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domingo, 7 de junio de 2026

CUEVA DEVETASHKA, MONASTERIO DE TROYAN, ARCO DE LA LIBERTAD Y KOPRIVISHTITSA

 CUEVA DEVETASHKA, MONASTERIO DE TROYAN, ARCO DE LA LIBERTAD Y KOPRIVISHTITSA

Nuestro último día de viaje promete ser de lo más intenso. El plan de ruta es ambicioso y fascinante: a primera hora pondremos rumbo al norte de Lovech para adentrarnos en una de las cuevas más famosas y espectaculares de Bulgaria.

Tras esta parada subterránea, daremos un giro radical para dirigirnos hacia el sur, directos al monumental Monasterio de Troyan. Desde allí nos tocará desafiar las curvas del paso de Beklemeto, para visitar el Arco de la Libertad, cruzando de esta forma la famosa cordillera de los Balcanes. Una vez en la vertiente sur, tomaremos dirección este hacia Sofía, pero no sin antes hacer una parada obligatoria en el pintoresco y colorido pueblo de Koprivishtitsa, el broche de oro perfecto antes de terminar nuestra aventura en la capital.


 CUEVA DEVETASHKA

La Cueva Devetashka es, sin duda, una de las maravillas naturales más impresionantes de toda Bulgaria. Situada a unos 20 kilómetros de Lovech, es mundialmente famosa por albergar una de las colonias de murciélagos más importantes del continente y por haber sido el escenario de un rodaje de Hollywood que desató una enorme polémica.

Nada más dejar el aparcamiento y recorrer el breve sendero que conduce a la entrada, lo primero que te dejará sin aliento son sus descomunales dimensiones. El acceso ya es bestial de por sí: un arco monumental de 35 metros de alto por otros 35 de ancho. Al cruzarlo, te adentras en una galería gigantesca que alcanza los 60 metros de altura en algunos puntos. Lo más mágico del lugar son los siete enormes "ojos" o aberturas naturales que horadan el techo; a través de ellos se filtran los rayos del sol, iluminando todo el espacio y permitiendo que crezca una vegetación exuberante en el mismísimo corazón de la tierra.

Más allá de su belleza geológica, Devetashka atesora una historia milenaria. Las excavaciones revelan que estuvo habitada de forma continua desde el Paleolítico —hace más de 70.000 años—, sirviendo a lo largo de los siglos como refugio y lugar de abastecimiento para tracios, romanos, búlgaros y otomanos.

Sin embargo, a mediados del siglo XX su uso cambió drásticamente. Durante la época comunista de la Guerra Fría, el ejército búlgaro transformó la cueva en un almacén militar secreto. Aquí se instalaron enormes tanques de combustible y petróleo para las fuerzas armadas y, si te fijas bien durante el paseo, todavía hoy se aprecian las grandes plataformas redondas de hormigón donde se asentaban dichos depósitos.







Al fondo de la galería principal se encuentra una gran área protegida y cerrada al público. El motivo es que este lugar es el santuario de más de 30.000 murciélagos de 15 especies diferentes que habitan en las zonas más profundas y oscuras. Y es aquí donde se desata la famosa controversia del lugar: en el año 2011, las autoridades búlgaras permitieron que se rodara en el interior la película "Los Mercenarios 2", protagonizada por Sylvester Stallone, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Como te puedes imaginar en un filme de este calibre, el rodaje trajo consigo explosiones por doquier, potentes focos de luz, maquinaria pesada y el trasiego constante de cientos de personas. Esto provocó un desastre medioambiental sin precedentes: el estrés y el ruido asustaron tanto a los animales que la población de murciélagos se redujo drásticamente en más de un 75% ese año. Por suerte, hoy en día este tipo de actividades comerciales están completamente prohibidas y la colonia se ha recuperado casi en su totalidad.

A la derecha del recorrido, justo sobre los antiguos vestigios de la zona militar, se puede acceder a otra sección protegida que resguarda a otra importante comunidad de murciélagos. Te recomiendo encarecidamente subir a esta plataforma elevada, ya que desde allí obtendrás una perspectiva brutal que te permitirá dimensionar la verdadera escala y amplitud de la cueva.

La visita a Devetashka te llevará algo más de media hora. Te aconsejo pasear sin prisas, observar cada rincón y, sobre todo, dejarte sorprender por una cueva que rompe por completo con los esquemas de cualquier otra que hayas visitado antes.

MONASTERIO DE TROYAN

Entrada al Monasterio de Troyan

Nuestra siguiente parada del día es el Monasterio de Troyan, situado a unos 60 kilómetros de la Cueva Devetashka. Aunque la distancia no parece demasiada, tardamos casi una hora en llegar debido a que la carretera serpentea adentrándose en la imponente cordillera de los Balcanes. Al llegar, entenderás que el trayecto merece la pena: el complejo parece jugar al escondite, camuflado entre la frondosa vegetación de los montes.


Este monasterio es el tercero más grande de Bulgaria, por detrás de los de Rila y Bachkovo, los cuales ya tuvimos la suerte de visitar en días anteriores. Su distribución te resultará familiar si ya has visto otros templos ortodoxos búlgaros: un hermoso patio central rodeado por edificios residenciales de tres pisos con vigas de madera vista, amplias balconadas rebosantes de flores y los tradicionales tejados de losas de piedra. En el corazón del recinto destaca la Iglesia de la Asunción y una impresionante torre-campanario de cinco pisos erigida en el siglo XIX. Como curiosidad, el complejo alberga también su propio cementerio interior.

          

Una de las grandes razones por las que este monasterio es un lugar de peregrinación tan famoso en el país es por custodiar el icono de la Virgen de las Tres Manos. Cuenta la leyenda que un monje que viajaba desde Grecia hacia Rumanía paró aquí a descansar. Cada vez que intentaba reanudar su marcha, el icono desaparecía misteriosamente de sus pertenencias y volvía a aparecer en el altar, por lo que el monje dedujo que la Virgen había elegido quedarse allí para siempre. Si observas la imagen con atención, verás una tercera mano de plata superpuesta en la parte inferior. Esto hace referencia al milagro de San Juan Damasceno, a quien le cortaron la mano por falsas acusaciones y, tras rezar fervientemente a la Virgen, esta se le volvió a unir milagrosamente al cuerpo.

        

Al entrar en la iglesia nos encontramos con el otro gran tesoro del monasterio: los espectaculares frescos que revisten sus paredes. Su autor, el célebre Zahari Zograf, desafió por completo las rígidas costumbres religiosas de la época e introdujo por primera vez retratos de personas reales (reyes, monjes, nobles) e incluso su propio autorretrato, lo que supuso una auténtica revolución en el arte sacro búlgaro. Además, no dejes de buscar una pequeña gruta en uno de los laterales del templo; te dará acceso a una capilla subterránea que funciona como osario y que te aseguro que te va a sorprender.

La visita al recinto te llevará algo más de una hora, ya que el Monasterio de Troyan atesora infinidad de detalles y regala imágenes imborrables. Si estás planeando una ruta en coche entre Lovech y el sur del país, esta es una parada totalmente imprescindible. Su ubicación estratégica, justo a los pies del puerto de montaña de Beklemeto, lo convierte en el lugar idóneo para hacer un alto en el camino, estirar las piernas y, por qué no, hacerse con una botella de su famosa rakia artesanal de ciruela antes de continuar la aventura.



ARCO DE LA LIBERTAD

Dejamos atrás el Monasterio de Troyan para adentrarnos en un paisaje montañoso espectacular, donde el color del bosque nos deslumbra en cada curva. Esta carretera, que cruza el país de norte a sur, es una auténtica maravilla para los sentidos. A unos 40 kilómetros del monasterio, en el punto más alto del paso de Troyan y en dirección a Koprivishtitsa, emerge uno de los monumentos comunistas más icónicos de Bulgaria: el Arco de la Libertad.

Esta imponente estructura de 35 metros de altura se alza sobre el pico Goraltepe, a casi 1.600 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación estratégica regala unas vistas panorámicas de 360 grados sencillamente impresionantes. Inaugurado en 1981, el monumento conmemora dos momentos clave de la historia búlgara catalogados como "liberaciones": la de 1878, tras la guerra ruso-turca que puso fin a cinco siglos de dominio otomano, y la de 1944, con la llegada del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. Si te fijas bien, ambas fechas están grabadas en el propio hormigón.


Hoy en día, el lugar se mantiene prácticamente intacto a pesar de su aislamiento. Para llegar, tendrás que tomar un desvío bastante bacheado desde la carretera principal. La visita suele ser breve, de apenas unos minutos, ya que el viento y el frío muerden con fuerza en las alturas de este puerto de montaña y no invitan a quedarse mucho tiempo. Eso sí, las espectaculares vistas hacen que cada ráfaga de aire valga la pena.

KOPRIVISHTITSA

Continuando con nuestra ruta prevista, llegamos al mediodía a Koprivshtitsa. Es un pueblo singular, definido por una historia de riqueza extrema, incendios destructivos y un patriotismo feroz que cambió el destino de Bulgaria. Al ser un día laborable, apenas había ajetreo, lo que nos permitió aparcar cómodamente y disfrutar del almuerzo en un restaurante del casco histórico.

Se cree que Koprivshtitsa fue fundada a finales del siglo XIV, cuando familias de ganaderos y nobles, huyendo de las ciudades tras la invasión otomana, se establecieron en este valle escondido. La suerte les sonrió: los otomanos necesitaban grandes cantidades de lana y carne para vestir y alimentar a sus ejércitos, y el pueblo se convirtió en un proveedor clave. Gracias a ello, el Sultán les otorgó el estatus especial de Vojnik. Esta distinción prohibía a los otomanos entrar a caballo o portar armas dentro del pueblo, y concedía a los locales una carga impositiva muchísimo menor.

Esta semi-independencia dentro del Imperio Otomano permitió que los comerciantes de la ciudad acumularan fortunas inmensas durante los siglos siguientes. Para exhibir su opulencia, construyeron mansiones colosales que reflejaban ese éxito cosmopolita. Pero esa misma riqueza fue su perdición. La opulencia atrajo a bandas de bandidos que saquearon la ciudad hasta en tres ocasiones a finales del siglo XVIII y principios del XIX.





No obstante, la tenacidad de sus habitantes fue inquebrantable; reconstruyeron Koprivshtitsa una y otra vez, levantando de nuevo las enormes y preciosas mansiones que hoy podemos admirar.

Pero la historia no termina aquí; queda lo mejor. Koprivshtitsa fue el epicentro de la revolución búlgara en el siglo XIX. El 20 de abril de 1876, el pueblo se sublevó brutalmente contra los otomanos, desencadenando el Levantamiento de Abril que inspiró a las localidades cercanas. La represión otomana fue sangrienta. Sin embargo, este horror se convirtió en un casus belli de facto para Rusia, que declaró la guerra al Imperio Turco, contienda que finalizaría con la independencia de Bulgaria en 1878.

Pero, ¿cómo es que, si la represión fue tan brutal, a Koprivshtitsa no le pasó nada? Una vez más, intervino el dinero. Los comerciantes eran tan poderosos que sobornaron al ejército turco para que no saqueara ni quemara el pueblo, logrando que se mantuviera intacto hasta nuestros días.


¿QUE VER EN KOPROVISHTITSA? Casas-Museo, Puentes Históricos  e Iglesias

Además de pasear por sus calles, lo más interesante es adentrarse en sus casas-museo, que evocan fielmente la vida de sus habitantes a finales del siglo XIX. Las viviendas han sido restauradas de forma excepcional. Si tienes tiempo y deseas visitarlas, te recomiendo comprar un ticket conjunto que permite el acceso a varias de ellas.

Otro de los puntos esenciales es el llamado Puente de la Primera Pistola, un pequeño puente de piedra que se convirtió en el kilómetro cero de la libertad búlgara. Aquí, el 20 de abril de 1876, se disparó el primer tiro del Levantamiento de Abril contra los guardias otomanos, marcando el inicio del camino hacia la independencia del país.

Puente de la Primera Pistola

Volviendo a las casas, aunque el pueblo entero es un museo en sí mismo, repleto de fachadas de vistosos colores y jardines, hay varias que destacaría especialmente:

  • Casa Oslekov (Oslekova Kashta): Perteneció a un rico comerciante de telas. Destaca por su fachada azul brillante apoyada sobre columnas de madera de cedro traídas del Líbano, y por sus interiores barrocos llenos de frescos detallados que muestran las ciudades que el dueño visitó en el extranjero.

Casa Oslekov

  • Casa Todor Kableshkov: Una preciosa mansión de color rojo oscuro. Kableshkov fue el joven revolucionario que provocó el levantamiento en la ciudad contra los turcos. Dentro, alberga una gran colección de armas de la época.

Casa-Museo Todor Kableshkov

  • Casa Lyutov (Lyutova Kashta): Famosa por sus impresionantes techos de madera tallada y una fuente interior que, en su día, bombeaba agua de rosas para refrescar el ambiente.

Casa Lyutov

  • Casa de Dimcho Debelyanov: Debelyanov fue uno de los poetas más queridos de Bulgaria, fallecido en la Primera Guerra Mundial. Su patio alberga una conmovedora estatua de su madre, esperándolo pacientemente sentada en el umbral.

Casa de Dimcho Debelyanov

  • Casa de Lyuben Karavelov: No es una sola vivienda, sino un precioso recinto cerrado que incluye tres edificios construidos entre 1810 y 1860. Al recorrerlos, se nota perfectamente cómo la familia fue prosperando económicamente con los años. En el antiguo edificio agrícola del patio se conserva una de las reliquias más importantes de Bulgaria: una imprenta manual original traída clandestinamente desde Viena. En ella se imprimieron los periódicos revolucionarios que despertaron el espíritu de independencia y, más tarde, la mismísima primera Constitución del país.

Casa de Lyuben Karavelov

Por último, y si el tiempo te lo permite, no debes perderte la Iglesia de la Dormición de la Virgen, que resulta sumamente llamativa por sus paredes exteriores teñidas de un vibrante azul brillante. Sin embargo, lo que más nos cautivó fue su histórico cementerio, donde descansan algunos de los héroes más célebres del pueblo, incluyendo al famoso Todor Kableshkov, el mismo revolucionario que provocó el levantamiento contra los otomanos.

Iglesia de la Dormición de la Virgen

Y aquí termina nuestra inolvidable ruta por Bulgaria. Un itinerario de siete días tan intenso como gratificante, donde hemos descubierto monasterios históricos, cuevas milenarias, tumbas tracias e impresionantes restos romanos. Nos hemos enamorado de localidades con muchísimo encanto, nos hemos sumergido en reparadores baños termales y, por supuesto, hemos disfrutado de una gastronomía espectacular. Una semana ha sido suficiente para confirmar que el este de Europa es una joya por descubrir; un auténtico reducto de la esencia europea, donde la globalización no ha diluido aún la autenticidad y las tradiciones siguen vivas. Si algo hemos aprendido es que este tipo de paraísos son frágiles: no tardes demasiado en ir, porque la esencia que hoy lo hace único podría transformarse muy pronto.

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