.

Este minarete sirvió además como modelo para la Giralda de Sevilla, antiguo alminar de la mezquita sobre la que hoy se levanta la catedral. Construida apenas cincuenta años después, ambas torres comparten proporciones y estilo, razón por la que a menudo se las considera “torres hermanas”.
Acabamos la tarde en la Plaza Jemaa el-Fna, sin duda el corazón de la medina. Por la mañana habíamos pasado por allí casi sin darnos cuenta: el espacio estaba prácticamente vacío, salvo por algunos puestos de zumos que permanecen abiertos durante todo el día. Sin embargo, al caer la tarde la plaza se transforma por completo y se convierte en un auténtico hervidero de vida. Comienza un incesante ir y venir de gente, se instalan puestos de comida y bebidas, aparecen grupos de músicos tradicionales alrededor de los cuales se forman corros de curiosos, domadores de serpientes, cuentacuentos y espectáculos improvisados de lo más variado.
Hoy en día, la plaza es un caos en sí misma y está claramente orientada al turismo. Los restaurantes improvisados en la zona central ofrecen precios inflados y, en general, una calidad bastante cuestionable. Además, si haces fotografías es habitual que te pidan una propina inmediata, ya sea a los músicos, a los encantadores de serpientes o a quienes posan con monos. Nos llamó mucho la atención un juego muy popular consistente en pescar con cañas y un aro botellas de cocacola y Fanta de 2 litros...si las pescabas, te las llevabas... Otra escena que nos llamo la atención, fue como un hombre extendía una sábana llena de números y se hacían apuestas tirando sobre ellas monedas...

En definitiva, el ambiente resulta curioso y llamativo, una ventana a tradiciones que desaparecieron hace décadas en Europa, aunque, siendo sinceros, Marrakech ofrece rincones mucho más interesantes y auténticos que esta plaza tan famosa como sobreexplotada.




















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