QUE VER EN DOS DIAS EN MILAN
Nuestra visita a Milán fue muy breve, de tan solo dos días y medio. Es verdad que un fin de semana largo no da para profundizar en cada rincón, pero sí es tiempo más que suficiente para llevarse una idea muy completa de la ciudad. Para ser sincera, no viajaba con grandes expectativas, pero Milán me sorprendió gratamente.
Y es que el cliché que siempre escuchamos sobre Milán es que no tiene mucho más que ofrecer aparte de su imponente Duomo y la famosa Galleria Vittorio Emanuele II. Sin embargo, la realidad es completamente distinta: la ciudad esconde muchísimo más, desde iglesias monumentales y castillos medievales, hasta pinacotecas únicas y un ambiente exquisito en cada esquina.
En esta entrada intentaré resumir de forma breve todo lo que puedes ver y hacer en Milán en dos días. Aunque sea un tiempo ajustado, incluye lo imprescindible para una escapada perfecta de fin de semana; un itinerario que, te lo aseguro, te dejará con un auténtico buen sabor de boca.
UN POCO DE HISTORIA
Cuando pensamos en Milán, lo primero que nos viene a la mente son las pasarelas de moda, los escaparates de lujo de la Galleria Vittorio Emanuele II y el perfil gótico de su majestuoso Duomo. Es fácil verla como una metrópolis moderna, vibrante y un poco acelerada. Pero si rascas un poco bajo esa superficie brillante de alta costura, descubrirás que Milán es, en realidad, un auténtico viaje en el tiempo.
Su historia comienza hace más de 2.500 años, alrededor del 600 a.C., cuando una tribu celta decidió asentarse en la llanura del río Po. Siglos más tarde llegaron los romanos, quienes supieron ver el tremendo potencial estratégico del lugar y lo rebautizaron como Mediolanum, que significa "tierra en medio de los caminos".
Tras la caída de Roma, Milán sufrió el azote de bárbaros, hunos y lombardos. En medio de aquellos tiempos tan turbulentos, ya en la Edad Media, emergieron las dos grandes familias que ostentarían el control absoluto de la ciudad: los Visconti y los Sforza.
A partir del siglo XVII, Milán se convirtió en una codiciada moneda de cambio entre las grandes potencias europeas, pasando por manos españolas y austríacas hasta la llegada de Napoleón Bonaparte, quien se coronó aquí mismo como Rey de Italia. No fue hasta 1848 cuando la ciudad, tras el heroico levantamiento de las famosas "Cinco Jornadas de Milán", logró liberarse del yugo extranjero, incorporándose unos años más tarde al unificado Reino de Italia.
Hoy en día, Milán es una urbe de vanguardia que combina la historia, la modernidad, sus tradiciones y el estilo como ninguna otra en Italia. Así que... ya solo queda calzarse unas zapatillas cómodas y salir a disfrutarla.
MAPA DE MILAN
PRIMER DIA
Normalmente, cuando se visita Milán un fin de semana, los turistas nos quedamos en los lugares típicos que todos conocemos: el Duomo, la Galería Vittorio Emanuele o el Castillo Sforzesco. Sin embargo, gracias a un amigo amante del arte, diseñamos un recorrido adicional para descubrir las iglesias más bonitas de Milán. Auténticas joyas, algunas de ellas totalmente desconocidas, que merecen una parada obligatoria. No están todas las que son, pero sí las más importantes, y por ahí comenzamos nuestro primer día.
La primera de ellas, muy cerca de nuestro alojamiento, es la gran joya del románico de la ciudad: la Basílica de San Ambrosio.
BASÍLICA DE SAN AMBROSIO: El corazón del románico en Milán
La primera de nuestras visitas la hacemos el mismo día de la llegada. Al quedar muy cerca de donde nos hospedamos, era el punto de partida perfecto. Se trata de la Basílica de San Ambrosio, considerada la obra cumbre del románico lombardo.
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Basílica de San Ambrosio |
Este templo se construyó originalmente en el siglo IV fuera de las murallas romanas, en una zona de cementerios donde se enterraba a los mártires cristianos. De hecho, se concibió para albergar las reliquias de los santos Gervasio y Protasio y, más tarde, las del propio San Ambrosio, cuyos restos aún descansan en la cripta.
Lo primero que llamará tu atención es que cuenta con dos torres de alturas y épocas diferentes. Esto se debe a que la basílica fue compartida por dos órdenes religiosas distintas, y cada una erigió su propia torre:
- A la derecha verás el Campanario de los Monjes (del siglo IX).
- A la izquierda se alza el Campanario de los Canónigos (del siglo XII).
Una vez que cruzas las puertas exteriores, te encuentras con un enorme patio rodeado por un pórtico. Es el llamado Atrio de Ansperto (siglo IX), el lugar donde antiguamente se acogía a los peregrinos. Si te fijas en los laterales del atrio, verás interesantes restos arqueológicos, como lápidas antiguas de monjes y sarcófagos de la época romana.
El interior te traslada de golpe a la Edad Media. Tiene un aspecto completamente medieval, con tres majestuosas naves, techos de bóveda de crucería y galerías elevadas. Cuando entres, no dejes de buscar dos detalles espectaculares: su impresionante altar dorado del siglo IX y el llamado Sarcófago de Estilicón, una pieza de la época romana con relieves esculpidos a la perfección.
Al salir de la basílica, justo en la misma plaza, te toparás con un monumento imponente que suele pasar desapercibido para el turista común: el Templo de la Victoria.
Este edificio es en realidad un enorme monumento funerario y militar. Se inauguró el 4 de noviembre de 1928 para rendir homenaje a los más de 10.000 soldados milaneses que perdieron la vida durante la Primera Guerra Mundial, aunque posteriormente se amplió para albergar también a los caídos de la Segunda Guerra Mundial.
El diseño del edificio esconde varias curiosidades que te pueden pasar desapercibidas. La primera es su forma: un octógono regular. Cada uno de sus ocho lados está orientado matemáticamente hacia las ocho puertas históricas de Milán, simbolizando así los caminos por los que los jóvenes soldados salieron de la ciudad para marchar hacia el frente de batalla. Otra de sus grandes peculiaridades son sus cuatro arcos principales, que representan los cuatro años que duró la guerra para Italia.
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| Templo de la Victoria |
Aunque intentamos visitarlo en un par de ocasiones, nos lo encontramos cerrado. Por lo que pudimos averiguar, su interior solo abre al público en fechas muy señaladas. Si tienes la suerte de encontrarlo abierto, baja a su subterráneo, pues por lo que nos han contado hay una enorme cripta con miles de nombres de soldados grabados en bronce y sobrecogedoras reliquias de la guerra.
IGLESIA DE SAN MAURIZIO AL MONASTERO MAGGIORE: La "Capilla Sixtina" de Milán
Tras pasar por el Templo de la Victoria, llegamos en menos de cinco minutos a la que es, en mi opinión, la iglesia más bonita de Milán con diferencia.
Ojo, porque si no vas exprofeso a buscarla, pasarás por delante sin darte cuenta. Su exterior es de lo más sobrio y discreto, una iglesia más que no llama en absoluto la atención. Sin embargo, cruzar su puerta es una auténtica locura: su interior es simplemente fascinante. No por nada la llaman, con toda la razón del mundo, la Capilla Sixtina de Milán.
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| Iglesia de San Maurizio al Monastero Maggiore |
La Iglesia cuenta con dos salas principales que recorrerás durante tu visita: la Iglesia de los Fieles y la Iglesia de las Monjas.
La sala está presidida en el altar mayor por un majestuoso retablo con la escena de la Adoración de los Reyes Magos. En el resto del espacio destacan los impresionantes frescos religiosos de Bernardino Luini, uno de los discípulos predilectos de Leonardo da Vinci. Otro elemento en el que debes fijarte detenidamente son sus capillas laterales: pertenecían a influyentes familias de la nobleza milanesa, que competían entre sí para engalanar sus espacios con las obras pictóricas de mayor valor.
La segunda parte del recorrido es la Iglesia de las Monjas (Aula delle Monache). Para acceder a ella, deberás cruzar una puerta lateral de altura reducida; un pequeño cambio de espacio que simboliza el paso del mundo terrenal al estricto universo de la clausura.
Particularmente, me fascinó un fresco en una de las paredes laterales que representa el pasaje del Arca de Noé. El nivel de detalle es sencillamente asombroso... Confieso que iba buscando con la mirada la famosa pareja de unicornios que había leído que aparecía retratada. Y es que, en aquella época, ¡todavía se creía firmemente en la existencia real de estos animales mitológicos!

PIAZZA DIL DUOMO
Nuestro primer día en Milán termina con un paseo por la Piazza del Duomo, el corazón palpitante de la ciudad. Aunque cuando la visitamos no lucía en su máximo esplendor —ya que la plaza estaba llena de carpas conmemorativas por los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo—, su majestuosidad sigue siendo innegable.
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| Duomo de Milán |
En la Piazza del Duomo hay dos paradas totalmente imprescindibles: la primera es contemplar su impresionante Catedral, con una de las fachadas más bonitas que verás jamás; la segunda es la célebre Galería Vittorio Emanuele II. Ambos son los grandes iconos turísticos de la ciudad, aunque debo decir que, una vez que conoces a fondo el resto de Milán, puedes llegar a pensar que están un pelín sobrevalorados.
Sin duda, lo que más llama la atención es su deslumbrante fachada, esculpida en mármol rosado de Candoglia, un material traído directamente de los Alpes a través de los canales que aún cruzan la ciudad (y que dan nombre a uno de sus barrios más famosos, el Navigli). De vuelta a la fachada, te dejará sin palabras contemplar sus más de 3.400 estatuas, sus 135 agujas y sus 96 gárgolas... un auténtico exceso arquitectónico. Si quieres acceder a su interior, la entrada cuesta entre 10 y 30 euros, dependiendo de la modalidad de visita que elijas, ya que puedes optar por ver solo la catedral, subir a las terrazas o incluir el museo.
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| Duomo de Milán |
El otro gran elemento a destacar en la plaza es la Galería Vittorio Emanuele II, famosa en todo el mundo no solo por su exquisito diseño arquitectónico, sino también por albergar las tiendas de las marcas de lujo más exclusivas del planeta. Sin embargo, como la visitamos con mayor tranquilidad al día siguiente, entraré en detalle un poco más adelante.

















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