IGLESIA DE BOYANA, MONASTERIO DE RILA Y VELINGRAD

Cuando entras, el espacio resulta pequeño pero abrumador: cada rincón está cubierto de escenas, detalles y figuras que parecen observarte desde hace siglos. Y es entonces cuando te das cuenta de que los diez minutos de visita se quedan muy cortos. Sales con la sensación de no haber tenido tiempo suficiente para asimilar todo lo que has visto, pero también con la certeza de haber estado en un lugar realmente especial.MONASTERIO DE RILA
Rila se encuentra a unos 120 km de Sofía, lo que se traduce en aproximadamente una hora y media en coche. Esto hace que sea una de las excursiones más populares entre quienes visitan el país, tanto por libre como en tours organizados. Por eso, no esperes encontrar un remanso de paz, sino más bien todo lo contrario: es un lugar bastante concurrido. Conviene revisar los horarios antes de ir, ya que pueden variar durante celebraciones religiosas. El acceso al monasterio es gratuito, aunque si quieres visitar el museo tendrás que pagar entrada.
El Monasterio de Rila está cargado de simbolismo, ya que durante siglos desempeñó un papel fundamental en la preservación de la identidad búlgara, especialmente durante la dominación otomana.
El monasterio original fue fundado en el siglo X por San Juan de Rila (Ivan Rilski), el santo más venerado de Bulgaria. Se trataba de un ermitaño que decidió retirarse a las montañas en busca de una vida de aislamiento y espiritualidad. Su fama fue creciendo rápidamente, y pronto comenzaron a llegar discípulos que se establecieron en los alrededores. Tras su muerte, ese pequeño asentamiento acabó dando origen al monasterio. Durante siglos, este lugar sirvió como refugio para la lengua, la religión y las tradiciones búlgaras.
A comienzos del siglo XIX, un gran incendio destruyó buena parte del recinto. Sin embargo, su reconstrucción a mediados de ese mismo siglo terminó convirtiéndose en una oportunidad para el resurgir cultural búlgaro, ya que numerosos artistas participaron en su restauración, dejando un legado artístico que hoy sigue impresionando. Tanto es así que hoy en día, el monasterio es uno de los centros culturales y religiosos más importantes del país, y en 1983 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La primera impresión es la de estar en un recinto casi fortificado, formado por edificios con balcones de madera que rodean un gran patio central, en cuyo corazón se alza la iglesia. A pocos pasos se encuentra la Torre de Hrelio, la estructura más antigua del complejo, que data del siglo XIV y que se utilizaba como refugio en caso de ataques, siendo uno de los pocos elementos originales que se conservan.
En el interior, donde no está permitido hacer fotografías, además de la impresionante cantidad de frescos, destaca el iconostasio de madera tallada, considerado una de las piezas más valiosas del monasterio.
Mi recomendación es que te tomes la visita con calma. Necesitarás al menos una hora para disfrutar del lugar como se merece. El recinto es precioso, la iglesia una auténtica maravilla y es fácil que no pares de hacer fotos. Además, el monasterio sigue habitado por monjes, por lo que es habitual verlos moverse por el recinto, lo que añade aún más autenticidad a la experiencia.
Hoy en día, algunos de los destinos termales más destacados son Bankya, que ya visitamos el día anterior, Velingrad, protagonista de esta etapa, y Sandanski.
Si estás haciendo un road trip por Bulgaria, merece mucho la pena desviarse hasta Velingrad. Se encuentra a unas dos horas en coche del Monasterio de Rila y es conocida como la “capital del spa de los Balcanes”. Allí encontrarás una oferta hotelera espectacular, con establecimientos que cuentan con sus propias aguas termales, y todo ello a precios sorprendentemente bajos si los comparas con otros destinos europeos.
En nuestro caso, pasamos la tarde y la mañana siguiente en el Hotel Arte Spa & Park, un hotel de cinco estrellas con instalaciones termales propias, múltiples piscinas y todo tipo de servicios de spa. Una experiencia de lujo a un precio más que razonable. Si eres de los que disfrutan dándose un capricho de vez en cuando, este es, sin duda, un lugar perfecto para hacerlo.
















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