SOFIA
Día 1: llegada a Sofía
El primer día de nuestro viaje comenzó temprano. Madrugar para coger el avión desde Málaga tuvo su recompensa, ya que llegamos a Sofía a primera hora de la mañana y pudimos aprovechar prácticamente todo el día.
Nada más aterrizar recogimos el coche de alquiler en el aeropuerto y nos dirigimos al hotel para dejar el equipaje antes de empezar a explorar la ciudad. Nos alojamos en el Aurora Sofia Hotel, un hotel bastante nuevo, cómodo y con parking propio, situado a menos de diez minutos andando del centro histórico, algo muy práctico para moverse por la ciudad.
El plan para ese primer día era sencillo: dedicar la mañana a recorrer los principales lugares del centro de Sofía y, por la tarde, salir en coche hacia los baños termales de Bankya, situados a pocos kilómetros de la capital.
Qué ver en Sofía
Catedral de Sveta Nedelya
La Catedral de Sveta Nedelya es una de las iglesias ortodoxas más importantes del centro de Sofía. Durante siglos ha sido un importante símbolo religioso para la ciudad, aunque también ha estado ligada a algunos de los episodios más dramáticos de la historia búlgara.
El edificio que vemos hoy es una reconstrucción del siglo XIX, aunque el origen del templo se remonta mucho más atrás, aproximadamente al siglo X. Su nombre, “Sveta Nedelya”, significa literalmente “Santa Domingo”, una advocación bastante común dentro de la tradición ortodoxa.
Exteriormente destaca su gran cúpula central y la estructura de ladrillo oscuro que le da un aspecto sobrio y sólido. Esta apariencia se debe en gran parte a la reconstrucción llevada a cabo tras el atentado de 1925, uno de los ataques terroristas más graves ocurridos en Europa durante el periodo de entreguerras.
El 16 de abril de 1925, durante el funeral de un general búlgaro, miembros del Partido Comunista Búlgaro colocaron una potente carga explosiva en la cúpula del templo. Su objetivo era eliminar a gran parte de la élite política y militar del país, incluido el zar Boris III de Bulgaria. El monarca finalmente no acudió al funeral, pero la explosión causó la muerte de más de 150 personas y dejó más de 500 heridos.
Iglesia de San Jorge
A pocos metros de la Catedral de Sveta Nedelya, y casi por casualidad, llegamos a otra de las iglesias más icónicas de la ciudad: la Iglesia de San Jorge. Cuando llegamos nos encontramos con una pareja de recién casados haciéndose las típicas fotos de boda, algo que no nos sorprendió demasiado, ya que este pequeño templo es uno de los lugares más fotografiados de Sofía y aparece en prácticamente todas las guías turísticas del país.
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| Iglesia de San Jorge |
El motivo es sencillo: se trata de uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Sus orígenes se remontan al siglo IV o V, cuando Sofía era conocida como Sérdica y formaba parte del Imperio Romano. En aquella época el edificio no estaba aislado como hoy, sino que formaba parte de un complejo mucho mayor que incluía termas, edificios administrativos e incluso dependencias del palacio imperial.
La iglesia tiene una curiosa forma circular —en realidad es una rotonda de ladrillo rojo— que contrasta con los edificios más modernos que la rodean. Aunque la entrada es gratuita, el horario de visita es limitado y en el interior no está permitido hacer fotografías.
Dentro se conservan varias capas de frescos pertenecientes a diferentes periodos históricos, que abarcan aproximadamente desde el siglo X hasta el XIV. Como es habitual en las iglesias ortodoxas, representan escenas religiosas con Cristo, la Virgen, diversos santos y personajes del Antiguo Testamento.
A partir del siglo XV, tras la conquista otomana de la ciudad, el edificio fue transformado en mezquita. En ese momento se añadió un minarete y los frescos fueron cubiertos con yeso, siguiendo la tradición islámica de evitar las representaciones figurativas en los lugares de culto. Siglos más tarde, tras la independencia de Bulgaria, el templo volvió a convertirse en iglesia y los frescos fueron redescubiertos y restaurados.
Visitar la Iglesia de San Jorge es, en cierto modo, viajar a través del tiempo. En un espacio pequeño se concentran distintas etapas de la historia de la ciudad: la romana, la bizantina, la otomana y la Bulgaria moderna, todas ellas dejando su huella en las paredes de este antiguo templo.
Palacio Presidencial
El Palacio Presidencial de Sofía se encuentra justo al lado de la Iglesia de San Jorge, aunque en realidad la sensación es casi la contraria: la pequeña iglesia aparece situada dentro del patio interior del complejo presidencial, lo que crea una imagen bastante curiosa y algo inesperada. Ver un templo del siglo IV rodeado por edificios administrativos del siglo XX es uno de esos contrastes que hacen tan interesante el centro histórico de Sofía.
El mejor lugar para observar el palacio es en la parte trasera de la Iglesia de San Jorge, hacia la Plaza Burov. Allí encontrarás una fuente y la entrada más representativa del recinto. Es también el punto donde se sitúa la guardia de honor que custodia el edificio, un pequeño detalle ceremonial que añade algo de solemnidad a un conjunto arquitectónico que, por lo demás, destaca más por su carácter práctico que por su grandiosidad.
Iglesia de Santa Sofía
Desde el Palacio Presidencial de Sofía tomamos la calle Moskovska en dirección a dos de los templos más importantes de la ciudad: la Iglesia de Santa Sofía y la imponente Catedral de San Alejandro Nevski.
La primera que visitamos fue la Iglesia de Santa Sofía, uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Fue construida en el siglo VI durante el reinado del emperador bizantino Justiniano I, cuando la ciudad aún formaba parte del Imperio Bizantino y era un importante centro religioso de la región.
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| Iglesia de Santa Sofía |
Siglos más tarde, tras la independencia de Bulgaria, el templo volvió a funcionar como iglesia ortodoxa, algo que también ocurrió con otros edificios religiosos del país.
Exteriormente, la iglesia recuerda en cierto modo a la basílica de Estambul, sobre todo por sus grandes muros de ladrillo rojo perforados por pequeñas ventanas. Aun así, el conjunto resulta bastante austero: no hay grandes adornos ni elementos decorativos, lo que le da un aspecto sólido y funcional.
La parte más interesante del complejo se encuentra bajo tierra. En el subsuelo se puede visitar —previo pago de una pequeña entrada— una zona arqueológica donde se conservan tumbas paleocristianas, mosaicos y restos de las iglesias anteriores que existieron en este mismo lugar antes de levantarse el edificio actual.
Catedral de San Alejandro Nevski de Sofía
A escasos metros de la Iglesia de Santa Sofía se encuentra el templo más emblemático de la ciudad: la Catedral de San Alejandro Nevski. Este impresionante edificio fue levantado en memoria de los soldados rusos que murieron durante la Guerra ruso‑turca de 1877‑1878, un conflicto decisivo que permitió la liberación de Bulgaria del dominio otomano y abrió el camino hacia su independencia.
La catedral no pasa desapercibida. De hecho, es visible desde distintos puntos de Sofía gracias a sus características cúpulas doradas, que brillan especialmente cuando el sol incide sobre ellas. El templo recibe su nombre de Alejandro Nevski, un príncipe ruso medieval venerado como santo por la Iglesia ortodoxa.
La construcción comenzó en 1882 con la colocación de la primera piedra, aunque el edificio no se terminó hasta unos treinta años más tarde. El resultado es una catedral monumental que, según se dice, puede acoger a más de 10.000 personas, lo que la convierte en una de las iglesias ortodoxas más grandes del mundo.
Exteriormente, lo más llamativo es su enorme cúpula central recubierta con láminas de oro, acompañada por otras cúpulas menores que completan una silueta inconfundible en el perfil de la ciudad.
El interior es igualmente impresionante. Como ocurre en muchas iglesias ortodoxas, la decoración está dominada por el dorado, los frescos y los iconos religiosos. Destaca especialmente el imponente iconostasio, esa gran pared decorada con iconos que separa la zona de los fieles del altar, el espacio más sagrado del templo y reservado únicamente a los sacerdotes.
Merece la pena detenerse a observar las enormes lámparas que cuelgan de las cúpulas, los candelabros y los innumerables detalles de las pinturas. No es de extrañar si se tiene en cuenta que en la decoración de la catedral participaron más de 150 artistas procedentes de distintos países de Europa.
Bajo el templo se encuentra además una cripta que alberga un museo de arte ortodoxo, al que se puede acceder pagando una pequeña entrada. Allí se expone una interesante colección de iconos antiguos y pinturas religiosas procedentes de distintas iglesias de Bulgaria.
La visita a la catedral es gratuita y bien merece dedicarle al menos media hora. Es uno de esos lugares en los que siempre descubres algún detalle nuevo si lo recorres con calma.
Mezquita Banya Bashi
Tras visitar la Catedral de San Alejandro Nevski, tocaba regresar sobre nuestros pasos hacia la Catedral de Sveta Nedelya, que habíamos visitado por la mañana. Muy cerca de allí se encuentra otro edificio que recuerda claramente el pasado otomano de la ciudad: la Mezquita Banya Bashi.
El pasado del Imperio Otomano todavía se percibe en muchas ciudades de Bulgaria, donde aún pueden encontrarse antiguas mezquitas monumentales que siguen en funcionamiento. De hecho, Banya Bashi es la única mezquita activa que queda hoy en Sofía.
Fue construida en 1576 durante el dominio otomano y su diseño recuerda mucho al de las grandes mezquitas de Estambul, algo bastante lógico si tenemos en cuenta que se levantó en la misma época en que se construían muchos de los grandes templos de la capital del imperio.
Su nombre, “Banya Bashi”, significa literalmente “sobre los baños”, ya que la mezquita fue edificada junto a unos baños termales naturales que existían en esta zona desde época romana y que durante siglos fueron muy populares entre los habitantes de la ciudad.Desde el punto de vista arquitectónico destaca su gran cúpula central, acompañada por varias cúpulas más pequeñas y un esbelto minarete que se eleva sobre los edificios cercanos.
El interior, al que se puede acceder siempre que no coincida con las horas de oración, resulta sorprendentemente tranquilo. En cierto modo es como una versión más pequeña de las grandes mezquitas de Estambul: una amplia cúpula blanca decorada con motivos vegetales y geométricos, alfombras que cubren todo el suelo y los elementos clásicos de cualquier mezquita, como el mihrab, el nicho que indica la dirección hacia La Meca, o el minbar, el pequeño púlpito con escalones desde el que el imán pronuncia el sermón durante la oración del viernes.
Después de la visita, regresamos al hotel para cambiarnos y, casi sin perder tiempo, cogimos el coche de alquiler rumbo a la cercana localidad de Bankya. Nuestro objetivo: disfrutar de sus famosos baños termales.
Baños Termales de BankyaSi visitas Sofía y dispones de algo de tiempo, una escapada a Bankya es un plan que no deberías pasar por alto. Por muy poco dinero, puedes regalarte una tarde de auténtico relax en sus aguas termales.
Es cierto que no son tan espectaculares como los de Budapest, ni tan grandes, pero también es verdad que cuestan aproximadamente una tercera parte. Y, aun así, la experiencia merece mucho la pena. Sus aguas minerales, con propiedades terapéuticas, son especialmente recomendables para mejorar la circulación y favorecer la relajación general.
La forma más cómoda de llegar es en coche, taxi o Uber. El horario suele ser de 9:00 a 20:00, y los precios parten desde unos 7 euros. Con la entrada básica puedes disfrutar de las piscinas termales y de zonas de hidromasaje. Si quieres una experiencia más completa, por unos 20 euros tienes acceso a la zona de spa.Sin duda, el punto estrella es la piscina principal: una gran piscina circular con asientos integrados, perfecta para relajarte mientras te rodea agua muy caliente. Las instalaciones cuentan con vestuarios y taquillas donde puedes cambiarte y dejar tus pertenencias. Un consejo importante: lleva tu propia toalla, ya que no está incluida en el precio y alquilarla allí resulta bastante caro en comparación con la entrada.
Tras casi tres horas disfrutando de este pequeño paraíso termal, regresamos a Sofía con el cuerpo totalmente renovado. Para cerrar el día, fuimos a cenar a un restaurante de comida típica búlgara, muy recomendable por su calidad y precio: Shtastliveca Vitoshka.

























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