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viernes, 2 de enero de 2026

SAPA Y CAT CAT VILLAGE


SAPA: CAT CAT VILLAGE Y CIUDAD

Nuestro último día en Sapa amaneció igual que el primero: cubierto por una espesa niebla que apenas dejaba ver el otro lado de la acera. Teníamos pensado subir al Fansipan en el teleférico, pero con esa visibilidad temíamos que, una vez arriba, no se viera absolutamente nada. Además, cuando preguntamos en las taquillas no fueron nada optimistas y, teniendo en cuenta que no es una actividad barata, preferimos no arriesgarnos.

Más tarde supimos que habíamos acertado: ese día, en la cima, no se veía nada de nada. Así que sí, seguíamos acumulando “ruinas” en nuestra visita a Sapa…

Cat Cat Viilage

Con todo el día por delante, decidimos apostar por una opción cercana y segura: visitar Cat Cat Village. Sabíamos que era una experiencia bastante turística —ya habíamos leído opiniones al respecto—, pero tampoco teníamos muchas alternativas mejores.


CAT CAT VILLAGE

Llegar a Cat Cat Village desde el centro de Sapa lleva unos 20 minutos caminando. El trayecto es cuesta abajo, así que no se hace pesado; lo complicado viene a la vuelta, cuando toca subir. Para eso, mejor coger un taxi o un Grab.


Cat Cat Village es una aldea tradicional situada muy cerca del centro de Sapa, en el valle de Muong Hoa, a los pies de la cordillera de Hoang Lien Son. Fue fundada en el siglo XIX por familias de la minoría étnica H’Mong, que se asentaron en la zona para cultivar arroz en terrazas. Hoy en día, aunque todavía viven allí algunas familias de esta etnia, el paisaje ha cambiado mucho: apenas quedan terrazas de arroz y abundan las tiendas, los puestos de souvenirs y los rincones pensados para hacerse fotos “instagrameables”.

Nada que ver con el trekking que hicimos el día anterior —mucho más auténtico—. Cat Cat Village es claramente una turistada, pero una de esas en las que puedes entretenerte paseando, comprando artesanía, comiendo algo y haciendo fotos.

La entrada cuesta unos 150.000 VND (aprox. 6,5 €). El recorrido es circular: se entra por un punto y se sale por otro muy cercano a la entrada. Todo el paseo discurre por senderos bien acondicionados, donde encontrarás infinidad de tiendas, casas tradicionales de la etnia H’Mong y algunas viviendas reconvertidas en hostels.


¿Merece la pena?


No quiero demonizar el lugar, todo lo contrario. Habíamos leído opiniones tan negativas que llevábamos las expectativas muy bajas, y quizá por eso nos sorprendió para bien. El sitio es entretenido: han acondicionado espacios para recrear (de forma bastante artificial, eso sí) las costumbres rurales de la etnia, decorando los rincones para que puedas hacerte muchas fotos, lo que hace que el recorrido resulte ameno. Además, para nuestra sorpresa, los souvenirs eran incluso más baratos que en la propia Sapa.


El punto central de Cat Cat Village es la zona del poblado, donde el río desciende formando varias cascadas. Allí hay restaurantes, cafeterías y múltiples lugares donde hacer fotos, incluso disfrazándote con trajes tradicionales. A los turistas chinos y vietnamitas les encanta esta experiencia, y los verás por todas partes vestidos con trajes típicos que alquilan durante el día en las tiendas situadas a la entrada de la aldea.


No olvides llegar al final del recorrido, una vez pasado los puentes de madera, encontrarás los paisajes más bonitos, además de una preciosa cascada.


Entre paseos, fotos y compras, es fácil echar toda la mañana en Cat Cat Village. Mi consejo es no ir con prisas, disfrutar de las curiosidades del lugar y, sobre todo, tener claro qué te vas a encontrar: un sitio que ha perdido gran parte de su autenticidad, pero donde se puede pasar una mañana agradable.






Dejamos Cat Cat Village poco antes de la hora del almuerzo y nos las vimos y nos las deseamos para volver a Sapa. Los Grab no llegan hasta allí con demasiada frecuencia, así que, para no regresar andando, tuvimos que negociar con un taxista que nos dejara en la plaza principal de Sapa.

Ntra Sra del Rosario de Sapa
Allí mismo se encuentra la iglesia católica de Sapa, dedicada a Nuestra Señora del Rosario. Fue construida en piedra a finales de la década de 1930, durante la época de la colonización francesa, cuando Sapa comenzaba a desarrollarse como estación de montaña y lugar de descanso para los colonos europeos que huían del calor de las tierras bajas. El uso de piedra tallada le da un aspecto robusto y sobrio, que contrasta con el entorno montañoso y brumoso de la ciudad.

El edificio sigue un estilo neogótico, con torre campanario, arcos apuntados y muros gruesos, todo ello pensado para resistir el duro clima de la zona, algo que vivimos en primera persona: frío, humedad y niebla constantes. El interior es bastante austero; encontramos a varias monjas rezando y, por lo concurrido del lugar, se percibe que el catolicismo es una religión minoritaria en la región.

Como curiosidad, esta iglesia y la plaza que se abre frente a ella eran antiguamente el escenario de los conocidos “mercados del amor”, donde jóvenes de diferentes etnias acudían para conocerse y socializar. Hoy en día esta costumbre ha desaparecido prácticamente, sin embargo es el lugar donde podrás encontrar un guía para hacer un trekking, en el caso de que no lo hayas planificado... No tienes que hacer nada, ellos se te acercarán y ofrecerán distintas rutas... eso sí, regatea... el precio no suele pasar de los 40 euros con comida.







Después de visitar la iglesia seguimos dando un paseo por la ciudad, en cualquier esquina encuentras a un lugareño con un  puesto vendiendo baratijas o cualquier otro artículo... los Vietnamitas son unos verdades buscavidas, se adaptan a las dificultades, siempre con buena cara y amabilidad...

Sun Plaza
Justo frente a la iglesia de Nuestra Sra del Rosario, se alza Sun Plaza Sapa, uno de los edificios más llamativos y, a la vez, más polémicos del pueblo, pues es criticado al tener un diseño que nada tiene que ver con el lugar. Su fachada de color verde oscuro, con grandes relojes y detalles dorados, recuerda claramente a la arquitectura europea de principios del siglo XX, muy en la línea del estilo que los franceses dejaron en la zona. Fue inaugurado en 2017 por el grupo Sun Group y funciona principalmente como puerta de acceso al teleférico del Fansipan, el pico más alto de Vietnam. Desde aquí se accede al funicular que conecta el centro de Sapa con la estación base del teleférico, por lo que es un punto clave para cualquiera que quiera subir a la cima sin hacer trekking.

En su interior alberga tiendas, cafeterías y restaurantes, además de las taquillas y accesos al tren y al teleférico. Aquí es donde preguntamos por el estado del tiempo en la cima antes de decidirnos a subir o no, cosa que te recomiendo porque el tiempo es muy cambiante en Sapa.

Después volvimos al restaurante en el que habíamos cenado la noche anterior, porque la sopa nos había gustado tanto que pensamos: ¿para qué cambiar?. Hablamos del Restaurante Moment Romantic, situado en la calle Thác Bạc, muy cerca de la plaza de la iglesia. Un lugar con platos ricos y variados, muy bien atendido y a muy buen precio. Totalmente recomendable.

Por la tarde teníamos que salir hacia Lao Cai para coger el tren nocturno que nos llevaría hasta Hanoi, así que aprovechamos las últimas horas en Sapa para hacer algunas compras y entrar en calor. Consejo viajero: comprad aquí la ropa de abrigo y las mochilas, ya que son bastante más baratas que en Hanoi.
Además, Sapa tiene cafeterías muy agradables donde tomarte un café o una cerveza en un ambiente tranquilo. Nosotros estuvimos por la zona del lago de Sapa, un lugar sin pérdida, lleno de bares y restaurantes con muy buen ambiente.

Para ir hasta Lao Cai reservamos un transporte compartido a través de la web 12go.asia. Nos recogieron en una calle cercana al hotel (te envían la localización al móvil) y nos dejaron directamente en la estación de tren de Lao Cai. A partir de ahí, solo quedaba esperar al tren cama y poner rumbo a Hanoi.

El billete del tren también lo compramos en la misma página. Hay varias empresas que comercializan vagones privados enganchados al mismo tren; la diferencia de precio está en si compartes compartimento con cuatro personas o si tienes una cabina privada para ti solo o para dos. Nosotros reservamos una cabina doble y, aunque fue una experiencia curiosa, lo cierto es que las vías en Vietnam están en tan mal estado que el viaje resultó menos cómodo que en el sleeper bus.

Pero bueno, cuando uno viaja, los dolores duelen menos y las molestias se relativizan… y al final, a las 8 de la mañana, estábamos llegando a Hanoi. Aún nos quedaba mucho viaje por delante.










 

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