VELIKO TARNOVO
Volvimos a Veliko Tarnovo a mediodía, justo para almorzar. Si ya has visitado Arbanasi y los monasterios de las afueras, te das cuenta de que la zona turística de la ciudad se recorre rápido porque es pequeñita.
A Veliko Tarnovo se la conoce como la "Ciudad de los Zares", ya que fue el epicentro del Segundo Imperio Búlgaro a finales del siglo XII, cuando los hermanos Asen se rebelaron contra los bizantinos. Antiguamente la ciudad se llamaba solo Tarnovo; lo de "Veliko" (que significa Grande) se añadió en 1965 como homenaje a su importancia en la independencia del país.
Durante los siglos XIII y XIV, la ciudad mandaba en los Balcanes a nivel político y religioso, llegando a rivalizar con la mismísima Constantinopla. De esa época es la famosa Fortaleza de Tsarevets, donde vivían los zares y el patriarca.
Pero a finales del XIV la cosa cambió: tras un asedio de tres meses, la ciudad cayó ante el Imperio Otomano. Fue saqueada, destruyeron o convirtieron sus iglesias y Bulgaria perdió su independencia durante casi 500 años. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que empezaran los primeros conatos de independencia. La ciudad se volvió un foco de resistencia y, tras la liberación, tuvo el honor de ser la primera capital de Bulgaria.
Hoy en día no es solo un sitio turístico imprescindible, sino que tiene mucha vida gracias a su industria y a que es un centro universitario muy importante.
MIRADORES AL ACANTILADO DEL RÍO YANTRA
Si continuamos por la calle, a muy pocos metros se encuentra otro de los lugares que debes visitar en Veliko Tarnovo, el Complejo Etnográfico "Samovodska Charshiya".
COMPLEJO ETNOGRÁFICO SAMOVODSKA CHARSHIYA
El Complejo Etnográfico Samovodska Charshiya, es también conocido como el Viejo Bazar y funciona como un museo al aire libre que preserva la esencia del Renacimiento Nacional Búlgaro.
A mediados del siglo XX, la zona perdió su función comercial original y cayó en el abandono. No fue ya hasta la década de 1980, cuando se llevó a cabo su reconstrucción, recuperándose muchos de los edificios que estaban en ruinas y llenando la zona de tiendas y restaurantes.
En el interior del barrio verás muchas casas construidas durante los siglos XVIII y XIX, que siguen un patrón común; el color blanco atravesado por vigas de madera, con tejados de teja y voladizos que sobresalen hacia la calle. También encontrarás talleres que siguen en funcionamiento, conservando las antiguas tradiciones artesanales búlgaras, como orfebres, alfareros, tejedurías y muchas más.
Hay tres puntos destacados que puedes visitar dentro del complejo:
El Monumento a Stefan Stambolov: Rinde homenaje a uno de los revolucionarios y políticos más importantes de la Bulgaria moderna.
La Casa de Emilian Stanev: Dedicada a este célebre escritor búlgaro.
La Casa del Mono: Una famosa edificación llamada así por una pequeña escultura de un mono en su fachada.
Por lo demás, y por no crear grandes expectativas, no esperes un gran complejo enorme, ni deslumbrante, pero sí es un rincón animado, con muchos comercios, y con mucha animación tanto de turistas como de búlgaros.
FORTALEZA DE TSAREVETS
Tras dejar atrás el encanto de Samovodska Charshiya, nos dirigimos hacia el lugar más emblemático y espectacular de Veliko Tarnovo: la imponente Fortaleza de Tsarevets. Situada sobre la colina homónima, se alza majestuosa rodeada casi por completo por los impresionantes acantilados que dibuja el río Yantra.
Este gran símbolo de la ciudad cuenta con una historia milenaria: estuvo habitado desde el segundo milenio a.C. y vio pasar a romanos, bizantinos y otomanos. Sin embargo, su período de mayor esplendor llegó a finales del siglo XII, durante el Segundo Imperio Búlgaro, cuando Veliko Tarnovo fue nombrada capital. En esta fortaleza, considerada inexpugnable para la época, gobernaron los reyes búlgaros durante más de dos siglos. Pero nada es eterno; a finales del siglo XIV, las tropas otomanas sitiaron el lugar durante meses, terminando por saquearlo y destruirlo casi en su totalidad. Desde entonces, Tsarevets quedó reducida a ruinas hasta que en la década de 1930 comenzaron las excavaciones arqueológicas y su posterior restauración.
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| Fortaleza de Tsarevets |
Para acceder al recinto es necesario adquirir una entrada (cuyo precio ronda los 8 euros) en la caseta situada justo antes del puente de piedra. Este puente, que salva el foso natural excavado por el río Yantra, es la antesala a un viaje en el tiempo. A medida que avanzas, te das cuenta de que Tsarevets no era solo un castillo, sino una auténtica ciudad medieval amurallada que llegó a albergar palacios, iglesias, talleres y viviendas.
Lo primero que llama la atención es el sistema defensivo, compuesto por una sucesión de tres puertas; una de ellas ha sido completamente restaurada y cuenta con un puente levadizo. Una vez dentro, se pueden explorar los restos del antiguo Palacio Real, que en su época dorada albergaba la residencia del monarca, la iglesia palaciega y amplios almacenes.
Coronando lo alto de la colina se encuentra la Iglesia Patriarcal de la Ascensión del Señor. Aunque su exterior fue reconstruido siguiendo fielmente la arquitectura medieval búlgara, su interior esconde una gran sorpresa: unos impactantes murales de estilo modernista que rompen por completo con la estética de las iglesias tradicionales que habrás visitado.
Por último, hay dos rincones cargados de historia que no te puedes perder: la Torre de Balduino, donde según la leyenda murió encarcelado el emperador Balduino I tras ser capturado por el zar Kaloyan en la batalla de Adrianópolis (1205); y la Roca de las Ejecuciones, un espectacular acantilado cortado a pico sobre el río Yantra desde donde, antiguamente, eran empujados los traidores del reino.
CALLE DEL GENERAL GURKO
Volvemos sobre nuestros pasos pero lo hacemos por la calle paralela; una vía estrecha, peatonal y empedrada que serpentea siguiendo el curso del río Yantra. Está repleta de casas tradicionales y es, sin duda, la calle más bonita y con más encanto de Veliko Tarnovo: hablamos de la Calle General Gurko.
El General Gurko, que da nombre a la calle, fue el militar ruso que lideró las tropas que liberaron a Veliko Tarnovo del dominio otomano el 7 de julio de 1877, durante la guerra ruso-turca. Los habitantes de la ciudad lo recibieron en esta misma calle como a un auténtico héroe, por lo que decidieron rebautizarla en su honor.
Pero no todo es de cuento. Aunque encontrarás casas preciosas con sus fachadas blancas, estructuras de madera y balcones de hierro cubiertos de geranios, hiedras y flores, también verás muchas viviendas abandonadas y en muy mal estado. Y es que, a pesar del atractivo turístico de la ciudad, aún quedan muchas cosas por restaurar en Veliko Tarnovo.
Después de pasear por la Calle General Gurko durante un buen rato y tomarnos un café en la terraza del Hotel Gurko, disfrutando de las vistas al acantilado y al Monumento a la Dinastía Asen, nos ponemos en camino para visitar el conjunto escultórico de cerca y contemplar la ciudad desde allí. Hay que decir que el monumento se encuentra en la otra orilla del río, en un punto más bajo que el casco histórico, por lo que se obtiene una perspectiva totalmente distinta de Veliko Tarnovo.

El camino de descenso va de más a menos. Dejamos atrás la bella calle Gurko y nos adentramos en calles que están bastante más dejadas, señal inequívoca de que por aquí ya no pasan tantos turistas. De hecho, pasamos junto al Gran Hotel Veliko Tarnovo, un edificio que sin duda ha pasado por tiempos mejores.
(Aprovecho para hacer un inciso y recomendaros el alojamiento donde nos quedamos nosotros. Si bien está a unos cinco minutos andando del centro, está completamente nuevo y cuenta con todas las comodidades: el Park Hotel Novel, todo un acierto).
Cuando por fin llegamos abajo, tras cruzar un pequeño puente que salva el río Yantra, nos encontramos de frente con el enorme edificio de la Pinacoteca Boris Denev (la galería de arte de la ciudad). Justo a su izquierda, entramos en una gran plaza en cuyo centro se alza el descomunal monumento.
Y es que, si hay una imagen icónica que se te queda grabada en la retina al visitar Veliko Tarnovo, es el Monumento a la Dinastía Asen, una obra de dimensiones colosales que rinde homenaje a los cuatro zares de la dinastía Asen, quienes devolvieron a Bulgaria su gloria medieval tras romper el yugo del Imperio Bizantino.
Hacia el año 1185, Bulgaria llevaba casi dos siglos bajo el dominio bizantino. Fue entonces cuando dos hermanos de la nobleza local, Asen y Peter, lideraron un gran levantamiento popular desde Veliko Tarnovo que logró expulsar a las tropas invasoras. Tras esta victoria, declararon a Veliko Tarnovo como la nueva capital y fundaron el Segundo Imperio Búlgaro. Bajo el mandato de los hermanos, y posteriormente de sus sucesores Kaloyan e Ivan Asen II, Bulgaria vivió su época de mayor esplendor medieval, expandiendo sus fronteras hasta tocar tres mares (el Negro, el Egeo y el Adriático) y convirtiendo la ciudad en un foco cultural y económico de primer orden en Europa.
El monumento que vemos hoy se construyó en 1985 para conmemorar el 800 aniversario de aquella histórica rebelión. En la zona central se alza una gigantesca espada de 33 metros de altura orientada hacia el cielo, que simboliza el poder, la fuerza militar y el auge de la Bulgaria medieval. Alrededor de ella se sitúan las estatuas ecuestres de los cuatro zares Asen. Cada uno está representado de forma distinta en función de su influencia histórica: los hermanos Asen y Peter muestran un aire triunfal por ser los artífices de la independencia; Kaloyan aparece en postura de batalla, reflejando su fama de gran estratega militar; e Ivan Asen II porta un pergamino que simboliza el florecimiento cultural durante su reinado.
Más allá del monumento, que realmente impresiona por su tamaño, os aconsejo deteneros un buen rato a observar las vistas de la ciudad desde la plataforma. Recorrer la panorámica de un extremo a otro, contemplando cómo las casas parecen colgar del acantilado, regala, sin duda, una de las postales más bonitas de Veliko Tarnovo.
Esta fue nuestra última visita en la ciudad. El resto de la tarde la pasamos paseando y descansando, ya que al día siguiente partíamos hacia Lovech. Tocaba cambiar de escenario: ¡las enormes cuevas búlgaras nos estaban esperando!












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